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Si las imágenes que van a ver a continuación las pasaran de forma muy rápida, podrían parecer miles de hormigas trabajando al unísono. Sin embargo, y como ocurrió con esa otra distopía llamada Kowloon, las instantáneas muestran algo mucho peor. Bienvenidos a Serra Pelada, el oro que se convirtió en un infierno.

Cuenta la historia que todo comenzó en enero de 1979. Serra Pelada fue, además de un pequeño pueblo, una gigantesca mina de oro en Brasil a 430 kilómetros al sur de la desembocadura del río Amazonas. A finales de la década de 1970, un niño de la zona se tropezó con una pequeña ficha de oro de unos seis gramos escondida en un río local.

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En muy poco tiempo, aquel descubrimiento se convirtió en una de las excavaciones mineras de oro al aire libre más notorias, salvajes y violentas de la historia de la humanidad. Unas semanas después del encuentro del joven con la pieza, se corrió el rumor de que había oro en una zona rural junto al lago en Pará, Brasil, y que el sitio estaría abierto al público para la minería.

Y entonces ya no hubo marcha atrás.

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Una semana después, el área se inundó con decenas de miles de buscadores potenciales que esperaban sacar provecho del descubrimiento y construir un futuro mejor para sus familias. Acudían de todas partes de Brasil con la esperanza de encontrar trabajo en la mina. Trabajadores que ganaban entre 2 y 3 dólares al día, un contrato donde debían escalar cientos de metros de escaleras y cuerdas para llegar al área donde comenzaron las parcelas para excavar a mano.

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Sin embargo, se encontraron en un verdadero pozo sin fondo, goteando barro y sudor con jornadas de trabajo cada vez más largas y extenuantes, llevando bolsas de hasta cien kilos de sedimentos y tierra por escaleras medio derruidas para escudriñar entre los escombros y, con un poco de suerte, descubrir algo que fuera parecido a la piedra brillante.

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Al principio, la única forma de llegar a esta zona remota era por avión o a pie. Los mineros normalmente pagaban precios exorbitantes para que los taxis los llevaran desde la ciudad más cercana hasta el final de un camino de tierra. Desde allí, debían caminar la distancia restante, casi 20 kilómetros hasta el sitio.

Y sí, al principio se descubrieron enormes pepitas de oro, siendo la mayor de un peso de casi 7 kilogramos, unos 100.000 dólares al precio de mercado de principios de 1980. Claro que la mina también era conocida por sus terribles condiciones y violencia, y la ciudad que creció junto a ella se hizo tristemente famosa por los asesinatos y perdición de sus habitantes.

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De hecho, no todos los que se aventuraron en la mina encontraron su camino de regreso, y los que lo hicieron corrieron el riesgo de que les arrebataran tanto sus riquezas como sus vidas debido al caos y asesinatos que había envuelto al pueblo rural.

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El famoso fotógrafo brasileño Sebastião Salgado viajó hasta las minas de Serra Pelada al enterarse de lo que allí estaba ocurriendo. Salgado tomó algunas de las imágenes más inquietante e impactantes que se recuerdan, con los trabajadores hacinados, al borde de la locura y el caos en busca de un oro que muy pocos encontraban. Cuando llegó a la zona, el fotógrafo contó a los medios:

Se me pusieron todos los pelos de punta. Las pirámides, la historia de la humanidad que habíamos conseguido desarrollar. Yo había viajado a muchos sitios, ninguno como este. Barridos por los vientos que llevaban la insinuación de la fortuna, los hombres venían a la mina de oro. A nadie lo llevaron por la fuerza, pero una vez que llegaban, todos se convertían en esclavos del sueño del oro y la necesidad de mantenerse con vida. Una vez dentro, se volvía imposible irse.

Cualquiera que llegaba allí por primera vez podía confirmar una visión extraordinaria y atormentada del animal humano: miles de hombres esculpidos por barro y sueños. Todo lo que se podía escuchar eran murmullos y gritos silenciosos, el roce de palas impulsadas por manos humanas, ni una pizca de máquina. Era el sonido del oro que hace eco a través del alma de sus perseguidores.

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Llegó un momento de tal agotamiento para muchos, sobre todo en aquellos que no encontraban nada, que pensaron que su mejor opción pasaba por cavar progresivamente más profundo. El problema era que cuanto más profundo eran sus hoyos, más peligrosa se volvía la zona de trabajo, ya que las endebles paredes de arcilla que se formaban entre las parcelas vecinas a menudo caían sobre las excavadoras, enterrándolas con su oro debajo.

Además, aquellos que tuvieron la suerte de llenar sus sacos con sedimentos, tenían otro desafío más que soportar antes de que pudieran siquiera determinar si sus esfuerzos habían sido fructíferos: cargar el lodo por las escaleras para alcanzar las estaciones a nivel del suelo a cientos de metros por encima de ellos.

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Image: Sebastião Salgado

El descubrimiento de oro en Serra Pelada también fue diferente a cualquier otra área en el planeta. Había evidencias de que el oro se enriqueció cerca de la superficie por la circulación del agua de lluvia, algo que es exclusivo de los depósitos de oro del Amazonas. Por esa razón, el proceso de enriquecimiento supergénico aún no se explica del todo.

La mejor hipótesis cuenta que el agua de lluvia se mezcló con la materia orgánica en descomposición de la selva amazónica haciendo que el agua sea ácida. Esta agua ácida se convierte en una red iónica a la que el oro puede unirse y por lo tanto ser transportado por moléculas que luego penetran en el suelo y se acumulan para formar una zona enriquecida de oro. Tiene mucho sentido si pensamos que algunas de las pepitas más grandes jamás vistas se formaron vistas en estas áreas.

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Y mientras en la tierra se moría literalmente por la búsqueda de oro, el pueblo minero vivía de las mujeres y el alcohol, junto a un cada vez mayor índice de asesinatos, de 60 a 80 muertes sin resolver por mes.

Varios meses después del descubrimiento del oro, el ejército brasileño se hizo cargo de las operaciones para evitar la explotación de los trabajadores y el conflicto entre los mineros y los propietarios. El gobierno acordó comprar todo el oro encontrado. Oficialmente, se identificaron poco menos de 45 toneladas de oro, pero se estima que hasta el 90% de todo lo encontrado se sacó de contrabando. Se cree que aún quedan entre 20 y 50 toneladas en la zona.

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Image: Serra Pelada en la actualidad (AP)

Actualmente, las áreas que rodean la mina se consideran peligrosas, contaminadas con altos niveles de residuos de mercurio que quedaron como un subproducto de las propias operaciones mineras. Un enclave fantasma de lo que un día fue lo más parecido al infierno en la búsqueda del oro. [Wikipedia, Mashable, AmusingPlanet]