En 1968 se estrenaba en los cines la epopeya espacial de Stanley Kubrick 2001: A Space Odyssey. El guión de la monumental obra del director estaría firmado por él mismo y por Arthur C. Clarke. Una colaboración que comenzaría un 31 de marzo de 1964, con una reveladora carta donde Kubrick da inicio a su odisea espacial.

El film estaría producido por el propio Kubrick para la Metro-Goldwyn-Mayer (con Victor Lyndon como productor asociado) y ese guión (semi)adaptado se basaba en la novela corta que Clarke (El Centinela) había escrito en 1948 y que originalmente fue publicada en la revista 10 historias de Fantasía (1951).

Pero como toda gran obra, hubo un principio, un primer acercamiento y encuentro con el que se daría luz verde a uno de los proyectos cinematográficos más importantes de la historia del cine. A finales de marzo de 1964, casi dos meses después del lanzamiento de la sátira Dr. Strangelove, el director ya estaba pensando en nuevos proyecto. Ese 31 de marzo de 1964 Kubrick le escribe la siguiente carta a Clarke donde le propone una colaboración:

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Foto: Arthur C. Clarke y Stanley Kubrick. Getty Images

Estimado Sr. Clarke:

Es una interesante coincidencia que nuestro amigo mutuo Caras lo haya mencionado durante una conversación sobre el telescopio Questar. Durante mucho tiempo he sido gran admirador de sus libros y había querido discutir con usted la posibilidad de hacer una excelente y proverbial película de ciencia ficción.

En particular estoy interesado en los siguientes temas generales, partiendo naturalmente de un personaje y una gran trama:

1. Las razones que nos llevan a creer que existe vida inteligente extraterrestre.

2. El impacto (o quizás la falta del mismo en algunas facetas) que ese descubrimiento tendría en la Tierra en un futuro cercano.

3. Una sonda espacial con aterrizaje y exploración en la Luna y Marte.

Roger me ha comentado que est√° planeando viajar a Nueva York este verano. ¬ŅDispone de horario flexible? De no ser as√≠, ¬Ņpodr√≠a considerar la posibilidad de viajar lo m√°s pronto posible para una reuni√≥n que tendr√≠a como objetivo determinar una idea lo suficientemente interesante para ambos y as√≠ colaborar en un gui√≥n?

Aprovecho para comentarle que Sky & Telescope anuncia varios modelos de telescopios. Si uno tiene el espacio necesario para un tama√Īo medio en el pedestal, por ejemplo del tama√Īo de un tr√≠pode de c√°mara, ¬Ņexiste alg√ļn modelo en particular para este tama√Īo al igual que existe para el Questar en el √°mbito de peque√Īos telescopios port√°tiles?

Saludos cordiales,

Stanley Kubrick

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La respuesta de Clarke a la carta de Kubrick fue inmediatamente entusiasta, expresando también su admiración hacia la figura del director y su trabajo. Clarke le escribiría el 8 de abril respondiéndole lo siguiente:

Por mi parte, estoy absolutamente entusiasmado y deseando ver Dr. Strangelove; Lolita es una de las pocas películas que he visto dos veces, la primera vez para disfrutarla y la segunda vez para analizar cómo se hizo.

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El resto forma parte de la historia. Ambos se conocieron al poco tiempo, el 22 de abril en el Hotel Plaza de Nueva York, una charla que la biograf√≠a de Kubrick recoge como larga y extensa donde se habl√≥ por primera vez de la novela El Centinela de Clarke, un cuento del que nacer√≠a cuatro a√Īos m√°s tarde una de las mejores pel√≠culas de ciencia ficci√≥n de la historia.

Una √ļltima an√©cdota acerca de la carta de Kubrick. Como vemos, al finalizarla acaba con una pregunta acerca de los telescopios, una pregunta que podr√≠a parecer un pretexto para despertar el inter√©s de Clarke. Nada de eso, Kubrick fue un gran apasionado de la astronom√≠a, y adem√°s, un aut√©ntico geek o fan√°tico de la tecnolog√≠a de la √©poca. En sus diferentes biograf√≠as y libros sobre el director se habla del gran n√ļmero de gadgets y material tecnol√≥gico que compr√≥ en vida.

Así que tras pedirle al reputado (y admirado) escritor tomar a consideración la posibilidad de trabajar juntos en una película de ciencia ficción, Kubrick simplemente aprovecha la oportunidad para preguntarle por otra de sus grandes pasiones. Y es que el genio era obsesivo en todas las facetas que le apasionaban en la vida.

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