Image: WC

Mucha gente en Estados Unidos va a perder una media de 40 minutos de sueño el próximo fin de semana. ¿La razón? El domingo se produce el cambio de horario que “elimina” una hora, los relojes se adelantan 60 minutos en lo que se denomina horario de verano. ¿Cómo puede llegar a afectar al organismo?

En primer lugar, y por si existe alguien que todavía no lo sepa, la medida, largamente debatida, se lanzó para aprovechar la luz diurna. De esta forma, los relojes se adelantan una hora a principios de la primavera, y se retrasan de nuevo en otoño.

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¿Por qué? El horario de verano se preparó originalmente como una forma de ahorrar energía, y se implementó durante la Primera Guerra Mundial en Alemania, aunque realmente comenzó a extenderse tras la crisis del petróleo en 1974. Las ventajas de este cambio son variadas para sus partidarios: ese ahorro de energía (reduciendo el uso artificial), beneficio del comercio, posible disminución de los accidentes de tráfico o la práctica de muchos deportes que necesitan de luz natural.

Sin embargo, no son pocos los que dudan que los beneficios sean menores que los inconvenientes. De hecho, cada año, el lunes después del cambio de primavera que tendrá lugar este domingo, estudios en Estados Unidos señalan que los hospitales tienen un aumento del 24% en las visitas de ataque cardíaco en todo el país.

Puede ser una coincidencia, pero los propios médicos ven la tendencia opuesta en el otoño: el martes después de atrasar los relojes, las visitas de ataque cardíaco caen un 21% en la medida que las personas pueden descansar un poco más.

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El momento crítico del cambio de este próximo fin de semana (en Europa llegará el domingo 25 de marzo) se vivirá a la 1:59, que en vez de pasar a las 2:00, saltará hasta las 3:00. De ahí que, como decíamos al comienzo, los investigadores estimen que las personas se privarán de una media de 40 minutos adicionales de sueño debido al cambio. Según explicó a Business Insider el experto en sueño Matthew Walker:

Así de frágil y susceptible es tu cuerpo a tan solo una hora de sueño perdido. Este experimento global que realizamos dos veces al año es una señal de lo sensibles que son nuestros cuerpos a los caprichos de los horarios cambiantes: en el otoño, el cambio es una bendición, y en la primavera, es una maldición fatal.

Image: Países con el cambio de hora (Wikimedia Commons)

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En realidad, el problema del cambio de hora es muy parecido a lo que ocurre con el jet lag. El ritmo circadiano depende de factores ambientales como los ciclos de noche y día, y necesita un tiempo para adaptarse si esos factores cambian demasiado rápido.

En el caso del Jet Lag, cuando volamos largas distancias el patrón de noche y día cambia. Nuestro organismo no tiene tiempo de adaptarse, y el resultado son síntomas como fatiga, problemas digestivos, alteraciones del ciclo de sueño y vigilia, apatía, irritabilidad o confusión.

Por cierto, además de esa tendencia en ataques cardíacos el día posterior al cambio de hora, los investigadores han estimado que los accidentes de automóvil en Estados Unidos causados ​​por conductores soñolientos probablemente han costado la vida a 30 personas adicionales durante el período de nueve años entre el 2002-2011. “El cerebro, a modo de lapsus de atención y micro-sueños, es tan sensible como el corazón a perturbaciones muy pequeñas del sueño”, finaliza Walker. [BusinessInsider]