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Ciencia

En Argentina su especie está casi amenazada, pero en un oasis artificial de Dubái hay hasta 200 maras patagónicas. Nadie sabe cómo llegaron

Estos roedores de patas largas aparecieron en el desierto en 2020 y parecen reproducirse. Su caso muestra los riesgos del comercio de animales exóticos
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A unos 40 kilómetros del centro de Dubái, en medio del desierto, se encuentran los lagos de Al Qudra, un oasis artificial rodeado de árboles plantados, césped y estanques. Desde 2020, quienes recorren la zona se cruzan con un animal que no tiene nada que hacer en la península arábiga: un roedor de patas largas, orejas grandes y aspecto de liebre, originario de la Patagonia argentina.

Se trata de la mara patagónica (Dolichotis patagonum). Según una investigación de la agencia AP publicada en noviembre de 2024, en la zona y en la cercana reserva de conservación del desierto de Al Marmoom podrían vivir hasta 200 ejemplares. Los periodistas observaron varios grupos, incluida una hembra amamantando a una cría, una señal de que la población se reproduce en libertad. La cifra, de todos modos, es una estimación y no un censo oficial.

Un roedor muy particular

Mara Patagonica Joven
© Por Jastrow – Trabajo propio, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1335390

La mara es uno de los roedores más grandes del mundo y pariente del carpincho. Mide unos 70 centímetros de largo y puede pesar entre 8 y 16 kilos. Sus patas largas y sus pies con forma de pezuña le permiten correr de forma parecida a un ciervo o un antílope.

Su comportamiento también es inusual para un roedor. Las parejas son monógamas y permanecen juntas toda la vida. Además, practican una forma de crianza comunitaria: varias parejas comparten madrigueras donde dejan a sus crías, que se agrupan en una especie de guardería. Las crías que crecen en grupos más grandes tienen mayores probabilidades de sobrevivir.

En su hábitat natural, la mara vive solo en Argentina, en zonas abiertas y semiáridas con arbustos, desde el centro del país hasta la Patagonia. Allí su situación no es buena: la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza la clasifica como casi amenazada, por la caza y la transformación de su hábitat. Ya desapareció de algunas regiones, como la provincia de Buenos Aires.

Un misterio sin resolver

Nadie sabe con certeza cómo llegaron las maras a Dubái. Las primeras observaciones públicas se registraron en 2020 en el boletín del Grupo de Historia Natural de Dubái, y también hubo avistamientos en la isla de Saadiyat, cerca de Abu Dabi.

La hipótesis más aceptada es que escaparon de algún lugar donde se las tenía en cautiverio. Jacky Judas, especialista en mamíferos de Emiratos Árabes Unidos, escribió que la especie sin duda salió del cautiverio, ya que es muy común en zoológicos. De hecho, el Dubai Safari Park tiene maras en su sección infantil. También se baraja que hayan escapado de alguna de las granjas privadas de la zona, donde no es raro que se mantengan animales exóticos. Las autoridades ambientales de Emiratos no respondieron a las consultas sobre el tema.

Por qué pueden sobrevivir allí

Desierto Dubai
© Damir Babacic – Unsplash

A primera vista, un desierto con temperaturas de 45 °C en verano no parece el lugar ideal para un animal de la estepa patagónica. Según Judas, la especie no está adaptada a vivir en ambientes áridos. Pero Al Qudra no es un desierto común: sus plantaciones de árboles, el césped y los estanques artificiales crean un ambiente modificado donde las maras encuentran alimento y agua.

Además, en Dubái no están los depredadores naturales que las cazan en Argentina, como el puma. En la zona hay zorros rojos de Arabia, que podrían atacar a las crías, pero la presión es mucho menor.

¿Una nueva especie invasora?

Por ahora, no hay evidencia de que las maras estén causando daños en Dubái. Son herbívoras y no representan un peligro para las personas. Pero los especialistas en especies invasoras suelen advertir que muchos problemas ecológicos comienzan así: con unos pocos animales que escapan, se adaptan y se multiplican antes de que nadie tome medidas.

El caso de Dubái tampoco es único. En 2024 apareció una mara suelta en Colorado, Estados Unidos, y ese mismo año otra fue hallada en el maletero de un auto en un presunto intento de contrabando entre Grecia y Turquía. Son señales de un comercio de animales exóticos que mueve especies por todo el planeta. La paradoja es clara: mientras la mara pierde terreno en su Patagonia natal, ha encontrado un refugio inesperado en uno de los lugares más calurosos y secos del mundo.

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