Durante siglos, el delta del Nilo fue una de las zonas más dinámicas del Mediterráneo oriental. Rutas comerciales, asentamientos productivos y comunidades enteras crecieron a la sombra de sus canales. Ahora, una nueva excavación arqueológica ha permitido asomarse con un nivel de detalle poco habitual a esa vida cotidiana, revelando un complejo industrial y funerario que permanecía oculto bajo tierra desde hace más de dos milenios.
El hallazgo no solo aporta nuevas piezas al puzle del Egipto antiguo, sino que ofrece una imagen sorprendentemente completa de cómo se organizaba la economía y la sociedad en una región estratégica al oeste de Alejandría.
Talleres industriales en el corazón del delta
El descubrimiento ha sido realizado por una misión arqueológica conjunta del Consejo Supremo de Antigüedades y la Universidad de Padua, en los yacimientos de Kom al-Ahmar y Kom Wasit, situados en la gobernación de Beheira.
Los arqueólogos han identificado un gran edificio industrial activo entre los siglos V y IV a. C., durante la fase final del Periodo Tardío egipcio. El complejo está dividido en al menos seis estancias, cada una con funciones claramente diferenciadas, lo que apunta a una producción organizada y de cierta escala.
Dos de estas salas estaban dedicadas al procesado de pescado, como demuestra el hallazgo de cerca de 9.700 restos óseos de peces. Esta concentración sugiere la producción sistemática de pescado en salazón o garum, un alimento básico y muy valioso en el comercio del Mediterráneo antiguo.
Metalurgia, amuletos y trabajo artesanal
El resto de las estancias del edificio revela una actividad aún más diversa. En ellas se han documentado talleres de metalurgia, trabajos en piedra y la fabricación de amuletos de fayenza, una cerámica vidriada característica del antiguo Egipto.
Entre los objetos recuperados destacan estatuillas de piedra caliza inacabadas y piezas abandonadas en distintas fases de elaboración. Estos restos ofrecen una imagen excepcional del proceso artesanal, como si los trabajadores hubieran dejado sus herramientas y materiales de un día para otro.
La datación del complejo ha sido posible gracias al hallazgo de ánforas de origen extranjero y fragmentos de cerámica griega, que sitúan el momento de mayor actividad en el siglo V a. C., en un periodo de intensos contactos comerciales y culturales.
Una necrópolis romana junto a los talleres
El yacimiento no solo habla de trabajo y producción. Paralelamente, la misión ha excavado una necrópolis de época romana, correspondiente a una fase posterior de ocupación de la zona. En ella se han identificado tres tipos principales de enterramiento.
El primero consiste en inhumaciones directas en la tierra. El segundo agrupa entierros en ataúdes o sarcófagos de arcilla. El tercero, especialmente significativo, corresponde a enterramientos infantiles dentro de grandes ánforas, una práctica funeraria habitual en el mundo romano.
En total, se han recuperado restos de 23 individuos, entre hombres, mujeres y niños, lo que sugiere una comunidad estable y diversa.
Qué nos dicen los huesos sobre la vida cotidiana
La parte italiana del proyecto, dirigida por la arqueóloga Cristina Mondin, está llevando a cabo estudios bioarqueológicos detallados sobre los restos humanos. Los análisis se centran en determinar la edad, el sexo, la dieta y el estado de salud de los individuos.
Los primeros resultados apuntan a algo poco habitual: no se han detectado signos claros de enfermedades graves, violencia o traumatismos severos, lo que sugiere que esta comunidad romana disfrutó de unas condiciones de vida relativamente favorables.
El ajuar funerario refuerza esa idea. Junto a los enterramientos se han encontrado decenas de ánforas completas y pendientes de oro de delicada factura, pertenecientes a una joven.
Todos los materiales recuperados han sido trasladados al Museo Egipcio de la plaza Tahrir, donde serán conservados y estudiados en profundidad.
La combinación de talleres industriales y necrópolis convierte a Kom al-Ahmar y Kom Wasit en un yacimiento excepcional. No se trata de hallazgos aislados, sino de la evidencia de una comunidad que organizó su espacio para la producción, el comercio y la muerte durante al menos seis siglos.
Gracias a este descubrimiento, el delta occidental del Nilo empieza a revelar una historia hasta ahora poco conocida: la de una región activa, conectada y sorprendentemente compleja, cuyo legado había permanecido oculto bajo el barro del río.
[Fuente: La Brújula Verde]