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Ciencia

Un corazón trasplantado puede “ajustar” parte de su edad biológica al cuerpo que lo recibe

Un estudio en ratones y una pequeña serie de trasplantes humanos sugiere que la edad biológica de un corazón trasplantado no permanece completamente fija. Algunas señales moleculares del órgano parecen acercarse a la edad del receptor, aunque todavía no está claro qué significa esto para su funcionamiento a largo plazo.
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Un corazón trasplantado conserva la edad cronológica de la persona que lo donó. Pero su edad biológica podría ser más flexible de lo que se pensaba.

Un nuevo estudio publicado como preprint en bioRxiv sugiere que, después del trasplante, determinadas señales moleculares de envejecimiento del corazón comienzan a parecerse más a las del organismo que lo recibe.

El resultado plantea una idea llamativa: un órgano viejo podría adquirir señales biológicas más jóvenes dentro de un receptor joven, mientras que uno joven podría envejecer más rápido si se implanta en un organismo mayor.

La edad biológica no es lo mismo que la edad cronológica

La edad cronológica simplemente indica cuánto tiempo ha pasado desde el nacimiento.

La edad biológica intenta estimar el estado de envejecimiento de células y tejidos mediante biomarcadores. En este trabajo, los investigadores utilizaron especialmente la metilación del ADN, pequeñas modificaciones químicas que cambian con la edad y permiten construir los llamados relojes epigenéticos.

Estos relojes no indican literalmente cuántos años “tiene” un órgano, sino cuánto se parece su patrón molecular al de tejidos de determinadas edades.

Corazones jóvenes envejecieron más rápido en ratones viejos

El equipo realizó trasplantes cardíacos entre ratones jóvenes, de mediana edad y viejos.

Entre cuatro y seis meses después de la operación, analizó los corazones trasplantados y los comparó con los tejidos originales de los receptores.

Los resultados fueron claros.

Los corazones jóvenes implantados en animales viejos mostraron patrones de metilación compatibles con un envejecimiento acelerado. En sentido contrario, los corazones viejos colocados en receptores jóvenes presentaron señales asociadas con rejuvenecimiento. Los cambios también aparecieron en la actividad de genes relacionados con procesos como el metabolismo mitocondrial y la producción de energía celular.

El efecto quedó concentrado en el órgano trasplantado

Una de las observaciones más interesantes fue que el corazón no parecía modificar de manera importante la edad biológica del resto del organismo.

Los investigadores analizaron sangre, hígado y el corazón original de los ratones receptores. No encontraron cambios consistentes comparables a los observados en el injerto.

Eso sugiere que es principalmente el entorno del receptor el que modifica al órgano trasplantado, y no al revés.

En humanos apareció un patrón similar

El equipo también estudió biopsias de 11 personas que habían recibido corazones de donantes con grandes diferencias de edad.

Las diferencias entre donante y receptor iban desde 24 años en una dirección hasta 50 años en la otra.

Los relojes epigenéticos mostraron que la edad biológica de los corazones trasplantados estaba más relacionada con la edad del receptor que con la del donante. Además, al analizar datos funcionales de cientos de pacientes, algunas características del corazón al año del trasplante se asociaron más con la edad de quien recibió el órgano. No todas las medidas siguieron ese patrón.

¿Podría permitir utilizar corazones de donantes mayores?

Esa es una de las posibilidades más interesantes.

La escasez de órganos continúa siendo uno de los principales límites de los trasplantes. Si se confirma que ciertos corazones de donantes mayores pueden recuperar parte de sus características biológicas cuando se implantan en receptores más jóvenes, podría abrirse la puerta a revisar algunos criterios de selección.

Pero todavía es pronto.

El trabajo aún no ha pasado por revisión por pares y la parte humana incluyó solo 11 biopsias. Además, rejuvenecer determinados marcadores epigenéticos no significa reparar todos los daños acumulados por un órgano durante décadas. Por ahora, el estudio muestra algo más fundamental: la edad biológica de un tejido no parece depender únicamente de su propia historia.

El cuerpo que lo rodea también puede modificarla.

 

 

Fuente: Ciencia.Uy

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