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Ciencia

Una tormenta destruyó el velero que él mismo había construido y lo dejó solo en una balsa de 1,8 metros. Sobrevivió 76 días, cruzó 3.300 kilómetros y los peces que cazaba terminaron guiando a sus rescatistas

Steven Callahan convirtió una diminuta balsa inflable en una desalinizadora, un puesto de pesca y un taller de reparaciones. Nueve barcos pasaron sin verlo y una rotura estuvo a punto de hundirlo, pero el pequeño ecosistema formado bajo sus pies terminó delatando su posición.
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El 29 de enero de 1982, Steven Callahan partió de la isla canaria de El Hierro rumbo a Antigua. Tenía 29 años y navegaba en el Napoleon Solo, un velero de 6,5 metros que había diseñado y construido con sus propias manos. Una semana después, en mitad de una tormenta, algo abrió el casco y el agua comenzó a entrar violentamente.

Callahan siempre sospechó que había chocado contra una ballena, aunque nunca pudo comprobarlo. Lo único seguro es que tuvo que abandonar su barco y meterse en una balsa Avon diseñada para seis personas, pero de apenas 1,8 metros de diámetro. Así comenzó una de las supervivencias marítimas más extraordinarias documentadas.

El velero se abrió en plena tormenta y el océano se llevó su única salida

Una tormenta destruyó el velero que él mismo había construido y lo dejó solo en una balsa de 1,8 metros. Sobrevivió 76 días, cruzó 3.300 kilómetros y los peces que cazaba terminaron guiando a sus rescatistas
© 76 Days Adrift.

Antes de que las olas separaran definitivamente la balsa del Napoleon Solo, Callahan logró regresar varias veces al velero inundado. Rescató un saco de dormir, algunas cartas náuticas, comida, bengalas, una pequeña pistola-arpón y tres destiladores solares experimentales.

Cuando amaneció, el barco ya había desaparecido. Estaba unos 1.300 kilómetros al oeste de Canarias y no tenía ninguna forma real de dirigir la balsa. Los vientos alisios y la corriente ecuatorial comenzaron a empujarlo hacia el Caribe, mientras él calculaba su posición observando el horizonte y la estrella polar con un sextante improvisado utilizando lápices.

En su relato en primera persona publicado por The Guardian, Callahan recordó que contaba con agua para muy pocos días. Tampoco podía esperar un rescate inmediato: durante la travesía llegó a divisar nueve barcos y disparó varias bengalas, pero ninguno lo detectó.

Su balsa dejó de ser un salvavidas y se convirtió en una pequeña fábrica de supervivencia

Una tormenta destruyó el velero que él mismo había construido y lo dejó solo en una balsa de 1,8 metros. Sobrevivió 76 días, cruzó 3.300 kilómetros y los peces que cazaba terminaron guiando a sus rescatistas
© Guy Crombé.

Los destiladores solares fueron decisivos. Eran dispositivos basados en modelos desarrollados durante la Segunda Guerra Mundial: utilizaban el calor del sol para evaporar agua marina y recuperar pequeñas cantidades de agua dulce. No incluían instrucciones, por lo que Callahan tuvo que cortar uno para comprender cómo funcionaban los otros dos.

La producción apenas superaba medio litro diario y podía fallar durante los días nublados. Para complementarla, fabricó recipientes con los que recogía cada lluvia. Su alimentación inicial (frutos secos, huevos, judías, carne enlatada y unos pocos alimentos más) desapareció rápidamente.

Entonces comenzó a cazar dorados, peces ballesta y peces voladores con el arpón. También comió percebes y algunas aves. Según explicó décadas después en una entrevista con People, tuvo que aprender a vivir como “un cavernícola acuático”: pescar, almacenar agua, curar heridas y reparar continuamente su frágil refugio.

La balsa también comenzó a transformarse. En su parte inferior crecieron percebes y algas; alrededor se reunieron peces pequeños, dorados, aves y ocasionalmente tiburones. Callahan dependía de ese ecosistema flotante, pero una captura casi terminó con todo: el día 43 perforó accidentalmente uno de los tubos mientras arponeaba un pez.

Durante diez días tuvo que bombear aire y buscar una forma de sellar la rotura. Alrededor del día 50 se derrumbó y decidió dejar de luchar. El miedo a morir pocas horas después lo obligó a intentarlo nuevamente, hasta que consiguió cerrar el agujero.

Los peces que utilizaba como alimento terminaron conduciendo a los pescadores hasta él

Una tormenta destruyó el velero que él mismo había construido y lo dejó solo en una balsa de 1,8 metros. Sobrevivió 76 días, cruzó 3.300 kilómetros y los peces que cazaba terminaron guiando a sus rescatistas
© 76 Days Adrift.

El 20 de abril divisó las luces de Marie-Galante, al sureste de Guadalupe. A la mañana siguiente, tras 76 días y unos 1.800 millas náuticas (aproximadamente 3.300 kilómetros), unos pescadores localizaron la balsa. No la vieron por sus bengalas: siguieron a las aves que revoloteaban sobre los peces acumulados alrededor.

Callahan había perdido cerca de un tercio de su peso y tenía el cuerpo cubierto de llagas producidas por el agua salada. Aun así, sobrevivió y narró la experiencia en Adrift: Seventy-six Days Lost at Sea. Su historia también llegó al documental 76 Days Adrift, producido por Ang Lee.

La paradoja es difícil de superar. Durante semanas cazó los peces que se refugiaban bajo la balsa para no morir de hambre. Al final, ese mismo ecosistema fue lo que permitió que alguien lo encontrara en la inmensidad del Atlántico.

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