Durante décadas, encontrar oxígeno y agua en otros planetas fue considerado uno de los objetivos principales de la búsqueda de vida extraterrestre. Sin embargo, los avances en astrobiología están demostrando que identificar organismos fuera de la Tierra podría ser mucho más complicado.
Gracias a instrumentos como el telescopio espacial James Webb, los científicos pueden investigar la composición química de atmósferas situadas a enormes distancias. Pero existe un problema: muchos gases que asociamos con la vida también pueden producirse mediante procesos geológicos o reacciones químicas sin intervención de organismos.
Por eso, los investigadores buscan combinaciones de sustancias que permitan diferenciar un planeta potencialmente habitado de otro aparentemente similar, pero completamente estéril.
Por qué encontrar oxígeno en otro planeta no demuestra que exista vida
En la Tierra, gran parte del oxígeno atmosférico procede de la fotosíntesis realizada por plantas, algas y microorganismos.
Sin embargo, en otros mundos este gas puede generarse sin necesidad de actividad biológica. Por ejemplo, la radiación ultravioleta de una estrella puede descomponer moléculas de agua presentes en la atmósfera. Si el hidrógeno escapa al espacio, el oxígeno restante puede acumularse.
Este fenómeno representa un posible falso positivo en la búsqueda de vida extraterrestre.
Por ese motivo, detectar oxígeno u ozono no es suficiente: también resulta necesario analizar las condiciones del planeta y de su estrella.

La combinación de metano y dióxido de carbono podría ser una pista más poderosa
Una de las señales más interesantes para los astrobiólogos es la presencia simultánea de metano y dióxido de carbono en determinadas atmósferas.
El metano puede degradarse mediante procesos fotoquímicos, por lo que mantener concentraciones elevadas durante largos períodos requiere fuentes capaces de reponerlo. En la Tierra, numerosos microorganismos producen metano mediante procesos metabólicos.
Si un planeta rocoso presenta abundante metano, dióxido de carbono y cantidades relativamente bajas de monóxido de carbono, podría existir una actividad biológica responsable de mantener ese desequilibrio químico.
Sin embargo, procesos geológicos también pueden generar metano, por lo que esta combinación debe interpretarse considerando las características del planeta.
Los extraños gases que podrían revelar organismos en mundos helados
Los científicos también investigan otras moléculas que podrían funcionar como posibles biofirmas.
Una de ellas es el dimetilsulfuro (DMS), una sustancia producida en la Tierra principalmente por organismos marinos.
Otro candidato es el óxido nitroso, relacionado con la actividad de microorganismos que participan en el ciclo del nitrógeno. También se estudian gases como la fosfina y el amoníaco, cuyas concentraciones podrían aportar información sobre determinados ambientes planetarios. No obstante, ninguno constituye una prueba definitiva de vida, ya que sus posibles fuentes no biológicas y las condiciones necesarias para detectarlos todavía son objeto de investigación.
En mundos cubiertos de hielo, además, una eventual biosfera subterránea podría resultar especialmente difícil de identificar desde grandes distancias.

El verdadero secreto para encontrar vida extraterrestre podría estar en el desequilibrio químico
La astrobiología moderna está dejando atrás la idea de que una sola molécula pueda confirmar la existencia de organismos extraterrestres. La estrategia consiste en analizar varias señales simultáneamente, incluyendo la temperatura planetaria, la radiación estelar y la composición de la atmósfera.
El objetivo es determinar si las sustancias detectadas pueden explicarse mediante procesos naturales conocidos o si existe alguna actividad adicional que justifique su presencia. Aunque todavía no se ha confirmado vida fuera de la Tierra, estos métodos ofrecen nuevas herramientas para investigar exoplanetas fríos y templados.
El próximo gran descubrimiento podría no comenzar con una señal espectacular, sino con una combinación de gases que los científicos no consigan explicar fácilmente mediante procesos no biológicos.