El 13 de abril de 2029, Apophis protagonizará uno de esos encuentros que parecen escritos para la ciencia ficción, pero pertenecen por completo a la mecánica celeste. Según la NASA, el asteroide pasará de forma segura a unos 32.000 kilómetros de la superficie terrestre, más cerca que muchos satélites en órbita geoestacionaria. No hay riesgo de impacto durante al menos un siglo, pero el sobrevuelo será una oportunidad extraordinaria para estudiar un objeto de este tamaño desde una distancia insólita.
La ESA quiere estar allí antes de que ocurra. Su misión Ramses viajará hasta Apophis para acompañarlo durante el encuentro con la Tierra y observar cómo la gravedad de nuestro planeta deforma, sacude o modifica al asteroide. Según explica la propia Agencia Espacial Europea, Ramses realizará un estudio “antes y después” de su forma, superficie, órbita, rotación y estructura interna, datos clave para entender cómo respondería un asteroide si algún día hubiera que desviarlo.
Ahora esa misión acaba de sumar una pieza española: Don Quijote.
Un CubeSat español para posarse en un asteroide

De acuerdo con la ESA, la agencia ha contratado a la empresa española EMXYS para construir el primer CubeSat diseñado para operar en la superficie de un asteroide. Don Quijote será una nave del tamaño aproximado de una caja de zapatos y se desplegará desde Ramses cuando la misión llegue a las inmediaciones de Apophis.
La empresa, con sede en Elche, ya había participado en Hera, otra misión de defensa planetaria de la ESA, aportando un gravímetro para el CubeSat Juventas. Pero Don Quijote supone un salto mucho más arriesgado: no se trata solo de sobrevolar un asteroide, sino de descender de forma autónoma sobre una superficie desconocida, sobrevivir allí y enviar datos científicos a la nave nodriza.
José A. Carrasco, CEO de EMXYS, lo explicó en el comunicado de la ESA con una comparación clara: la compañía ya había desarrollado plataformas CubeSat para órbita terrestre baja, pero ahora deberá operar en espacio profundo y aterrizar sobre un terreno extraño, con muy poca gravedad y sin posibilidad de control humano continuo.
El experimento lo hará la propia Tierra
Apophis mide unos 375 metros de diámetro, aproximadamente el tamaño de un crucero. La ESA recuerda que es extremadamente raro que un asteroide tan grande pase tan cerca de nuestro planeta. Esa cercanía convierte el encuentro de 2029 en una especie de experimento natural: la gravedad terrestre podría generar deformaciones, deslizamientos o incluso “terremotos” en el asteroide.
Ahí entra Don Quijote. El CubeSat llevará tres instrumentos científicos. El gravímetro GRASS, desarrollado por el Real Observatorio de Bélgica junto con EMXYS, medirá el diminuto campo gravitatorio de Apophis. El instrumento MARIE, fabricado por la Universidad Técnica de Braunschweig dentro del programa espacial alemán, estudiará si el asteroide tiene campo magnético y cómo cambia al interactuar con la magnetosfera terrestre. Y el sismómetro SIA, del centro aeroespacial francés ISAE-SUPAERO, buscará realizar las primeras mediciones sísmicas directamente sobre un asteroide.
La idea es sencilla de explicar y difícilísima de ejecutar: poner sensores sobre Apophis justo cuando la Tierra lo someta a fuerzas de marea. Si algo se mueve, cruje o se reorganiza en su interior, Don Quijote debería estar allí para medirlo.
Aterrizar, rebotar y seguir funcionando

El descenso será uno de los momentos más delicados. Francesca Ingiosi, responsable de los CubeSats de Ramses, señala en la nota de la ESA que Don Quijote no podrá depender de una supervisión humana constante. Tendrá que encontrar por sí mismo un lugar seguro mediante seguimiento de características del terreno y ejecutar el aterrizaje de forma autónoma.
En Apophis, además, aterrizar no significa exactamente lo mismo que en la Tierra o Marte. La gravedad es tan baja que el CubeSat podría rebotar al tocar la superficie. Por eso está diseñado para operar desde cualquier orientación. Incluso existe un riesgo menos cinematográfico, pero igual de preocupante: que el terreno sea tan blando que la nave se hunda parcialmente.
El propio diseño interno es un rompecabezas. Francisco García de Quirós, director tecnológico de EMXYS, explica que la nave debe integrar instrumentos, electrónica, baterías, enlaces de comunicación y ocho propulsores en un volumen menor que un cajón de escritorio, manteniendo además el centro de masas bien controlado para que el descenso funcione.
Una misión contra reloj
Ramses tiene muy poco margen. Según la ESA, la misión debe lanzarse en abril de 2028 para llegar a Apophis en febrero de 2029, dos meses antes del sobrevuelo. Para cumplir ese calendario, reutilizará elementos de diseño de Hera, la misión europea que estudiará Dimorphos tras el impacto de DART.
Ramses llevará dos CubeSats. El otro será Farinella, desarrollado por la italiana Tyvak International, con un radar de penetración y un analizador de polvo. Don Quijote asumirá la parte más arriesgada: aproximarse, intentar posarse y trabajar desde la superficie.
La misión no va porque Apophis sea una amenaza inmediata. Va porque no todos los días un asteroide grande se acerca tanto como para que la Tierra haga parte del experimento gratis. Si Ramses y Don Quijote consiguen medir cómo cambia durante el encuentro, la defensa planetaria ganará algo más valioso que una fotografía espectacular: datos reales sobre cómo responde un asteroide cuando una fuerza externa lo perturba.
Y ahí está el encanto del nombre. Don Quijote no luchará contra gigantes imaginarios, sino contra uno muy real: un bloque de roca de 375 metros pasando junto a la Tierra. Esta vez, la lanza será un CubeSat español, y el molino estará a 32.000 kilómetros sobre nuestras cabezas.