En medio del océano Pacífico, una pequeña isla de Fiyi enfrenta una amenaza que podría transformar para siempre la vida de sus habitantes. El aumento del nivel del mar, la erosión costera y los ciclones están poniendo en peligro viviendas, cultivos y terrenos que han pertenecido a las mismas familias durante generaciones.
Se trata de Serua, una diminuta isla rodeada de arrecifes de coral donde sus habitantes se resisten a abandonar sus hogares, a pesar de que las olas ya alcanzan algunas viviendas.
Mientras las autoridades y organizaciones humanitarias advierten sobre los riesgos, la comunidad eligió una alternativa: reforzar las construcciones y mejorar las defensas costeras para continuar viviendo en su territorio ancestral.
Una isla paradisíaca que está perdiendo terreno frente al océano
Desde la costa principal de Fiyi, Serua parece un pequeño paraíso tropical. Dos colinas cubiertas de palmeras rodean una zona central baja, mientras el mar y los arrecifes de coral completan el paisaje.
Sin embargo, la situación cambia al llegar a la isla.
El agua ya supera en determinadas ocasiones el muro de contención que protege al pueblo, especialmente durante las mareas más intensas y los fenómenos meteorológicos extremos.
La erosión costera también provocó daños importantes. En el extremo oriental todavía permanecen los pilares donde anteriormente existían viviendas y un hospital, mientras que otras casas tuvieron que trasladarse por la pérdida de terreno.
Los ciclones representan otra amenaza constante para las construcciones y los cultivos.
Por qué sus habitantes se niegan a abandonar sus hogares
Para los residentes de Serua, trasladarse a otro territorio no significa únicamente cambiar de vivienda.
La isla representa su historia, sus tradiciones y una forma de vida vinculada al océano y a la pesca.
Avenai Ranuku, uno de sus habitantes, recuerda el impacto del ciclón Winston, que azotó Fiyi en 2016 con una intensidad de categoría cinco. Durante aquella emergencia, los residentes buscaron refugio en una de las zonas elevadas de la isla mientras las olas golpeaban las viviendas.
A pesar de esa experiencia, la comunidad mantiene su decisión de permanecer.
El vínculo cultural y emocional con el territorio es uno de los principales motivos por los que sus habitantes rechazan la reubicación.

Solo tres viviendas podrían resistir un ciclón intenso
En 2025, la comunidad trabajó junto con la organización Habitat for Humanity para desarrollar un plan de reducción del riesgo de desastres.
Los resultados de la evaluación revelaron una situación preocupante. Aproximadamente el 20% de las viviendas se encontraba en condiciones críticas y solo tres casas presentaban la resistencia necesaria para soportar un ciclón.
Además, más de la mitad de las construcciones tenía problemas estructurales, incluyendo cimientos inestables, techos débiles y conexiones deficientes entre sus componentes.
El informe también identificó problemas de salinización del suelo, inundaciones y acumulación de agua después de las lluvias.
La estrategia para evitar que el mar destruya sus viviendas
En lugar de abandonar la isla, los habitantes comenzaron a desarrollar obras para reducir su vulnerabilidad. Durante octubre de 2026, numerosos trabajadores participaron en tareas de renovación de viviendas ubicadas junto a la costa.
Las intervenciones incluyen el reemplazo de paredes deterioradas, el refuerzo de cubiertas y la elevación de algunas casas para disminuir el riesgo de inundación.
También se proyectan mejoras en el acceso a Serua.
Actualmente, durante la marea baja es posible recorrer a pie unos 750 metros desde la costa principal. Sin embargo, cuando sube el agua, el traslado debe realizarse en embarcaciones. Las autoridades locales también enfrentan el desafío de mejorar las condiciones de desembarco y evacuación.
El cambio climático pone en riesgo a las comunidades del Pacífico
La situación de Serua refleja uno de los mayores desafíos que enfrentan numerosas comunidades insulares. El aumento del nivel del mar, combinado con las mareas extremas y los ciclones, incrementa la exposición de las viviendas y las infraestructuras costeras.
Aunque reforzar las construcciones puede reducir determinados riesgos, estas medidas no garantizan que la isla permanezca habitable indefinidamente.
El caso también plantea una cuestión fundamental: cómo proteger a las comunidades frente al cambio climático sin obligarlas a perder su identidad cultural y territorial. Mientras el océano continúa avanzando, los habitantes de Serua apuestan por adaptarse y defender el lugar donde crecieron, convencidos de que abandonar su isla debería ser la última alternativa.