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Ciencia

Científicos descubren que el fondo de las lagunas puede quedarse sin oxígeno aunque el agua de la superficie parezca saludable

Un estudio realizado en Florida con 80 sensores submarinos reveló que las lagunas poco profundas pueden esconder zonas con niveles peligrosamente bajos de oxígeno cerca del fondo. Los investigadores descubrieron que las mediciones tradicionales no siempre detectan este fenómeno, que podría afectar a numerosas especies y alterar el equilibrio de los ecosistemas acuáticos.
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Una laguna puede parecer completamente saludable desde la superficie, pero esconder condiciones muy diferentes bajo el agua. Un nuevo estudio científico descubrió que el oxígeno disponible cerca del fondo puede ser considerablemente menor que el registrado a profundidades intermedias, incluso cuando el agua parece encontrarse en buenas condiciones.

La investigación se realizó en Banana River, una laguna costera de Florida, Estados Unidos, donde científicos instalaron una extensa red de sensores para analizar cómo cambia el oxígeno disuelto a lo largo del tiempo.

Los resultados revelaron diferencias importantes que podrían modificar la manera en que se monitorea la salud de los ecosistemas acuáticos.

Una red de 80 sensores reveló lo que ocurre bajo el agua

Para desarrollar el estudio, los investigadores instalaron 80 sensores a pocos centímetros del sedimento y recopilaron mediciones cada hora entre julio de 2024 y junio de 2025.

Posteriormente, compararon los registros con los obtenidos por un dispositivo ubicado a media profundidad. Los resultados mostraron que, en promedio, la concentración de oxígeno junto al fondo era 0,7 miligramos por litro menor que en las zonas superiores.

Esta diferencia resulta importante porque muchas especies dependen del oxígeno disuelto para sobrevivir.

Cuando sus niveles disminuyen considerablemente, se produce un fenómeno conocido como hipoxia, que puede afectar a peces, crustáceos y otros organismos acuáticos.

El sedimento puede convertirse en una zona con poco oxígeno

Los investigadores descubrieron que las condiciones más desfavorables aparecían principalmente en sectores donde se acumulaban sedimentos finos y grandes cantidades de materia orgánica.

En estas áreas, los microorganismos consumen oxígeno mientras descomponen los restos orgánicos.

Además, cuando los sedimentos pierden oxígeno, pueden liberar nutrientes hacia el agua, favoreciendo el crecimiento de algas.

Este proceso puede generar un círculo difícil de interrumpir: el aumento de materia orgánica intensifica su descomposición, lo que incrementa el consumo de oxígeno y puede agravar las condiciones del ecosistema.

Sin embargo, no todos los sectores de la laguna presentaron el mismo comportamiento.

Las áreas con fondos arenosos registraron menos episodios de hipoxia y variaciones diarias más moderadas.

El viento también influye en la cantidad de oxígeno

Otro hallazgo importante estuvo relacionado con las condiciones meteorológicas.

Los investigadores observaron que los vientos moderados favorecían la mezcla del agua, transportando oxígeno hacia las zonas próximas al sedimento. Cuando el viento aumentaba, las concentraciones de oxígeno tendían a aproximarse a los niveles de equilibrio con la atmósfera.

No obstante, este fenómeno no representa una solución permanente, ya que la actividad biológica y las características del fondo continúan influyendo en la disponibilidad de oxígeno.

Por qué este descubrimiento podría cambiar el monitoreo de las lagunas

Tradicionalmente, muchos estudios sobre calidad del agua utilizan sensores ubicados a profundidades intermedias. Sin embargo, los resultados sugieren que este procedimiento puede pasar por alto episodios de hipoxia concentrados cerca del sedimento.

Esto significa que un ecosistema podría presentar problemas ambientales importantes sin que las mediciones habituales los detecten completamente.

Aunque el estudio se limita a una laguna subtropical y a un año de observaciones, sus conclusiones muestran la importancia de ampliar los sistemas de monitoreo.

Comprender lo que sucede en el contacto entre el agua y el fondo podría ser fundamental para detectar amenazas tempranas, proteger la biodiversidad y mejorar la conservación de los ecosistemas acuáticos.

 

 

Fuente: Ciencia.Uy

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