En septiembre de 2021 el volcán Tajogaite entró en erupción en La Palma y durante 85 días cubrió miles de hectáreas con lava, destruyó miles de estructuras y formó nuevos tubos de lava, pasajes subterráneos creados cuando la superficie de la lava se solidifica mientras el material fundido sigue fluyendo por dentro. Esos tubos son, en el momento en que quedan vacíos, entornos completamente estériles: sin suelo, sin vegetación, sin nada vivo. Un equipo de científicos españoles y portugueses decidió estudiarlos casi desde el principio, y lo que encontraron tiene implicaciones que van mucho más allá de La Palma.
Los tubos de lava como «mundo recién nacido»: muestreo a 60 grados en el aire y 90 en las rocas

El equipo, integrado por el Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Sevilla (IRNAS-CSIC), el Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC), las universidades de Almería y Huelva, la Universidad de Évora de Portugal y el INESCTEC portugués, accedió a los tubos de lava entre uno y dos años después de la erupción, cuando las condiciones seguían siendo extremas. En algunas zonas, la temperatura del aire alcanzaba los 60 grados centígrados y la superficie de las rocas superaba los 90 grados.
El equipo realizó tres campañas de muestreo y combinó el análisis del ADN de los microorganismos con el estudio de los minerales y las condiciones ambientales de cada zona. Tal como sugiere el estudio publicado en Environmental Microbiome, los investigadores pudieron observar casi desde el inicio cómo comienza la vida en un entorno completamente nuevo y estéril, un laboratorio natural para estudiar los límites de la vida en condiciones extremas.
Cómo llegaron los primeros seres vivos: aerosoles, esporas y animales como vectores

La investigación demuestra que los primeros microorganismos en colonizar los tubos de lava no se generaron espontáneamente ni sobrevivieron a la erupción. Llegaron desde el exterior, transportados principalmente por el aire en forma de aerosoles y esporas, y en menor medida asociados a animales como aves, roedores e insectos que exploraron los tubos en sus primeras etapas. Esos aportes introducen materia orgánica en el entorno inicialmente estéril y favorecen la aparición de las primeras comunidades biológicas.
Los factores que determinan cuáles de esos microorganismos logran establecerse y sobrevivir son la temperatura, la salinidad, la ventilación y la composición mineral de la zona. Cada tubo presenta condiciones ligeramente distintas, y esa variación produce comunidades microbianas diferentes según el microambiente.
Los microorganismos no solo sobreviven: modifican los minerales y comienzan a formar suelo
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que estos primeros colonizadores no son pasivos en el entorno. A través de la formación de biopelículas sobre las rocas, modifican los minerales y favorecen procesos que constituyen los primeros pasos para la formación de suelo fértil. Es el inicio, observable en tiempo real, de la cadena que lleva de una roca volcánica estéril a un ecosistema funcional.
Por qué importa para Marte: tubos de lava subterráneos como posibles refugios de vida
Marte tiene tubos de lava. Son estructuras conocidas en la superficie marciana desde hace décadas, y algunos científicos los proponen como los entornos más prometedores para buscar vida o para albergar futuras bases humanas, porque ofrecen protección frente a la radiación ultravioleta y las temperaturas extremas de la superficie. El problema es que no tenemos forma de muestrearlos con la tecnología actual. Los tubos de lava del Tajogaite ofrecen el modelo más cercano disponible: estructuras recientes, en condiciones extremas, donde se puede estudiar en tiempo real cómo llegan y se establecen los primeros microorganismos. Los resultados del estudio ayudan a definir cómo podrían surgir, evolucionar y mantenerse comunidades biológicas en entornos subterráneos de Marte.