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Ciencia

China convirtió el desierto en bosques plantando miles de millones de árboles. Veinte años después, los científicos descubren que esa muralla verde ha cambiado el ciclo del agua

La llamada Gran Muralla Verde china es uno de los mayores proyectos ambientales del planeta. Sin embargo, un estudio reciente revela una consecuencia inesperada: la reforestación masiva ha alterado la circulación del agua dentro del país, reduciendo la disponibilidad hídrica en muchas regiones.
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La reforestación suele presentarse como una de las soluciones más claras frente a la desertificación y el cambio climático. China apostó por esa estrategia antes que nadie y a una escala gigantesca. Sin embargo, investigaciones recientes muestran que transformar paisajes enteros en bosques no solo cambia el color del territorio: también puede modificar el funcionamiento del ciclo del agua a escala continental.

La mayor campaña de reforestación de la historia cambió el paisaje de China

China convirtió el desierto en bosques plantando miles de millones de árboles. Veinte años después, los científicos descubren que esa muralla verde ha cambiado el ciclo del agua
© Severin.Stalder / Wikimedia.

A finales de los años setenta, el gobierno chino puso en marcha un proyecto que no tenía precedentes. La desertificación avanzaba con rapidez en amplias zonas del norte del país y amenazaba tanto la agricultura como las ciudades. La respuesta fue una estrategia monumental: plantar árboles a una escala nunca vista.

El programa, conocido como la Gran Muralla Verde, impulsó la plantación de aproximadamente 78.000 millones de árboles en apenas cuatro décadas. Su objetivo era estabilizar los suelos, frenar el avance de los desiertos y aumentar la cobertura vegetal en regiones castigadas por la erosión.

Los resultados han sido visibles incluso desde el espacio. Grandes áreas del norte y del oeste del país, que hace medio siglo aparecían en los mapas como paisajes áridos o degradados, hoy presentan una cobertura vegetal mucho más densa. La erosión del suelo se redujo, las tormentas de polvo disminuyeron y el proyecto se convirtió en un referente internacional de restauración ambiental.

Este éxito inspiró a numerosos gobiernos y organismos internacionales. Iniciativas similares han sido debatidas o impulsadas en distintas partes del mundo, incluida Europa, donde la Ley de Restauración de la Naturaleza promueve recuperar ecosistemas degradados. Sin embargo, una investigación reciente ha empezado a revelar que este experimento ambiental gigante también ha producido efectos inesperados.

Plantar árboles también cambia cómo circula el agua

Un estudio publicado en la revista Earth’s Future analizó cómo evolucionó el ciclo del agua en China entre 2001 y 2020, cruzando datos de cobertura vegetal, precipitaciones y evapotranspiración. El resultado apunta a una conclusión clara: la expansión de los bosques ha alterado de forma significativa la circulación del agua dentro del país.

Los árboles extraen grandes cantidades de agua del suelo a través de sus raíces y la liberan a la atmósfera en forma de vapor mediante la evapotranspiración. Este proceso forma parte del funcionamiento natural de los ecosistemas y, a pequeña escala, suele tener efectos beneficiosos para el clima local.

El problema aparece cuando el fenómeno se multiplica a escala continental. Los investigadores observaron que en muchas regiones donde la reforestación fue más intensa, la humedad del suelo disminuyó de forma notable. Parte de esa agua evaporada no vuelve necesariamente en forma de lluvia en el mismo lugar. Las corrientes atmosféricas pueden transportarla cientos o incluso miles de kilómetros antes de precipitar. En otras palabras, la vegetación está redistribuyendo el agua dentro del país.

El resultado: ganadores y perdedores en el mapa hídrico de China

China convirtió el desierto en bosques plantando miles de millones de árboles. Veinte años después, los científicos descubren que esa muralla verde ha cambiado el ciclo del agua
© Getty Images / CFOTO/Future Publishing.

Los cambios detectados por los investigadores no han sido uniformes. Algunas regiones han ganado humedad gracias a ese transporte atmosférico, mientras que otras han visto reducirse la disponibilidad de agua. Según el estudio, cerca del 74 % del territorio chino ha experimentado una disminución en el agua disponible en el suelo.

Las zonas más afectadas se concentran en el norte y el este del país, áreas donde se encuentra gran parte de la población y donde la agricultura tiene un peso crucial. Esto resulta especialmente problemático porque estas regiones ya partían de una situación hídrica delicada.

China arrastra desde hace décadas un desequilibrio geográfico muy marcado. El norte concentra casi la mitad de la población y más de la mitad de las tierras cultivables, pero solo dispone de alrededor del 20 % del agua del país. La expansión de bosques en estas zonas secas ha intensificado esa tensión en algunos lugares. Al mismo tiempo, algunas regiones de mayor altitud, como partes del Tíbet, han recibido más humedad debido al desplazamiento atmosférico del vapor de agua.

El experimento chino deja una lección para el resto del mundo

El caso chino demuestra que las soluciones ambientales a gran escala pueden tener efectos complejos que no siempre se anticipan. Plantar árboles sigue siendo una herramienta poderosa para combatir la erosión del suelo, restaurar ecosistemas degradados y capturar carbono. Sin embargo, el estudio muestra que la reforestación masiva no es una intervención neutra cuando se analiza desde la perspectiva del ciclo hidrológico.

La clave parece estar en el diseño. Los investigadores señalan que la planificación forestal debería considerar con mucho más detalle variables como la disponibilidad de agua, el tipo de vegetación plantada y las características climáticas de cada región.

Para Europa, que estudia ampliar sus programas de restauración ecológica, el ejemplo chino funciona como un recordatorio importante: recuperar bosques es una estrategia valiosa, pero hacerlo sin un análisis hidrológico profundo podría generar consecuencias inesperadas. En otras palabras, plantar árboles puede cambiar el paisaje. Pero también puede cambiar algo mucho más invisible: la forma en que el agua se mueve a través de todo un continente.

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