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Ciencia

Un meteorito atravesó el techo de una casa en Nueva Jersey y terminó sobre una cama. En su interior había sales, aminoácidos y señales de agua líquida en un asteroide primitivo

La rápida reacción del propietario permitió conservar uno de los meteoritos de su clase en mejores condiciones jamás estudiados. Sus fragmentos contienen sales, aminoácidos y señales de antiguos fluidos que circularon por un asteroide primitivo.
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Una roca procedente del cinturón de asteroides atravesó la atmósfera terrestre, produjo un estampido sónico sobre Nueva York y acabó perforando el techo de una casa en Nueva Jersey. La escena ya era extraordinaria por sí sola. Lo verdaderamente inesperado, sin embargo, apareció cuando los científicos comenzaron a examinar los pequeños fragmentos negros que habían quedado esparcidos sobre una cama.

El meteorito, bautizado como Hillsborough por la localidad donde fue recuperado, contenía sales extremadamente frágiles, una compleja colección de moléculas orgánicas y numerosos aminoácidos. También conservaba rastros de antiguas salmueras que circularon por su asteroide de origen miles de millones de años atrás.

Según indica el estudio publicado en Science Advances, esta es la primera vez que se encuentra una evidencia química de este tipo dentro de una condrita carbonácea CM recuperada en la Tierra. El hallazgo permite reconstruir un entorno desconocido hasta ahora: una zona próxima a la superficie de un asteroide primitivo donde el agua se evaporó lentamente y dejó fluidos cada vez más concentrados en sales.

Una roca espacial atravesó el techo y terminó sobre una cama

Un meteorito atravesó el techo de una casa en Nueva Jersey y terminó sobre una cama. En su interior había sales, aminoácidos y señales de agua líquida en un asteroide primitivo
© SETI Institute.

El 16 de julio de 2024, a las 15:17 UTC, una bola de fuego cruzó a plena luz del día el cielo de Nueva York y Nueva Jersey. La roca entró en la atmósfera a unos 14,4 kilómetros por segundo, aproximadamente 52.000 kilómetros por hora, y pasó al sur de la Estatua de la Libertad antes de fragmentarse.

Unas 60 personas comunicaron el avistamiento a la American Meteor Society, mientras que al menos 16 afirmaron haber sentido la onda expansiva. Varias cámaras instaladas en Connecticut, Pensilvania y Nueva Jersey grabaron el fenómeno, lo que permitió a los investigadores reconstruir la trayectoria hacia una región interior del cinturón de asteroides.

El objeto original tenía aproximadamente el tamaño de una maleta pesada, pero su estructura era tan frágil que comenzó a romperse rápidamente. Dejó de ser visible a unos 35 kilómetros de altitud. Poco después, un radar meteorológico Doppler del aeropuerto de Newark detectó una extensa nube de fragmentos descendiendo desde Staten Island hacia Nueva Jersey.

Hillsborough se encontraba en el extremo de aquella zona de dispersión, justo donde debían caer los fragmentos de mayor tamaño. Solo se recuperó uno de ellos porque, en lugar de desaparecer entre bosques, calles o jardines, atravesó el techo de una vivienda.

El propietario escuchó un fuerte golpe y encontró un agujero en el dormitorio principal. Había polvo oscuro, restos del techo y numerosos fragmentos negros sobre la cama y la alfombra. También percibió un intenso olor parecido al azufre.

En lugar de tocar las piedras directamente o limpiarlas, utilizó guantes desechables, papel de aluminio y recipientes de vidrio. Según explica la NASA, aquella precaución evitó que la humedad, la grasa de las manos y los contaminantes terrestres destruyeran algunos de los componentes más delicados de la muestra.

Uno de los meteoritos más raros recuperados hasta ahora

Los análisis determinaron que Hillsborough es una condrita carbonácea CM1/2, una categoría intermedia entre los meteoritos CM1 y CM2. Las condritas carbonáceas son rocas muy antiguas que han cambiado relativamente poco desde la formación del sistema solar, hace más de 4.500 millones de años.

La clasificación también muestra hasta qué punto el material fue transformado por el agua dentro de su cuerpo progenitor. Los meteoritos CM2 presentan una alteración acuosa moderada, mientras que los CM1 han sido modificados mucho más intensamente. Hillsborough conserva características de ambos.

