Una capa de invisibilidad ya no pertenece exclusivamente al terreno de la ciencia ficción. Un equipo de investigadores de Estados Unidos y Dinamarca consiguió desarrollar una estructura tridimensional capaz de ocultar objetos frente a determinados sistemas de detección térmica, incluso cuando el calor llega desde diferentes direcciones. Lo más sorprendente es que el dispositivo no necesita enfriar el objeto ni bloquear completamente la energía: utiliza una arquitectura diseñada para conducir el calor a su alrededor, de manera que el patrón de temperaturas observado desde el exterior apenas revela su presencia.
El avance, publicado en Nature Communications, fue desarrollado por científicos de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign y la Universidad Técnica de Dinamarca. Según explica la propia universidad, la tecnología permite superar una limitación histórica de estos dispositivos: las versiones anteriores funcionaban principalmente en dos dimensiones o dependían de la dirección desde la que llegaba el calor.
Una estructura impresa en 3D consigue que el calor rodee los objetos sin revelar su presencia

El principio de funcionamiento consiste en manipular la conducción térmica, es decir, la manera en que el calor se desplaza a través de los materiales. Normalmente, cuando un objeto interrumpe ese flujo, altera la distribución de temperaturas de su entorno. Esa perturbación puede convertirse en una pista para identificarlo mediante instrumentos sensibles al calor. Los investigadores buscaron eliminar precisamente esa señal, construyendo una especie de envoltura que obliga al calor a circular alrededor del objeto antes de continuar su recorrido.
Para conseguirlo, diseñaron una estructura interna compuesta por una red de aluminio impresa en 3D y un material flexible conocido como polidimetilsiloxano (PDMS), una silicona con propiedades térmicas muy diferentes a las del metal. La combinación permite controlar la conductividad del conjunto según la dirección, algo fundamental para reproducir el comportamiento previsto por la teoría de transformación térmica.
De acuerdo con los resultados experimentales, los científicos construyeron un prototipo con una cavidad interior semejante a una manzana y una envoltura exterior con forma de pera. Aunque parezca una elección curiosa, las geometrías permitieron comprobar que el mecanismo no necesitaba formas perfectamente esféricas para funcionar.
Durante las pruebas colocaron el dispositivo entre una placa calentada a 40 °C y otra enfriada con agua helada. Después de 60 minutos, una cámara infrarroja registró cómo el calor se distribuía alrededor de la estructura. Las imágenes mostraron que las líneas de temperatura mantenían un patrón casi uniforme en el exterior, mientras que la región protegida experimentaba variaciones térmicas mucho menores.
La tecnología podría proteger microchips y equipos sensibles, pero todavía tiene un desafío importante

El resultado abre posibilidades que van bastante más allá de ocultar objetos. Como recoge ScienceDaily, las estructuras podrían utilizarse para proteger componentes electrónicos frente a temperaturas extremas, controlar mejor el calor dentro de los dispositivos y desarrollar nuevos sistemas de gestión térmica para microchips.
Los investigadores también exploraron diseños de mayor complejidad, incluidos modelos tridimensionales con formas de rostros humanos. Mediante simulaciones comprobaron que podían adaptar la distribución interna de los materiales para mantener el efecto de camuflaje en geometrías irregulares. Sin embargo, esas pruebas no equivalen a haber ocultado experimentalmente el calor de una persona.
Existe además una limitación fundamental: el prototipo todavía no está preparado para esconder objetos que generan su propio calor, como un cuerpo humano o un dispositivo electrónico encendido. Por ahora, su eficacia demostrada se concentra en redirigir flujos térmicos externos. El siguiente desafío consiste en desarrollar estructuras capaces de controlar también el calor producido dentro de la región protegida.

La investigadora Xiaojia Shelly Zhang explicó en el comunicado oficial de la Universidad de Illinois que el siguiente paso será crear dispositivos que no se limiten a ocultar y proteger, sino que puedan manipular activamente el calor para aprovecharlo en diferentes aplicaciones.
El descubrimiento todavía está lejos de convertirse en una capa de invisibilidad que alguien pueda ponerse, pero demuestra algo importante: es posible construir materiales tridimensionales que alteren deliberadamente la manera en que el calor revela la presencia de los objetos. Y esa capacidad podría resultar tan valiosa para la electrónica del futuro como para los sistemas de camuflaje térmico.