Salir a bolsa suele significar abrir una empresa a nuevos inversores y compartir con ellos una parte del poder de decisión. Sin embargo, Anthropic está preparando algo diferente. La compañía creadora de Claude quiere captar capital en Wall Street sin permitir que sus futuros accionistas controlen las decisiones fundamentales sobre su negocio y el desarrollo de su inteligencia artificial. Su solución parece sacada de una paradoja financiera: una única acción tendrá el 50,1% de los derechos de voto de la empresa, independientemente de cuántas acciones convencionales estén repartidas entre los inversores.
El mecanismo aparece detallado en la documentación que Anthropic presentó ante la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC) el 26 de octubre. La compañía planea cotizar en Nasdaq bajo el símbolo ANT, aunque todavía no ha fijado el precio definitivo de sus acciones ni la cantidad que ofrecerá al público. La estructura está diseñada para que Dario Amodei, su hermana Daniela y otros cinco cofundadores puedan conservar una influencia decisiva incluso después de reducir sus participaciones económicas.
Una sola acción permitirá controlar el 50,1% de los votos de Anthropic

La estrategia gira alrededor de una sociedad llamada Anthropic Founders LLC. Esta entidad agrupará inicialmente a siete fundadores: Dario Amodei, Daniela Amodei, Tom Brown, Jack Clark, Jared Kaplan, Sam McCandlish y Christopher Olah.
Justo antes de completar la oferta pública, Anthropic emitirá una única acción de clase F, que quedará en manos de esta sociedad. No será una acción convencional. Aunque no otorgará derechos económicos, como dividendos, concentrará el 50,1% de los votos en la mayoría de las decisiones sometidas a los accionistas.
La distinción es importante porque poseer acciones no siempre significa tener una influencia proporcional en la dirección de una compañía. En el caso de Anthropic, los futuros inversores podrán adquirir títulos y beneficiarse económicamente de su evolución, pero tendrán una capacidad limitada para modificar determinadas decisiones si los fundadores mantienen una posición conjunta.
El sistema también contempla acciones especiales de clase E para empleados, con derechos de voto restringidos a asuntos concretos. Además, Anthropic conservará su Long-Term Benefit Trust, un organismo independiente que podrá designar a la mayoría del consejo de administración. Este mecanismo busca supervisar el cumplimiento de los objetivos de beneficio público de la empresa.
La razón de fondo: evitar que Wall Street determine el futuro de Claude
La compañía nació en 2021 después de que sus fundadores abandonaran OpenAI. Desde entonces, ha defendido que el desarrollo de sistemas avanzados de inteligencia artificial debe contemplar riesgos sociales y de seguridad, incluso cuando determinadas decisiones puedan afectar a sus resultados económicos. Esta filosofía está reflejada en su condición de Public Benefit Corporation (PBC), una figura jurídica que exige a sus administradores equilibrar los intereses económicos de los accionistas con los de otras personas afectadas por la actividad empresarial y el propósito de beneficio público declarado.

El problema es que una empresa cotizada también debe responder a inversores que esperan obtener beneficios. En su documentación presentada ante la SEC, Anthropic reconoce que esta estructura limitará considerablemente la influencia de los accionistas ordinarios y podría generar conflictos entre los objetivos comerciales y su compromiso declarado con la seguridad de la IA. Existe, además, una particularidad: el poder de los fundadores no depende exclusivamente de conservar una gran participación económica. El sistema contempla mecanismos para mantener el control colectivo mientras se cumplan determinadas condiciones de elegibilidad. Esto encaja con el compromiso expresado por los cofundadores de destinar una parte importante de su patrimonio a iniciativas benéficas.
Un blindaje que protege a los fundadores, pero también plantea riesgos
La estrategia recuerda a otras empresas tecnológicas cuyos fundadores mantuvieron un control desproporcionado después de salir a bolsa, como Meta o Palantir. Sin embargo, Anthropic introduce una diferencia: el poder de voto no estará concentrado en una sola persona, sino en una sociedad que reúne a siete fundadores. Además, el organismo independiente Long-Term Benefit Trust conservará atribuciones específicas sobre el consejo de administración.
El sistema puede ayudar a proteger la visión original de la compañía frente a presiones financieras de corto plazo, pero también implica riesgos de gobernanza. Los accionistas podrían tener dificultades para exigir cambios estratégicos, sustituir a determinados responsables o influir en decisiones que consideren perjudiciales. Y disponer de una mayoría de votos tampoco garantiza que todas las decisiones de Anthropic sean seguras o beneficiosas. Eso dependerá de cómo actúen sus responsables y de la eficacia de sus mecanismos de supervisión.
La próxima salida a bolsa pondrá a prueba precisamente ese equilibrio. Los inversores tendrán que decidir si están dispuestos a financiar una de las grandes compañías de inteligencia artificial del mundo aceptando que su capacidad de control será muy limitada. Anthropic quiere el capital de Wall Street, pero no necesariamente su poder. Y para conseguirlo ha diseñado una estructura en la que una sola acción puede valer más, en términos de voto, que millones de títulos convencionales.