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Ciencia

Calcular el centro geográfico exacto de un pueblo no es tan simple como parece: distintos métodos matemáticos pueden dar resultados distintos para el mismo lugar

Un medio finlandés reportó hace poco algo llamativo: un jubilado que construyó su casa en 1981, en lo que entonces era un bosque despoblado en las afueras de Harjavalta, habría descubierto 45 años después que su terreno coincide exactamente con el centro geográfico calculado de la ciudad. No pudimos verificar de forma independiente los detalles de esa historia puntual, pero la pregunta que dispara sí tiene una respuesta sólida y bastante menos intuitiva de lo que parece: ¿qué significa, en términos matemáticos, el “centro” de un pueblo?
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La forma más citada de calcular el centro geográfico de una región es el centroide: el punto en el que, imaginariamente, un recorte de cartón con la forma exacta del territorio quedaría perfectamente equilibrado sobre la punta de un lápiz. Es la misma lógica que el centro de masa en física, aplicada a una superficie bidimensional. Según describe la entrada especializada de Wikipedia sobre el tema, ese cálculo requiere primero proyectar la forma curva de la superficie terrestre sobre un plano, usando alguna proyección cartográfica, antes de poder calcular matemáticamente dónde cae ese punto de equilibrio.

Ahí es donde empiezan los problemas. Ninguna proyección representa la superficie de la Tierra sin alguna distorsión, así que el centroide calculado puede variar levemente según qué proyección se use. A eso se suma otra decisión nada trivial: si un territorio tiene islas, penínsulas alargadas o una forma muy irregular, hay que decidir si esos sectores se incluyen en el cálculo, con qué peso, y cómo se tratan las masas de agua interiores. Ninguna de esas decisiones tiene una única respuesta correcta.

Al menos otros tres métodos compiten con el centroide

El centroide de área no es el único método en uso. Otro enfoque calcula el centro de un territorio como el punto medio de su caja delimitadora, es decir, del rectángulo más chico que contiene por completo la forma del lugar, un método mucho más simple de calcular pero que puede arrojar un resultado bastante alejado de donde intuitivamente se ubicaría el centro real. Un tercer método busca, en cambio, el punto más alejado de cualquier frontera del territorio, ya sea la costa o un límite terrestre con otro país o región.

Estos métodos pueden arrojar resultados marcadamente distintos entre sí para exactamente el mismo territorio. El caso más documentado es el del propio Reino Unido: distintas instituciones británicas calcularon a lo largo de los años ubicaciones distintas para el centro geográfico del país, según combinaran proyección cartográfica, tratamiento de islas costeras y método de cálculo, generando un debate público recurrente sobre cuál de esos puntos es, en definitiva, el correcto.

Por qué estos puntos también se mueven con el tiempo

Otro matiz que rara vez se menciona: el centro geográfico calculado de un territorio no es un punto fijo para siempre. La erosión costera desplaza gradualmente los límites de una región con salida al mar, lo que en teoría desplaza también, aunque sea de forma mínima, la ubicación exacta de su centroide con el correr de las décadas. Para municipios cuyos límites administrativos cambian por anexiones, fusiones o redefiniciones catastrales, el efecto puede ser todavía más notorio: el centro geográfico “oficial” de una ciudad puede desplazarse varias cuadras de un relevamiento al siguiente, simplemente porque cambió el polígono que se usó para calcularlo.

El caso de Harjavalta

Volviendo al caso puntual: el medio argentino Los Andes reportó que Kari Sihvo, vecino de Harjavalta, Finlandia, construyó su casa de ladrillo en 1981 sobre un terreno que, según mediciones topográficas municipales recientes, coincide con el centro geográfico calculado de esa localidad. No encontramos registros independientes en medios finlandeses o internacionales que permitan confirmar de forma autónoma los detalles de esa historia particular, así que la presentamos con la salvedad correspondiente: como un caso reportado, no como un hecho verificado por esta redacción.

Lo que sí es información sólida, más allá de que esa anécdota puntual se confirme o no, es que un municipio como Harjavalta perfectamente podría, en principio, calcular su centro geográfico oficial y encontrar que cae sobre una propiedad privada preexistente: es, matemáticamente, tan posible como cualquier otro resultado, dado que el centro de un territorio no tiene por qué coincidir con ningún punto especialmente significativo del paisaje urbano.

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