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Ciencia

Chernóbil explotó hace 40 años y parte de su combustible nuclear sigue casi intacto. Los científicos acaban de descubrir por qué eso podría ser una pésima noticia

Cuatro décadas después del desastre de Chernóbil, científicos encontraron partículas radiactivas que apenas se han degradado. Su extraordinaria resistencia plantea una paradoja inquietante sobre el futuro de la contaminación nuclear.
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En abril de 1986, el reactor número cuatro de la central nuclear de Chernóbil explotó y dispersó materiales radiactivos sobre amplias regiones de Europa. Durante los días siguientes, el incendio y las emisiones del núcleo destruido liberaron sustancias que terminaron depositándose en suelos, bosques y ciudades.

Cuarenta años después, buena parte de aquella contaminación continúa siendo objeto de estudio. Pero un grupo de científicos alemanes acaba de encontrar algo especialmente desconcertante: algunos fragmentos microscópicos del combustible nuclear conservan prácticamente intacta su estructura original.

El descubrimiento plantea una paradoja. Esa resistencia podría estar evitando que determinados materiales radiactivos se liberen rápidamente al medioambiente. Al mismo tiempo, significa que algunas partículas podrían seguir siendo fuentes de contaminación durante mucho más tiempo.

Los resultados, publicados en el Journal of Hazardous Materials, ofrecen una perspectiva diferente sobre el legado de uno de los mayores accidentes nucleares de la historia.

Los científicos encontraron algo que llevaba cuatro décadas escondido en el suelo

Chernóbil explotó hace 40 años y parte de su combustible nuclear sigue casi intacto. Los científicos acaban de descubrir por qué eso podría ser una pésima noticia
© Denis Fougerouse.

La investigación fue desarrollada por especialistas de la Universidad Leibniz de Hannover y el centro Helmholtz-Zentrum Dresden-Rossendorf, ambos en Alemania.

El equipo examinó seis partículas recuperadas de la zona de exclusión de Chernóbil. Dos procedían de muestras de asfalto recogidas en Prípiat en 2015, mientras que las otras cuatro fueron encontradas en suelos próximos a Kopachi en 2017. Su tamaño oscilaba entre ocho y cincuenta micrómetros. Para ponerlo en perspectiva, algunas eran considerablemente más pequeñas que el grosor de un cabello humano.

Los investigadores las denominan partículas calientes porque contienen materiales con elevada actividad radiactiva procedentes del combustible del reactor. Para estudiar su estructura interna utilizaron difracción de rayos X de alta precisión en el Sincrotrón Europeo de Grenoble, Francia. Esta tecnología permitió identificar la organización cristalina de los materiales sin depender únicamente de su apariencia exterior.

El resultado sorprendió al equipo: algunas partículas todavía conservaban estructuras de dióxido de uranio prácticamente inalteradas, pese a haber permanecido expuestas al ambiente durante aproximadamente cuatro décadas.

Lo inquietante es que no todas las partículas se comportan de la misma manera

Los investigadores identificaron distintas formas químicas del uranio. Tres partículas contenían dióxido de uranio (UO₂), el material utilizado como combustible nuclear. Las otras tres presentaban principalmente octóxido de triuranio (U₃O₈), asociado con procesos de oxidación más intensos.

En algunas también aparecieron otros compuestos, como óxidos de circonio, procedentes de los materiales que envolvían el combustible dentro del reactor. Estas diferencias permiten reconstruir parte de lo ocurrido durante el accidente.

Mientras algunos fragmentos fueron expulsados mediante la destrucción mecánica del núcleo, otros experimentaron temperaturas extremas y reacciones químicas durante el incendio. Pero también ayudan a comprender por qué determinadas partículas pueden resistir durante décadas.

Según explica el centro Helmholtz en su comunicado, las estructuras cristalinas conservadas pueden actuar como matrices que mantienen atrapados productos de fisión y otros elementos radiactivos.

Esto podría limitar su liberación inmediata al suelo y al agua. Sin embargo, que una partícula retenga materiales radiactivos no significa que haya dejado de emitir radiación. Además, puede desplazarse físicamente por el ambiente o degradarse lentamente con el paso del tiempo.

La contaminación de Chernóbil podría tener un calendario mucho más complicado

Chernóbil explotó hace 40 años y parte de su combustible nuclear sigue casi intacto. Los científicos acaban de descubrir por qué eso podría ser una pésima noticia
© Journal of Hazardous Materials.

El descubrimiento tiene consecuencias importantes para evaluar los riesgos ambientales a largo plazo. Los modelos de contaminación necesitan conocer no solamente cuánto material radiactivo existe, sino también la velocidad con la que puede incorporarse al agua, al suelo y a los organismos vivos.

Una partícula muy resistente podría liberar menos sustancias durante sus primeros años, pero conservar parte de ellas durante décadas adicionales. De hecho, otra investigación publicada en Journal of Environmental Radioactivity identificó un fragmento de combustible de Chernóbil que también mantenía buena parte de su integridad estructural después de 35 años de exposición ambiental.

Esto refuerza la necesidad de investigar cómo evolucionan diferentes tipos de residuos, aunque no permite establecer una tasa de degradación universal. Y aquí aparece la principal limitación del nuevo trabajo: solamente se analizaron seis partículas de dos localizaciones. Tampoco se midió directamente cuánto material radiactivo liberaba cada una. Por tanto, los resultados no demuestran que toda la contaminación de Chernóbil sea más persistente de lo previsto, ni permiten calcular nuevos riesgos sanitarios para toda la zona.

Lo que sí revelan es algo fundamental: cuarenta años después del accidente, algunos de los residuos conservan características del combustible que existía dentro del reactor antes de explotar.

El desastre de Chernóbil pertenece al pasado. Pero, a escala microscópica, una parte de sus consecuencias continúa prácticamente congelada en el tiempo.

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