Hace unos 150 millones de años, cuando los dinosaurios dominaban los ecosistemas terrestres, algunas criaturas emplumadas comenzaban a desarrollar características que terminarían transformando la historia de los vertebrados: las alas y la capacidad de volar. Durante mucho tiempo, los paleontólogos imaginaron aquel proceso como una evolución progresiva hacia animales cada vez mejor adaptados al cielo. Pero en el sureste de China acaba de aparecer un fósil que no encaja demasiado bien en esa historia.
Se trata de Yuezhuornis yangyuanensis, una especie desconocida hasta ahora que combinaba dientes de dinosaurio carnívoro, patas adaptadas para correr y unas extremidades anteriores tan pequeñas que difícilmente podían sostener un vuelo activo.
Lo sorprendente es que este animal pertenecía al linaje evolutivo de las aves, pese a que su anatomía parece indicar que pasaba la vida en el suelo. El descubrimiento, presentado este 14 de octubre en un estudio publicado en Nature, sugiere que la evolución de las primeras aves fue mucho más diversa de lo que se pensaba.
Una criatura que parecía mitad ave y mitad dinosaurio
El fósil fue descubierto en 2024 en la provincia china de Fujian, dentro de la denominada fauna de Zhenghe, un conjunto de yacimientos que está proporcionando información excepcional sobre los animales del Jurásico tardío.
Los investigadores del Instituto de Paleontología de Vertebrados y Paleoantropología de la Academia China de Ciencias identificaron un esqueleto incompleto, pero suficientemente conservado para estudiar el cráneo, las extremidades, la pelvis y parte de la cola.
El ejemplar tenía aproximadamente el tamaño de un cuervo y vivió entre 150 y 148 millones de años atrás. Su anatomía resultó desconcertante. Presentaba estructuras pélvicas semejantes a las de las aves, pero conservaba dientes serrados y muy próximos entre sí, característicos de algunos dinosaurios depredadores. También poseía un segundo dedo del pie capaz de extenderse considerablemente, equipado con una garra curvada similar a las de ciertos dromeosáuridos, el grupo al que pertenecía Velociraptor.
Estas características sugieren que podría haber sido un pequeño depredador terrestre, adaptado para desplazarse sobre dos patas y capturar presas. Sin embargo, todavía no se conoce con exactitud su dieta ni cómo utilizaba sus garras.
Tenía características de ave, pero su cuerpo contaba una historia diferente

Para determinar cómo se desplazaba, los científicos compararon las proporciones de sus extremidades con las de otras aves primitivas, dinosaurios emplumados y especies actuales. Los resultados mostraron que sus brazos eran demasiado cortos en relación con las patas para corresponder a un animal adaptado al vuelo sostenido. Su estructura corporal se parecía más a la de determinadas aves terrestres modernas y pequeños dinosaurios corredores.
El equipo también realizó análisis filogenéticos para establecer su posición en el árbol evolutivo. Los resultados situaron a Yuezhuornis dentro de Avialae, el grupo que incluye a las aves modernas y a sus parientes extintos más próximos, cerca de las primeras ramificaciones del linaje. Aquí aparece la gran incógnita: ¿sus antepasados habían desarrollado la capacidad de volar y posteriormente la perdieron, o este animal pertenecía a una rama que nunca llegó a adquirirla plenamente?
Ambas posibilidades tienen consecuencias importantes. Si perdió el vuelo, demostraría que algunas aves primitivas abandonaron esa capacidad mucho antes de lo esperado. Si nunca voló, indicaría que determinadas características anatómicas de las aves aparecieron por razones distintas a la necesidad de elevarse del suelo.
El origen de las aves comienza a parecerse menos a una escalera evolutiva
Durante décadas, Archaeopteryx, descubierto en Alemania durante el siglo XIX, fue una referencia fundamental para comprender la transición entre dinosaurios y aves. Con aproximadamente 150 millones de años, combinaba dientes, garras y una larga cola ósea con alas emplumadas que posiblemente le permitían realizar algún tipo de vuelo. Pero los descubrimientos recientes están mostrando que aquella transición no siguió una única trayectoria.
En 2025, otro fósil chino, Baminornis zhenghensis, reveló que algunas aves ya habían desarrollado colas cortas y otras características relativamente modernas durante el Jurásico. Ahora, Yuezhuornis añade una pieza diferente: un representante temprano del linaje aviar cuya anatomía estaba orientada hacia la vida terrestre.
Los investigadores consideran que estos hallazgos muestran una evolución ramificada, con animales que exploraron distintas formas de desplazamiento y ocuparon nichos ecológicos muy diferentes. Eso no significa que el nuevo fósil resuelva definitivamente cuándo apareció el vuelo ni cuántas veces evolucionó de manera independiente. Pero sí cuestiona la idea de que todos los cambios anatómicos de las primeras aves estuvieran dirigidos exclusivamente a mejorar su capacidad de volar.
Hace 150 millones de años, mientras algunas criaturas emplumadas experimentaban con el cielo, otras parecían estar encontrando oportunidades evolutivas sin necesidad de abandonarlo todo para despegar.