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Ciencia

Algunas zonas clave de la Antártida podrían haber entrado en una fase irreversible de deshielo. Por qué este matiz cambia el debate climático

No se trata solo de cuánto suba la temperatura, sino de cómo reaccionan regiones concretas del hielo antártico. En ciertos puntos, cruzar un umbral podría activar pérdidas de hielo difíciles de frenar en escalas de tiempo humanas.
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Durante años hemos hablado del deshielo de la Antártida como si fuera un proceso más o menos homogéneo: el planeta se calienta, el hielo retrocede y el nivel del mar sube. La realidad que empieza a dibujar la ciencia es bastante más inquietante. El continente blanco no se comporta como una sola masa sólida, sino como un mosaico de sistemas con umbrales propios. Y algunos de esos sistemas podrían haber entrado ya en una fase de inestabilidad difícil de revertir.

La diferencia no es un matiz técnico. Cambia por completo cómo entendemos el riesgo climático.

No un colapso, sino varios posibles colapsos

Los modelos climáticos más recientes sugieren que el manto de hielo antártico funciona como un conjunto de “sub-sistemas” interconectados. Cada gran cuenca de drenaje —las regiones por donde el hielo fluye hacia el océano— responde de manera distinta al aumento de temperatura. En algunas, el retroceso es lento y más o menos proporcional al calentamiento. En otras, cruzar cierto umbral activa un proceso de pérdida de hielo que se acelera por sí mismo.

Esto introduce un concepto incómodo: el de la irreversibilidad. Una vez superado ese límite, enfriar el planeta no bastaría para que el hielo vuelva a su estado anterior en escalas de tiempo humanas. El sistema entra en lo que los científicos llaman “histéresis”, según el estudio publicado en Nature Climate Change: la ruta de vuelta no es la misma que la de ida.

Las regiones más frágiles del continente

Algunas zonas clave de la Antártida podrían haber entrado en una fase irreversible de deshielo. Por qué este matiz cambia el debate climático
© Pexels / Rino Adamo.

No todas las zonas de la Antártida están igual de expuestas. La Antártida Occidental aparece de forma recurrente como uno de los puntos más vulnerables. Allí, algunos glaciares actúan como “tapones” que frenan el flujo de enormes masas de hielo hacia el mar. Si esos tapones se debilitan lo suficiente, el sistema completo puede desestabilizarse.

La Antártida Oriental, que durante años se consideró relativamente estable, tampoco es inmune. Aunque sus umbrales críticos parecen situarse en rangos de calentamiento más altos, su potencial de contribución al nivel del mar es mucho mayor. En otras palabras: es menos probable que colapse pronto, pero si lo hace, el impacto sería enorme.

Qué significa “no retorno” en términos reales

Hablar de puntos de no retorno no implica que el nivel del mar suba varios metros de un año para otro. Los procesos de deshielo masivo se despliegan a lo largo de décadas o siglos. El problema es que, una vez activados, ya no dependen directamente de nuestras emisiones inmediatas. El sistema sigue “rodando cuesta abajo” incluso si el forzamiento climático se reduce después.

Esto complica la narrativa política del clima, que a menudo se apoya en la idea de que siempre hay margen para corregir el rumbo. En el caso de ciertos sectores de la Antártida, ese margen podría haberse estrechado mucho más de lo que nos gustaría admitir.

La Antártida como pieza clave del rompecabezas climático

Algunas zonas clave de la Antártida podrían haber entrado en una fase irreversible de deshielo. Por qué este matiz cambia el debate climático
© NASA/GSFC/OIB.

El hielo antártico no solo importa por el nivel del mar. Su estabilidad influye en la circulación oceánica, en la distribución del calor en los océanos y, en última instancia, en patrones climáticos globales. Cambios grandes en esta región pueden tener efectos en cascada que se manifiestan lejos del continente blanco.

Mirar a la Antártida como un conjunto de sistemas con puntos críticos distintos obliga a afinar las estrategias de adaptación. No se trata solo de proyectar cuántos centímetros subirá el mar en promedio, sino de entender qué regiones del planeta estarán expuestas a cambios más rápidos si ciertas cuencas entran en fases de colapso acelerado.

Un cambio de perspectiva incómodo

Quizá el mensaje más duro de estos estudios no sea que “todo está perdido”, sino que el tiempo y la reversibilidad no son infinitos. El calentamiento global no empuja a todos los sistemas de la Tierra de forma gradual y uniforme. Algunos responden de manera abrupta cuando se cruzan ciertos umbrales, y la Antártida parece ser uno de esos lugares donde la física del sistema impone límites que la política todavía no ha terminado de asumir.

La pregunta ya no es solo cuánto podemos frenar el deshielo, sino cuántas de esas puertas críticas hemos cruzado sin darnos cuenta.

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