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Ciencia

Los muebles y artículos ergonómicos de oficina son ante todo una moda y no resuelven mucho

Los científicos buscaron pruebas de que los costosos muebles sean beneficiosos, pero no encontraron demasiado.
Por Matthew Phelan Traducido por

Tiempo de lectura 4 minutos

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Hoy, algunas de las preguntas más acuciantes de la sociedad giran en torno al eje de las políticas públicas y la responsabilidad personal. Reciclar plástico es algo bueno para el medio ambiente, además de por supuesto constituir un deber cívico. Pero según informes pasados de PBS y NPR, también es una situación establecida que las mismas compañías productoras de plástico han estado promoviendo desde la década de 1970 con el fin de evitar regulaciones que limiten el uso de plásticos de uso único, poniendo así la responsabilidad de la industria sobre los hombros de los consumidores.

¿Existe la posibilidad, entonces, de que la mala postura ante el escritorio, o las lesiones reiteradas por la labor sedentaria sean más un problema sistémico que una cuestión de tus fallos personales. Es una pregunta espinosa y retórica que tal vez no tenga respuesta, pero está en el centro del problema de los muebles ergonómicos. Afortunadamente, unos fisioterapeutas de la Universidad de Tecnología de Sídney en Australia (UTS) decidieron echarle una mirada integral a la eficacia de los muebles ergonómicos en términos de la salud ocupacional. Publicaron sus resultados el miércoles en la Base de Datos Cochrane de Revisiones Sistemáticas, y hallaron que “las intervenciones ergonómicas”, no parecen tener “efectos significativos en el dolor, la función la recuperación la calidad de vida o los resultados (ausentismo) en comparación con la ausencia de cuidado o tratamiento”.

“Al ver los mejores ensayos disponibles, las intervenciones ergonómicas no marcaban ninguna diferencia”, dijo en declaraciones la autora principal, fisioterapeuta de la UTS Poonam Mehta. Mehta y sus colegas analizaron 20 estudios sobre este problema, que incluyeron a 2.4478 participantes afectados por lesiones relacionadas con su trabajo, en brazos, cuello y hombros”.

“La certeza de esa evidencia es entre leve y moderada, por lo que constituye una clara señal de que el argumento en favor de esas intervenciones es más débil de lo que muchos suponen”, dijo Mehta, conferencista de la Facultad de Salud de la UTS.

Postura simple

La revisión de Mehta y sus colegas para Cochrane fue de 13 estudios que ya se habían usado en una revisión anterior de 2013, ahora actualizados con siete estudios nuevos y dos artículos adicionales relacionados con hallazgos de esos 13 estudios. Casi toda la investigación que analizó el equipo había sido con participantes que sufrían problemas de brazos, cuello y hombros, pero cuatro de los estudios se centraban en algo específico como el síndrome del túnel carpiano.

A partir de esos datos los investigadores sintieron que podían afirmar con moderada certeza que las intervenciones ergonómicas parecían no marcar casi diferencia en el ausentismo por lesiones y afecciones al compararlo con quienes no recibieron tratamiento. También sintieron moderada certeza en que dichas intervenciones no eran mejores que la espera de una forma alternativa de atención.

La literatura existente sobre ergonomía les hizo sentir menos certeza aún sobre si las “ayudas” ergonómicas como los diseños de escritorio para trabajar de pie, o el mouse vertical, reducían el dolor o cambiaban la necesidad de consultas médicas.

Parte del problema, según el coautor del trabajo Peter Stubbs que también es fisioterapeuta de la UTS, era sencillamente el deseo de ver mejoras por parte de los diseñadores de esos estudios anteriores. Stubbs dijo que “los fallos metodológicos y el alto riesgo de sesgo reducen la confianza en los resultados”.

El mobiliario

En lugar de sencillamente dar por sentado que los muebles ergonómicos y el entrenamiento de la postura no ofrecen beneficios a quienes sufren de dolores y afecciones ocupacionales, Mehta espera que los resultados del equipo incentiven a sus pares para seguir investigando más rigurosamente.

“Necesitamos más evidencia para confirmarlo porque no hay mucha investigación de calidad en este tema”, aconsejó Mehta. Por ejemplo, no hay datos sobre si los ajustes ergonómicos resuelven problemas en el lugar de trabajo más allá del ausentismo, como quizá el rendimiento o satisfacción de la persona.

Mehta y sus coautores, según el comunicado de prensa de Cochrane, siguen sosteniendo la posibilidad de que las estrategias ergonómicas “tengan valor para subgrupos específicos o como parte de algún programa más amplio de rehabilitación o prevención en el lugar de trabajo”. Si se llega a esos resultados en el futuro por cierto resultaría de consuelo para los ejecutivos que ya han dedicado importantes recursos a la compra de grandes cantidades de sillas ergonómicas, teclados divididos, y sesiones corporativas para entrenar a las personas en una buena postura corporal”.

“Las intervenciones ergonómicas pueden ser un peso económico importante para las organizaciones. Los empleadores tal vez deban sopesar su conveniencia con respecto al costo”, señaló Mehta.

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