Durante más de mil años, cuatro personas permanecieron envueltas en tejidos, protegidas del paso del tiempo y de quienes buscaron tesoros bajo el suelo de Perú. Cuando los arqueólogos encontraron sus restos, su conservación ya era una sorpresa. Sin embargo, había otro detalle que acabaría planteando una pregunta mucho mayor: ¿por qué las habían enterrado allí?
El descubrimiento ocurrió en 2022, durante las excavaciones en Huaca del Loro, un yacimiento de la costa sur peruana. Entre los investigadores estaba Corina Kellner, profesora de antropología biológica de la Universidad del Norte de Arizona, cuyo equipo estudia las relaciones entre los antiguos habitantes de la región.
Las momias, asociadas a la cultura nazca, estaban sentadas, con las rodillas recogidas contra el pecho y las manos cerca del rostro. Esa postura era habitual en numerosos enterramientos del antiguo Perú. Lo extraordinario era que se encontraban junto a un templo wari, fuera del cementerio donde habían sido sepultadas otras personas.
La diferencia puede parecer pequeña. Pero para los investigadores podría ser una pista sobre cómo un poderoso imperio extendió su influencia y qué papel tuvieron las comunidades locales en ese proceso.
Una tumba que escapó al saqueo y conservó una pista inesperada
Encontrar un contexto funerario intacto tiene un valor especial en Perú. Durante siglos, miles de piezas de su patrimonio terminaron fuera del país. El expolio atravesó distintas épocas, desde la conquista europea hasta las redes de tráfico de bienes culturales, con participación de saqueadores locales.
Estos últimos suelen ser conocidos como huaqueros, un término vinculado a la excavación clandestina de lugares arqueológicos. Cada tumba alterada puede borrar información sobre las personas enterradas y las sociedades que las rodeaban.
En Huaca del Loro, en cambio, los investigadores pudieron estudiar los restos junto con su entorno. Y ese contexto complicó una interpretación habitual: que los wari habían sometido a los nazca principalmente mediante la violencia.
El Imperio wari extendió su influencia desde la región de Ayacucho hacia otras zonas de los Andes y la costa, aproximadamente entre los años 600 y 1100. Su arquitectura monumental y sus representaciones de guerreros reflejan el poder que llegó a alcanzar.

Huaca del Loro también presenta rasgos característicos de esa presencia imperial, incluidos templos con planta en forma de D. En una presentación ante el Instituto de Estudios Andinos, el equipo planteó que el asentamiento probablemente fue una sede del poder administrativo wari en territorio nazca.
Pero las cuatro momias introducen un matiz: las comunidades locales quizá tuvieron una relación con ese poder más compleja de lo que se suponía.
Las ofrendas sugieren una relación que todavía falta descifrar
El espacio funerario contenía alimentos locales, cerámicas de tradición nazca y wari, además de sacrificios de camélidos. Esa combinación llevó a los investigadores a considerar que los enterramientos podían tener un significado relacionado con los vínculos entre ambas sociedades.
Según la explicación difundida por la universidad, Kellner contempla la posibilidad de que existiera una relación previa y que los nazca hubieran apoyado la presencia wari. Se trata de una hipótesis que deberá contrastarse, no de una demostración de que la expansión del imperio fue pacífica.
La ubicación junto al templo y la mezcla de elementos funerarios ofrecen indicios. Para entenderlos mejor, hace falta conocer más sobre las propias personas: de dónde procedían, qué comían y si tenían vínculos entre ellas.
Los primeros estudios incluyeron radiografías, interpretadas con ayuda de especialistas médicos. Posteriormente, con autorización del Ministerio de Cultura peruano y colaboración de investigadores locales, se realizaron tomografías y se tomaron muestras de ADN. Las momias se conservan en el Museo Nacional de Ica.
El trabajo continuará con análisis isotópicos en el laboratorio de paleodieta de la universidad. Estas pruebas pueden aportar información sobre alimentación y movilidad, y ayudar a reconstruir las conexiones entre quienes vivían en el asentamiento.
Todavía quedan preguntas abiertas sobre la identidad y el papel de los cuatro individuos. Sin embargo, su hallazgo ya obliga a mirar con más atención una historia que suele contarse en términos de conquista y resistencia. Junto a un antiguo templo peruano, cuatro enterramientos intactos podrían conservar las huellas de una relación en la que también hubo cooperación.