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Tecnología

China quiere duplicar el tamaño de Tiangong justo cuando la Estación Espacial Internacional entra en su recta final. La NASA busca evitar que Pekín se quede sola en la órbita baja

China anunció planes para ampliar su estación espacial Tiangong de tres a seis módulos, con una masa que podría pasar de 90 a 180 toneladas. El movimiento llega mientras la NASA prepara la retirada de la Estación Espacial Internacional hacia 2030 y evalúa cómo evitar un vacío de presencia humana estadounidense en la órbita baja.
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Durante décadas, la Estación Espacial Internacional fue el gran símbolo de la presencia humana permanente en la órbita baja. Un laboratorio gigantesco, construido entre varias potencias, habitado sin interrupciones y convertido en una rareza diplomática: incluso cuando la política terrestre se tensaba, la EEI seguía girando sobre nuestras cabezas. Pero esa etapa tiene fecha de caducidad. Y China parece decidida a llegar a ese momento con una estación espacial mucho más grande que la actual.

Según informó la agencia estatal Xinhua, China planea ampliar Tiangong, su estación espacial, desde la configuración actual de tres módulos hasta una arquitectura mucho más ambiciosa. La primera fase sumará un módulo multifuncional de unas 20 toneladas acoplado al módulo central Tianhe, lo que transformará la estación de su actual forma de “T” a una estructura en cruz. Más adelante, el plan contempla añadir otros dos módulos de laboratorio y llevar la masa total de la estación de unas 90 toneladas a hasta 180 toneladas.

La noticia llega en un momento especialmente delicado para Estados Unidos. La NASA mantiene el plan de retirar la Estación Espacial Internacional al final de su vida operativa, alrededor de 2030, y ya seleccionó a SpaceX para desarrollar el vehículo que permitirá desorbitarla de forma controlada. El contrato tiene un valor potencial de 843 millones de dólares, y la agencia estadounidense asumirá la propiedad del vehículo una vez desarrollado para ejecutar la maniobra final.

Tiangong quiere pasar de estación espacial a gran centro orbital

La estación china ya funciona como un laboratorio en órbita, pero Pekín sostiene que su capacidad empieza a quedarse corta. Según Xinhua, Tiangong ha desplegado hasta ahora 267 proyectos científicos y de aplicación, y solo en el último año incorporó 86 nuevos experimentos en órbita. También envió cerca de 1.179 kilos de material científico y devolvió 105 kilos de muestras experimentales, generando más de 150 terabytes de datos.

El argumento chino es sencillo: si aumentan los experimentos, las misiones tripuladas y los vuelos de carga, también hacen falta más volumen habitable, más almacenamiento, más puertos de acoplamiento y más margen operativo. Xinhua cita a Qian Hang, investigador vinculado a la industria aeroespacial china, quien explicó que una actividad más intensa podría crear “colas” para usar puertos de atraque y reducir el espacio de emergencia disponible.

Ese punto es clave. La ampliación no busca solo hacer que Tiangong pese más o se vea más impresionante en renders. También pretende aumentar la flexibilidad de la estación: permitir más naves acopladas al mismo tiempo, sumar una esclusa adicional para actividades extravehiculares y ampliar la capacidad para experimentos, reparaciones y mantenimiento en órbita.

Xuntian, el telescopio que orbitará cerca de Tiangong

China quiere duplicar el tamaño de Tiangong justo cuando la Estación Espacial Internacional entra en su recta final. La NASA busca evitar que Pekín se quede sola en la órbita baja
© Jin Liwang.

Antes incluso de que Tiangong complete esa expansión, China espera sumar una pieza especialmente importante a su ecosistema orbital: el telescopio espacial Xuntian. Según Xinhua, está previsto para 2027 y volará en una órbita cercana a la estación, aunque no permanecerá instalado de forma fija en ella. La idea es que opere separado para evitar interferencias de vibraciones o movimientos de astronautas, pero que pueda acoplarse a Tiangong cuando necesite mantenimiento.

