¿A qué velocidad se mueve la muerte? La respuesta es que se mueve bastante lento, solo que no nos referimos a la parca con su túnica negra y su guadaña, sino a la muerte celular, un proceso fascinante que dos científicos de Stanford han logrado medir por primera vez.

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La muerte celular no es un proceso tan malo como sugiere su nombre. A veces las células no mueren por enfermedades o factores externos sino que se autodestruyen, y generalmente lo hacen por el bien del organismo. Cada día mueren dentro de nuestro organismo miles de millones de células que dejan paso a otras nuevas. El proceso se llama apoptosis o suicidio celular programado, pero ¿Cómo se suicida una célula y por qué lo hace?

El cómo siempre es el mismo. La célula no explota ni nada parecido. Eso podría dañar a las que tiene alrededor. Lo que hace más bien es implosionar de manera ordenada, colapsando su propia estructura y empaquetándola en pequeños fragmentos fáciles de limpiar para el resto del organismo.

El por qué es más complicado. La autodestrucción puede responder a estímulos internos o externos. Este último caso tiene lugar cuando células del sistema inmune como los linfocitos detectan que hay una infección vírica en una célula y le transmiten a esta la orden de autodestruirse.

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El segundo tipo de estímulo sucede, por ejemplo, dentro del útero materno cuando los dedos del bebé se separan para desarrollar las manos. Las células que mantienen unidos los dedos se autodestruyen para poder separarlos. También ocurre cuando una célula es demasiado vieja y su ADN tiene ya excesivas mutaciones. Antes de que esas mutaciones alteren el correcto funcionamiento de la célula, esta prefiere autodestruirse por el bien común.

Sí, el suicidio celular es uno de los trucos que tiene nuestro organismo para evitar la aparición de tumores. Por supuesto, el proceso dista mucho de ser perfecto. A veces las células enfermas no se sacrifican como debieran o lo hacen las sanas. Entender cómo funciona este proceso es crucial para combatir decenas de enfermedades desde el propio cáncer hasta otras dolencias degenerativas com el Párkinson.

Los biólogos de Stanford Xianrui Cheng y James Ferrell llevan años estudiando el proceso por el que una célula da la orden de autodestruirse y han logrado medir a qué velocidad se mueve este estímulo dentro de la célula y de unas células a otras. La señal viaja a solo 30 micrómetros por minuto. Un micrómetro es la millonésima parte de un metro o la milésima parte de un milímetro. Traducido a algo más sencillo de entender, la muerte se mueve a 2 milímetros por hora, lenta, pero inexorablemente. [Science vía The Guardian]