Un equipo internacional de astrónomos ha logrado un descubrimiento sin precedentes sobre la formación de las primeras galaxias del universo. Utilizando el programa CRISTAL, los expertos han rastreado gas frío, polvo y luz estelar en 39 galaxias, situadas a mil millones de años del Big Bang. Este avance se ha logrado gracias a la colaboración del Observatorio ALMA en Chile, y los telescopios espaciales Hubble y James Webb, lo que ha permitido observar el universo primitivo con un detalle jamás alcanzado.
Un «censo» del gas, polvo y estrellas en el universo temprano

El proyecto CRISTAL, que significa «[CII] Resolved ISM in Star-forming galaxies with ALMA», ha sido clave para realizar el primer «censo» detallado del gas y el polvo en las primeras galaxias formadoras de estrellas. Las observaciones fueron posibles gracias a la emisión de la línea [CII], una luz específica que emiten los átomos de carbono ionizado en el gas interestelar frío. Combinando estas observaciones con imágenes en infrarrojo cercano de los telescopios espaciales James Webb y Hubble, los científicos han conseguido un mapa detallado del medio interestelar de estas galaxias.
Descubrimientos reveladores sobre la evolución galáctica
Entre los hallazgos más importantes, los astrónomos descubrieron que la mayoría de las galaxias observadas estaban experimentando nacimientos estelares en grandes cúmulos que se extendían por varios miles de años luz. Esto ofrece nuevas pistas sobre cómo se ensamblan y evolucionan las regiones de formación estelar. Además, se encontraron señales de rotación en algunas de las galaxias, sugiriendo la presencia temprana de estructuras en forma de disco, precursoras de las galaxias espirales modernas, como la Vía Láctea.
El gas frío como clave para el nacimiento de nuevas estrellas

El gas frío descubierto en estas galaxias parece estar alimentando futuros nacimientos estelares, lo que añade un nuevo capítulo a la historia de la formación galáctica. Rodrigo Herrera-Camus, director del Núcleo Milenio de Galaxias (MINGAL) y líder de la investigación, explicó que por primera vez se ha observado el gas frío de estas galaxias en detalle, una «materia prima» fundamental para la creación de nuevas estrellas. Además, destacó que muchas de estas galaxias jóvenes tienen estructuras complejas, con vientos galácticos que expulsan gas desde sus discos y una cantidad de polvo cósmico y metales mayor de lo esperado.
Un nuevo retrato de la evolución de las galaxias
Gracias al uso combinado de ALMA, Hubble y Webb, los astrónomos ahora tienen un «nuevo retrato de familia» de la evolución temprana de las galaxias. ALMA permitió estudiar el gas frío y el polvo cósmico, mientras que los telescopios espaciales revelaron las poblaciones de estrellas jóvenes y más antiguas. Este descubrimiento permite a los científicos reconstruir el ecosistema interno de las primeras galaxias, ayudando a entender cómo, a lo largo de miles de millones de años, estas formaciones galácticas dieron origen a sistemas como nuestra propia Vía Láctea.
Este avance marca un hito en la investigación astronómica y ofrece nuevas perspectivas sobre el origen y la evolución del universo, abriendo un campo de posibilidades para futuros descubrimientos.