El meteorito representa apenas la vigésimo segunda caída observada de una condrita CM y la segunda de tipo CM1/2 presenciada directamente. La anterior fue el meteorito Kolang, caído en Indonesia en 2020. Nunca se ha documentado la caída de una condrita CM1 pura.

Al observar las muestras mediante microscopios electrónicos, los científicos encontraron una especie de mosaico compuesto por diminutos fragmentos de roca. Algunos presentaban concentraciones de sodio inesperadamente elevadas y pequeñas fracturas rellenas de materiales depositados por antiguos fluidos.

Los investigadores incluso identificaron sales de carbonato de sodio tan frágiles que normalmente reaccionan con la humedad atmosférica antes de poder ser estudiadas. Su supervivencia fue posible gracias a que el meteorito se recogió prácticamente de inmediato.

Antiguas salmueras ocultas bajo la superficie de un asteroide

Un meteorito atravesó el techo de una casa en Nueva Jersey y terminó sobre una cama. En su interior había sales, aminoácidos y señales de agua líquida en un asteroide primitivo
© NASA/SETI Institute.

Las sales indican que en el asteroide progenitor existió agua líquida con una elevada concentración de minerales. Aquellos fluidos circularon por grietas microscópicas, alteraron las rocas y, al evaporarse, dejaron depósitos ricos en sodio.

Hasta ahora se habían identificado procesos semejantes en las muestras recogidas directamente de Ryugu por la misión Hayabusa2 de la agencia espacial japonesa JAXA y de Bennu por OSIRIS-REx de la NASA. Hillsborough demuestra que esa química no se limitaba a esos dos asteroides y pudo estar más extendida por el sistema solar primitivo.

Los análisis orbitales señalan, además, que el meteorito podría proceder de la familia de asteroides Erigone, situada en la región interior del cinturón principal. En esa misma familia se encuentra Donaldjohanson, el asteroide visitado en 2025 por la nave Lucy de la NASA.

No significa necesariamente que Hillsborough se desprendiera de Erigone, pero la reconstrucción permite relacionar por primera vez su composición de laboratorio con una posible población concreta de asteroides. Esa combinación es especialmente valiosa: los investigadores no solo saben qué contiene la roca, sino también desde qué zona del sistema solar pudo llegar.

Aminoácidos no son vida, pero sí parte de sus ingredientes

El meteorito contenía aproximadamente un 1,8% de carbono y un 0,07% de nitrógeno, además de ácidos carboxílicos, compuestos orgánicos vinculados al magnesio y una diversidad considerable de aminoácidos.

Según explica Danny Glavin, científico del Laboratorio Analítico de Astrobiología del Centro Goddard de la NASA, la complejidad de esas moléculas fue una de las mayores sorpresas del análisis. Su variedad es comparable a la del meteorito Murchison, caído en Australia en 1969 y convertido desde entonces en una referencia para estudiar química orgánica extraterrestre.

El descubrimiento no representa una prueba de vida fuera de la Tierra. Los aminoácidos también pueden formarse mediante procesos químicos sin intervención biológica. Lo importante es que son piezas capaces de participar en sistemas mucho más complejos.

Las salmueras pudieron favorecer esas reacciones al mantener sustancias como el fosfato disueltas y facilitar el contacto entre moléculas orgánicas y minerales. Los investigadores consideran que parte de la distribución de aminoácidos observada en Hillsborough se formó dentro del propio asteroide, posiblemente ayudada por esa química acuosa.

Meteoritos semejantes pudieron bombardear la Tierra joven y aportar una parte de su inventario prebiótico: moléculas que ya existían antes de que aparecieran los primeros organismos. No trajeron necesariamente la vida, pero quizá sí algunos de los materiales con los que terminó construyéndose.

Una parte de los fragmentos de Hillsborough será conservada en el Museo Americano de Historia Natural de Nueva York. El resto continuará bajo análisis. Después de viajar durante millones de años, aquella roca encontró el lugar más improbable para aterrizar: un dormitorio donde alguien comprendió, casi de inmediato, que el polvo negro sobre la cama podía contener una historia mucho más antigua que nuestro planeta.

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