China lleva años impulsando la robótica como una de las piezas centrales de su estrategia industrial. Esa apuesta empieza ahora a verse fuera de sus fronteras.
Yangs Technology, una compañía de Chengdu especializada en robots de última milla, ha anunciado el despliegue a gran escala de sus vehículos autónomos de reparto en Europa. La empresa habla de miles de unidades, una cifra que demuestra hasta qué punto la industria china ha conseguido llevar este tipo de máquinas desde los laboratorios hasta una producción suficientemente barata y abundante para exportarlas.
Los primeros despliegues visibles parecen estar vinculados a Moscú, donde algunos robots aparecen rotulados con la marca de Yandex.
20 kilos de carga y más de 12 horas de autonomía
Estos robots están diseñados específicamente para recorridos cortos en entornos urbanos.
Disponen de aproximadamente 60 litros de volumen interno y pueden transportar hasta 20 kilos. Para desplazarse de manera autónoma utilizan una combinación de cámaras, sensores ultrasónicos y LiDAR, que les permite detectar obstáculos y construir una representación del entorno.
El fabricante los clasifica dentro del Nivel 4 de automatización, lo que significa que pueden operar sin intervención humana continua dentro de condiciones y zonas determinadas.
Cada batería proporciona alrededor de 12 horas de funcionamiento. Además, el sistema permite realizar cambios rápidos de batería, de forma que el robot puede volver al servicio sin tener que permanecer parado durante varias horas recargando.
Esto resulta especialmente importante para supermercados, plataformas logísticas o empresas de reparto que necesitan mantener una flota funcionando durante gran parte del día.

El reparto de última milla es uno de los grandes objetivos
No todos los usos de la robótica presentan las mismas dificultades.
El reparto de última milla es uno de los escenarios donde la automatización resulta más sencilla de introducir porque los recorridos suelen ser cortos, las velocidades son bajas y los vehículos pueden circular por zonas relativamente controladas.
Las previsiones del sector apuntan a un crecimiento anual cercano al 20% durante los próximos años, hasta formar un mercado valorado en varios miles de millones de dólares hacia 2030. Aquí China posee una importante ventaja industrial.
El país instala ya más de la mitad de los robots industriales utilizados en todo el mundo y dispone de una extensa cadena de fabricantes de motores, sensores, baterías y componentes electrónicos. Esa escala permite reducir costes y producir rápidamente máquinas adaptadas a necesidades concretas.
El caso de Yangs Technology resulta especialmente representativo porque ni siquiera se encuentra entre los fabricantes chinos de robótica más conocidos internacionalmente y, aun así, dispone de capacidad para exportar miles de unidades.
Europa sigue teniendo un problema: cada país tiene sus reglas
Desde el punto de vista tecnológico, estos robots no representan una novedad absoluta en Europa.
Starship Technologies lleva años utilizando pequeños vehículos autónomos para entregar compras y comida y ya ha superado los millones de entregas comerciales entre Europa y Estados Unidos.
El principal obstáculo continúa siendo la regulación.
Europa no dispone de una normativa única para robots autónomos circulando por aceras y espacios públicos. Estonia, Finlandia o algunas zonas del Reino Unido han avanzado más rápidamente, mientras que en otros países estos vehículos todavía requieren permisos específicos o pruebas limitadas.
Por eso, la expansión probablemente se realizará mediante acuerdos locales con supermercados, plataformas logísticas o administraciones concretas, en lugar de desplegar simultáneamente robots por todo el continente.
Entre un dron y una furgoneta
Estos pequeños vehículos ocupan además un espacio muy concreto dentro de la logística autónoma.
Un dron puede evitar el tráfico terrestre, pero dispone de poca capacidad de carga y está sometido a estrictas normas del espacio aéreo. Una furgoneta autónoma puede transportar mucho más, aunque resulta considerablemente más cara y compleja de operar.
Los robots de acera se encuentran en medio: son pequeños, relativamente baratos y suficientes para transportar comida, paquetes o compras dentro de un barrio.
La llegada de miles de unidades fabricadas en China muestra que la competición ya no consiste únicamente en construir robots capaces de moverse de forma autónoma. El siguiente paso es mucho más industrial: fabricarlos suficientemente baratos como para ponerlos a trabajar en masa.