El depredador que nadie esperaba
Durante décadas, la idea de que un murciélago europeo pudiera atrapar y devorar aves parecía una fantasía biológica. Sin embargo, la noche del sur de España guardaba un secreto.
El nóctulo mayor (Nyctalus lasiopterus), el murciélago más grande de Europa, ha sido captado por primera vez cazando pájaros en pleno vuelo —y comiéndolos sin posarse ni disminuir la velocidad—.
El hallazgo, publicado en Science, confirma una sospecha que lleva más de un cuarto de siglo rondando a los científicos: que este mamífero nocturno no se limita a cazar insectos, sino que perseguía aves migratorias a altísima velocidad.
La evidencia llega gracias a un proyecto conjunto entre investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en España y la Universidad de Aarhus en Dinamarca, quienes aplicaron una combinación inédita de tecnología miniaturizada, inteligencia acústica y análisis genético.
Un misterio que empezó con unas plumas
El punto de partida se remonta a finales de los años noventa.
El biólogo Carlos Ibáñez, de la Estación Biológica de Doñana, encontró plumas en los excrementos de los nóctulos mayores. La hipótesis de que los murciélagos cazaban aves fue recibida con escepticismo:
“Los paseriformes migratorios pesan la mitad que un nóctulo adulto; parecía imposible que pudieran atraparlos y comérselos en vuelo”, recuerda el investigador.
Durante años, el equipo reunió pistas dispersas —restos de alas, análisis de ADN, registros acústicos—, pero faltaba la prueba directa.
Esa confirmación llegó recién ahora, con la ayuda de micrófonos ultrasónicos y acelerómetros instalados en diminutas mochilas adaptadas a los animales.
Una persecución aérea digna de un halcón
El estudio revela un espectáculo tan violento como asombroso.
El nóctulo asciende a grandes alturas —donde vuelan las aves migratorias durante la noche— y usa la ecolocalización ultrasónica como radar para detectar su objetivo.
Las presas, incapaces de oír estas frecuencias, vuelan ajenas a su cazador hasta que este inicia la emboscada.
Cuando el murciélago localiza a su víctima, desciende en picado, acelera tres veces más rápido que en vuelo normal y mantiene la persecución durante varios minutos.
Uno de los registros más impactantes mostró una caza que duró casi tres minutos y terminó con el ave atrapada cerca del suelo.
El dispositivo grabó 21 llamadas de socorro del pájaro y 23 minutos de sonidos de masticación, mientras el murciélago seguía volando.

Los restos hallados después —alas cortadas, plumas esparcidas— sugieren que el depredador amputa las extremidades de la presa para reducir peso y poder alimentarse en el aire.
“Es fascinante que no solo las capture, sino que también las devore mientras vuela”, comentó Laura Stidsholt, coautora del trabajo.
Cómo se registró la hazaña
Para lograrlo, el equipo equipó a 17 nóctulos en la Reserva Biológica de Doñana con dispositivos ultraligeros que combinaban micrófono, altímetro y acelerómetro.
Cada uno pesaba menos de 2 gramos y podía registrar los movimientos, la altitud y los sonidos del murciélago durante la noche.
El análisis acústico permitió identificar incluso la especie de una de las víctimas: un petirrojo europeo.
El reconocimiento se logró comparando el canto de estrés del ave con grabaciones de bases de datos ornitológicas.
A su vez, el ADN hallado en restos de plumas confirmó la identidad de otras presas.
Según Elena Tena, investigadora posdoctoral del CSIC y coautora del trabajo, “haber documentado este comportamiento tras tantos años de búsqueda fue un momento histórico para la biología de los murciélagos”.
Un depredador que cambia las reglas
Con una envergadura de hasta 45 centímetros, el nóctulo mayor es un verdadero gigante entre los murciélagos europeos.
Hasta ahora se creía que se alimentaba principalmente de insectos, pero el estudio demuestra que también caza al menos 30 especies de aves paseriformes migratorias.
Este hallazgo redefine el mapa trófico de los ecosistemas nocturnos. Los científicos comparan su rol con el de un halcón del crepúsculo: un cazador silencioso que patrulla los cielos cuando todos los demás depredadores duermen.
“Los pájaros intentan escapar con maniobras en espiral, como harían ante un halcón, pero de noche”, explicó Ibáñez.
Y no siempre lo consiguen.
Implicaciones ecológicas y de conservación
Paradójicamente, el cazador también está en peligro.
El nóctulo mayor figura como “amenazado” en la Lista Roja de la UICN, y sus poblaciones disminuyen por la deforestación y la pérdida de refugios naturales.
Comprender su comportamiento podría ser clave para protegerlo: conocer sus rutas, hábitos de caza y altitudes preferidas ayuda a evitar conflictos con parques eólicos y estructuras urbanas.
Además, el descubrimiento amplía la comprensión del papel ecológico de los murciélagos: no solo controlan insectos, también influyen en las poblaciones de aves migratorias, equilibrando los ecosistemas de maneras antes insospechadas.
Una lección sobre los límites de la naturaleza
Capturar a un mamífero volador devorando a otro animal alado en plena noche parecía imposible.
Hoy, gracias a la ciencia y a la paciencia de un equipo internacional, sabemos que los cielos de Europa esconden una de las escenas más impresionantes de la depredación animal.
Como escribió Elena Tena tras publicar los resultados:
“Ver confirmada esta hipótesis después de tantos años demuestra que la naturaleza aún guarda secretos que solo revela a quienes la escuchan de noche”.
Fuente: Infobae.