En el año 79 d. C., cuando el Vesubio comenzó a sepultar Pompeya, sus habitantes tuvieron que tomar decisiones desesperadas. Algunos intentaron escapar con sus pertenencias más valiosas. Otros abandonaron prácticamente todo, sin imaginar que aquellos objetos quedarían enterrados durante casi dos milenios.
Entre las innumerables historias que sobrevivieron bajo la ceniza volcánica, una resulta especialmente intrigante. En una vivienda de la antigua ciudad romana, los arqueólogos encontraron los restos de una caja que guardaba un conjunto de pequeños objetos: amuletos, cristales, figuras humanas, escarabajos y piedras semipreciosas.
No era un tesoro convencional. No había monedas de oro ni grandes joyas imperiales. Sin embargo, algunas de sus piezas parecían tener una finalidad que iba mucho más allá de la decoración. ¿Podría tratarse de los objetos personales de una mujer que practicaba rituales mágicos en la Antigua Roma? Esa fue una de las hipótesis planteadas por los investigadores cuando el descubrimiento salió a la luz en agosto de 2019.
Una caja llena de misterios que sobrevivió a la destrucción de Pompeya

El hallazgo se produjo en la Casa del Jardín, una residencia situada en la Región V del Parque Arqueológico de Pompeya. Las excavaciones permitieron localizar una colección de objetos que había permanecido protegida por los depósitos volcánicos desde la erupción. Según el comunicado oficial publicado por el Parque Arqueológico de Pompeya, el conjunto estaba guardado en una caja de madera cuyas partes orgánicas se habían descompuesto. Sus bisagras de bronce, en cambio, permanecieron conservadas.
El inventario sorprendió a los especialistas: dos pequeños espejos, fragmentos de collares, cuentas de vidrio, ámbar, hueso trabajado, cerámica vidriada y gemas grabadas. También aparecieron símbolos relacionados con la buena fortuna, la fertilidad y la protección contra las desgracias.
Entre las piezas más llamativas había pequeñas figuras humanas, amuletos fálicos y representaciones de divinidades. Una gema de cornalina mostraba la figura de un artesano, mientras que otra pieza de vidrio llevaba grabada la cabeza de Dioniso, asociado al vino y al éxtasis religioso. La combinación despertó una pregunta: ¿estaban los arqueólogos frente a un conjunto de adornos personales o ante los instrumentos de algún tipo de práctica ritual?
Para Massimo Osanna, entonces director del parque arqueológico, la posibilidad de que fueran utilizados en ceremonias merecía especial atención. En declaraciones recogidas por la agencia italiana ANSA, el investigador describió el conjunto como un posible tesoro de una hechicera, aunque reconoció que se trataba de una interpretación provisional.
¿Una hechicera romana o una mujer que buscaba protección contra la mala suerte?
En la sociedad romana, los amuletos formaban parte de las creencias cotidianas. Su utilización no estaba necesariamente relacionada con prácticas clandestinas o con personas dedicadas a la magia.
Los habitantes podían llevar símbolos protectores para alejar enfermedades, atraer prosperidad, favorecer embarazos o defenderse del mal de ojo. Algunos objetos tenían significados religiosos y otros estaban relacionados con tradiciones populares. Por eso, la presencia de amuletos no demuestra que su propietaria fuera una hechicera. También podrían haber pertenecido a una mujer que utilizaba estos símbolos como parte de sus costumbres personales.

Otro detalle alimentó el misterio: ninguno de los objetos del conjunto era de oro. Osanna señaló que esta ausencia resultaba significativa, porque las familias adineradas de Pompeya acostumbraban utilizar el metal precioso como símbolo de posición social. Además, la caja fue encontrada en una habitación de servicio, lejos de los espacios principales de la residencia. Esto llevó a considerar que su propietaria podía haber sido una sirvienta o una mujer esclavizada, en lugar de la dueña de la vivienda.
Tal como explica National Geographic, el valor de estos hallazgos no reside exclusivamente en sus materiales. También permiten comprender las prácticas religiosas y las preocupaciones de quienes vivían en Pompeya antes de la catástrofe.
El tesoro podría representar una combinación de adornos personales y objetos utilizados para buscar seguridad en un mundo donde los peligros cotidianos tenían explicaciones profundamente vinculadas con lo sobrenatural.
Diez víctimas y un tesoro abandonado: la última historia de una casa romana
El lugar del descubrimiento también resultó estremecedor. En la misma vivienda, los investigadores habían localizado los restos de diez personas, entre ellas mujeres y niños, que murieron durante la erupción del Vesubio.
La cercanía de aquellos cuerpos con los objetos recuperados planteó otra posibilidad: quizás la propietaria de la caja se encontraba entre las víctimas. Los especialistas consideraron realizar análisis genéticos para investigar posibles vínculos familiares entre los fallecidos. Sin embargo, el hallazgo por sí solo no permite establecer a quién pertenecían las piezas ni si esa persona murió en la casa.
La Casa del Jardín también adquirió importancia por otra razón. En sus paredes apareció una inscripción que reforzó la hipótesis de que la erupción ocurrió en otoño del año 79 d. C., posiblemente en octubre, y no necesariamente el 24 de agosto, como sostuvo durante mucho tiempo la cronología tradicional.
Casi dos milenios después, el pequeño conjunto de amuletos sigue contando una historia incompleta. No sabemos quién guardó aquellas piezas ni si fueron utilizadas en ceremonias. Lo que sí revela el descubrimiento es una dimensión íntima de Pompeya: la de personas que, además de trabajar y formar familias, buscaban protección frente a un futuro incierto. Y resulta especialmente paradójico que esos objetos, posiblemente destinados a alejar las desgracias, terminaran conservados precisamente por una de las mayores catástrofes de la historia romana.