De acuerdo con Space.com, Xuntian tendrá un espejo primario de dos metros, una cámara de 2.500 millones de píxeles y un campo de visión unas 300 veces mayor que el del Hubble. Su objetivo será cartografiar alrededor del 40% del cielo durante una misión prevista de 10 años. No será simplemente “mejor que Hubble”: jugará a otra cosa. Hubble es una herramienta extraordinaria para observar detalles concretos; Xuntian estará pensado para cubrir enormes regiones del cielo con gran eficiencia.

La conexión con Tiangong puede darle una ventaja operativa interesante. Si el telescopio puede ser revisado, reparado o actualizado por astronautas desde la estación china, Pekín tendría un observatorio espacial de gran escala integrado en una infraestructura humana permanente. Es una forma de convertir la estación no solo en un laboratorio, sino en un nodo de servicio espacial.

La EEI se acerca al final y la NASA no quiere un vacío

Mientras China agranda Tiangong, la NASA tiene su propio problema: cómo reemplazar la EEI sin perder presencia humana continua en la órbita baja. La agencia lleva años defendiendo una transición hacia estaciones espaciales comerciales, de propiedad privada, donde NASA sería uno de varios clientes. Su página oficial sobre estaciones comerciales sostiene que el objetivo es pasar de la EEI a nuevas plataformas en órbita baja “tan pronto como sea posible” y reducir el riesgo de una brecha de capacidad tripulada.

El problema es que el calendario aprieta. Un informe reciente de la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno de Estados Unidos, la GAO, advierte que NASA aún no ha finalizado su enfoque de adquisición para esa transición. También señala que la agencia trabaja con seis compañías estadounidenses en diseños de estaciones comerciales, pero que existe riesgo de una brecha si esas plataformas no están listas antes de que la EEI sea retirada.

Ese mismo informe agrega otro giro relevante: en marzo de 2026, NASA introdujo una alternativa que incluiría un módulo central de propiedad gubernamental al que luego podrían acoplarse módulos comerciales. Es decir, un esquema más híbrido que el plan original de depender casi por completo de estaciones privadas.

La competencia ahora también es por no quedarse sin estación

La tensión de fondo es evidente. China tiene una estación nacional operativa, planea hacerla más grande y quiere convertirla en un complejo orbital más versátil. Estados Unidos, en cambio, debe retirar una estación envejecida, confiar en que el sector privado llegue a tiempo y decidir si mantiene el rumbo comercial puro o recupera parte del control directo con una infraestructura gubernamental.

Según Reuters, el Senado estadounidense incluso llegó a considerar extender la vida útil de la EEI hasta 2032 para dar más tiempo a las empresas que desarrollan sustitutos comerciales. La propuesta se enmarca en una preocupación más amplia por la creciente presencia espacial de China, incluida Tiangong y sus planes de alunizaje tripulado hacia 2030.

No es una carrera espacial igual a la del siglo XX. Ya no se trata solo de plantar una bandera, lanzar el cohete más grande o alcanzar primero un destino. La competencia ahora también pasa por algo menos vistoso, pero mucho más estratégico: quién puede sostener operaciones humanas constantes, ciencia, logística, mantenimiento, diplomacia espacial y actividad comercial en órbita baja.

Tiangong todavía es mucho más pequeña que la Estación Espacial Internacional. Incluso duplicada, seguiría estando por debajo de la escala histórica de la EEI. Pero el punto no es solo el tamaño. El punto es el calendario. Si la estación internacional baja hacia el Pacífico antes de que sus reemplazos estén listos, China podría encontrarse con la plataforma estatal más importante y estable de la órbita terrestre. Y en el espacio, como en la Tierra, a veces la ventaja no la tiene quien construye lo más grande, sino quien logra que su infraestructura siga funcionando cuando la de los demás ya empezó a apagarse.

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