La imagen, a simple vista, no parece anunciar una revolución médica: un lechón nacido en abril en las instalaciones de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Buenos Aires, en el barrio porteño de Agronomía. Pero ese animal no es un cerdo más. Según informó UBA Ciencia, el 8 de abril de 2026 nació el primer cerdo clonado de América Latina con tres modificaciones genéticas adaptadas para futuros xenotrasplantes. La propia universidad lo presenta como el tercero de este tipo en el mundo y el primero de la región.
El desarrollo fue realizado por un consorcio integrado por la UBA, el Instituto de Investigaciones Biotecnológicas de la Universidad Nacional de San Martín y la startup biotecnológica Crofabiotech. De acuerdo con Noticias UNSAM, la empresa incubada en esa universidad logró el nacimiento del animal a partir de una línea celular modificada con CRISPR-Cas9, una herramienta de edición génica utilizada para desactivar tres genes asociados al rechazo inmunológico.
Un cerdo pensado para esquivar el rechazo más inmediato

La palabra clave es xenotrasplante. La FDA define esta práctica como cualquier procedimiento que implique trasplantar, implantar o infundir en un receptor humano células, tejidos u órganos vivos procedentes de una fuente animal no humana. El organismo estadounidense también recuerda que el interés por esta tecnología está ligado a un problema muy concreto: la demanda de órganos humanos supera ampliamente la oferta disponible.
En este caso, el equipo liderado por Adrián Mutto en la UNSAM trabajó sobre tres genes: GGTA1, CMAH y B4GalNT2. Son genes involucrados en señales moleculares que pueden disparar una respuesta inmunológica agresiva cuando un órgano porcino entra en contacto con un organismo humano. Su inactivación da lugar a lo que en la jerga científica se conoce como “triple knockout”. Según la UNSAM, esta modificación es clave para reducir el rechazo hiperagudo, uno de los grandes obstáculos de los xenotrasplantes.
El objetivo no es convertir al cerdo en un animal “humano”, sino hacer que sus órganos resulten menos visibles para el sistema inmunológico del receptor. Dicho de otra forma: desactivar algunas de las alarmas biológicas que provocarían que el cuerpo humano ataque el órgano trasplantado casi de inmediato.
Por qué los cerdos están en el centro de esta carrera médica
La elección del cerdo no es casual. UBA Ciencia señala que estos animales son uno de los principales candidatos para esta línea de investigación porque presentan similitudes anatómicas y fisiológicas con los humanos, además de una alta capacidad reproductiva.
Esa idea también aparece en la literatura científica internacional. Un artículo publicado en International Journal of Surgery, disponible en ScienceDirect, sostiene que los cerdos representan una fuente alternativa de órganos para humanos y que las nuevas tecnologías están facilitando su modificación genética para resistir mejor la respuesta inmune humana.
Pero incluso con esas ventajas, la compatibilidad no viene de fábrica. Por eso la edición genética se volvió el corazón de esta carrera. No alcanza con que el órgano tenga un tamaño parecido o una función similar: también debe superar una barrera inmunológica que, sin modificaciones, podría destruirlo en minutos.
La parte menos visible: llevar el embrión editado hasta el nacimiento

La UNSAM y Crofabiotech desarrollaron la etapa molecular y de clonación, pero el tramo reproductivo quedó en manos de la UBA. Según detalló UBA Ciencia, el equipo de la Facultad de Veterinaria preparó a la cerda receptora, realizó la implantación embrionaria, siguió la gestación y acompañó el nacimiento del primer lechón. Para hacerlo, implantaron 120 embriones editados mediante una técnica quirúrgica poco invasiva.
“Somos los responsables del mantenimiento de la gestación y el parto, es decir, somos el eslabón final del proyecto, pero también el inicio de la etapa de crianza de los lechones”, explicó Marcelo Acerbo, veterinario especialista en reproducción porcina y profesor de la Facultad de Veterinaria de la UBA, en declaraciones recogidas por la universidad.
La diferencia con una inseminación artificial convencional es importante. En este caso no se introdujeron espermatozoides para que fecundaran óvulos dentro del animal, sino embriones ya fecundados, clonados y editados en laboratorio. Según UBA Ciencia, el equipo utilizó una técnica de precisión para acceder por la bolsa ovárica y depositar los embriones a través del oviducto, evitando incisiones directas en el útero que pudieran afectar la implantación.
La urgencia detrás del experimento
El avance tiene sentido dentro de un problema médico enorme: faltan órganos. Según los datos del INCUCAI citados por UBA Ciencia, más de 7.000 personas necesitan un trasplante urgente en Argentina. La misma fuente indica que, al momento de la publicación, se habían realizado alrededor de 900 trasplantes en el país durante 2026 y que había nueve donantes por cada millón de habitantes.
A escala global, la Organización Mundial de la Salud advierte que el trasplante de células, tejidos u órganos es muchas veces la mejor, e incluso la única, vía para salvar vidas, pero también señala que el acceso a estos procedimientos sigue siendo muy desigual entre países. La OMS menciona además que alternativas como los xenotrasplantes o los materiales bioingenierizados avanzan en investigación, aunque todavía no reemplazan a la donación humana.
Esa cautela es clave. El nacimiento del lechón no significa que los trasplantes de órganos porcinos en humanos estén a la vuelta de la esquina. Es una plataforma experimental, no una terapia disponible.
Lo que viene ahora

Según UBA Ciencia, el equipo ya cuenta con dos cerdas preñadas con nuevos clones en desarrollo. La siguiente etapa será sumar más modificaciones genéticas, incluyendo siete genes adicionales para aumentar la compatibilidad de los órganos porcinos con potenciales receptores humanos.
Entre esas futuras modificaciones aparece también el bloqueo de hormonas de crecimiento. La razón es práctica: órganos como el corazón o el hígado de un cerdo adulto pueden alcanzar tamaños que exceden lo que el cuerpo humano puede recibir. Acerbo explicó a la UBA que esa intervención permitiría moldear y adaptar el tamaño de los órganos para que sean funcionales en un eventual trasplante.
La UNSAM, por su parte, remarca que este nacimiento habilita el inicio de estudios preclínicos, una etapa indispensable antes de cualquier aplicación clínica. Mutto lo definió como una forma de validar la plataforma tecnológica de edición genética y clonación, y como un paso necesario para verificar con datos si las modificaciones realizadas sirven para evitar el rechazo hiperagudo.
Un pequeño animal dentro de una carrera enorme
El valor del avance no está solo en el nacimiento del lechón, sino en todo lo que hizo falta para llegar ahí: edición génica, clonación, reproducción porcina, cirugía veterinaria, inmunología, bioseguridad y medicina traslacional. No se trata únicamente de apagar tres genes. Se trata de construir una cadena científica capaz de producir animales modificados con fines biomédicos.
En Estados Unidos y China, los xenotrasplantes ya empezaron a salir del terreno puramente teórico con procedimientos experimentales y ensayos muy controlados. The Guardian, por ejemplo, informó en 2025 sobre el trasplante de un pulmón de cerdo modificado genéticamente a un receptor humano con muerte cerebral en China, un procedimiento que permitió estudiar durante nueve días el funcionamiento del órgano y la ausencia de rechazo hiperagudo.
Por ahora, este lechón no es una solución médica. Es una señal. Una prueba de concepto viva que apunta hacia una pregunta que la medicina lleva décadas intentando responder: qué pasa si, algún día, los órganos que faltan no dependen solo de la donación humana, sino también de nuestra capacidad para diseñarlos.