Imagen: YouTube

Mucho antes del siglo XIX, existían escrituras pre-budistas donde varios pueblos del Himalaya hablaban de una criatura simiesca de pelo largo y blanco cuyo rugido era indescriptible. Con el tiempo, estas historias sobre esa figura legendaria han terminado en un mismo nombre: Yeti.

No confundir con otras ‚Äúvariaciones‚ÄĚ como el ‚Äúabominable hombre de las nieves‚ÄĚ (o Snowman), cuyo significado surgi√≥ hace relativamente poco tiempo a ra√≠z de una mala traducci√≥n. Ocurri√≥ en la d√©cada de 1920, momento en el que el colaborador de un peri√≥dico indio (redactado en ingl√©s) entrevist√≥ a un grupo de exploradores que regresaban del Everest.

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Los exploradores hablaron de unas huellas enormes en la monta√Īa que sus gu√≠as atribuyeron a una criatura, ‚ÄúMetoh-Kangmi‚ÄĚ. Como resultado, el periodista pens√≥ que ‚ÄúAbominable Snowman‚ÄĚ sonaba muy bien en su art√≠culo. As√≠ que, aunque son nombres diferentes, se trata de la misma leyenda.

No así con Bigfoot, en este caso una bestia totalmente diferente, principalmente por su ubicación. Mientras que el Yeti pertenece a Asia, se cree que Bigfoot es originario (su leyenda) de América del Norte, específicamente del noroeste del Pacífico.

El principio del Yeti

Ilustración del Yeti de Philippe Temería. Wikimedia Commons

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Seg√ļn algunos escritos de los primeros exploradores del Nepal, en la d√©cada de 1830 exist√≠an relatos de excursionistas que aseguraban haber visto junto a sus gu√≠as a una criatura b√≠peda, alta y cubierta con largos cabellos. En aquel entonces se concluy√≥ que era un orangut√°n.

Varias d√©cadas despu√©s, a punto de comenzar el siglo XX, el explorador brit√°nico Laurence Waddell report√≥ por primera vez lo que parec√≠an ser las huellas de una extra√Īa criatura. Waddell inform√≥ sobre ello a partir de la descripci√≥n de su gu√≠a:

Parecen de una gran criatura simiesca que dejó huellas, aunque yo me incliné por unas hechas por un oso. Lo cierto es que ninguno de los muchos tibetanos que he interrogado sobre este tema podría darme un caso auténtico. En las conversaciones y entrevistas siempre se resolvía con algo que alguien escuchó hablar a otro.

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El paso de los a√Īos no hizo m√°s que aumentar el inter√©s del hombre por la enigm√°tica figura del Yeti. Daba igual que no existieran pruebas de ning√ļn tipo m√°s all√° del boca a boca, el imaginario creado en torno a la bestia era m√°s poderoso que la raz√≥n, y as√≠ comenzaron a darse una serie de expediciones con un mismo fin.

En busca del Yeti

Supuestas huellas de Yeto tomadas por Frank S. Smythe y publicadas en Popular Science en 1952. Wikimedia Commons

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A√Īo 1925, el fot√≥grafo de la Royal Geographical Society, N. A. Tombazi, escribe sobre una criatura que dice haber visto a unos 4.600 metros de altitud, muy cerca del glaciar Zemu. Posteriormente, escribi√≥ que observ√≥ a la criatura a unos 200 o 300 metros durante aproximadamente un minuto. Seg√ļn escribi√≥:

Indiscutiblemente, la figura, en líneas generales, era exactamente como un ser humano, caminando erguido y deteniéndose ocasionalmente para tirar algunos arbustos. Se veía oscuro en la nieve, y por lo que podía ver, no llevaba ropa. Más tarde, mientras descendíamos, divisamos unas huellas de la criatura de forma similar a las de un hombre. Las huellas eran indudablemente las de un bípedo.

El inter√©s occidental por el Yeti alcanz√≥ su punto m√°ximo en la d√©cada de 1950. Al intentar escalar el Monte Everest en 1951, el monta√Īista Eric Shipton tom√≥ fotograf√≠as de unas huellas enormes en la nieve, a unos 6.000 metros sobre el nivel del mar.

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La mítica fotografía de Eric Shipton. Wikimedia Commons

Las fotos fueron sometidas a un intenso escrutinio y debate. De hecho, algunos sostienen que son la mejor evidencia de la existencia del Yeti, mientras que la mayoría piensan que son las de una criatura mundana que ha sido distorsionada por la nieve que se derrite.

Sin embargo, la historia de posibles encuentros prosigui√≥ en los a√Īos posteriores. En 1953, Sir Edmund Hillary y Tenzing Norgay informaron haber visto restos mientras escalaban el Monte Everest (Hillary luego cambiar√≠a su versi√≥n a ‚Äúpoco probable‚ÄĚ).

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Eran tantas las personas de reconocido prestigio en la √©poca que afirmaban haber encontrado huellas o rastros tan extra√Īos, que el peri√≥dico Daily Mail decidi√≥ organizar una expedici√≥n que deb√≠a acabar con el mito. En 1954 se inici√≥ la denominada como: Snowman Expedition.

La expedición del Mail

Imagen: DailyMail

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La expedici√≥n dur√≥ seis meses y en ella fueron un grupo de cient√≠ficos y monta√Īeros, todo financiado por el peri√≥dico. El plan estaba claro. Encontrar a la misteriosa criatura.

El periodista del diario, Ralph Izzard, lider√≥ al equipo de investigadores, entre los que se inclu√≠a el bi√≥logo y antrop√≥logo Charles Stonor, el naturalista Gerald Russell (que ayud√≥ en la captura del primer panda vivo), el zo√≥logo indio Biswamoy Biswas, el camar√≥grafo y monta√Īero Tom Stobart y el cient√≠fico y monta√Īero John Jackson, todos ellos apoyados por 200 Sherpas.

Los científicos recorrieron el Himalaya durante seis meses y enviaron actualizaciones regulares por correo. Lamentablemente, no descubrieron un solo yeti, aunque sí encontraron y registraron varias huellas no identificables, la mayoría de las cuales se atribuyeron a la erosión y la ampliación de una huella original por el viento y las partículas.

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Uno de los investigadores de la expedici√≥n tomando muestras del ‚ÄúYeti de Pangboche‚ÄĚ. Wikimedia Commons

Los lugare√Īos ofrecieron varias reliquias por el camino, casi todo pieles de animales y huesos, e incluso el equipo tuvo acceso al famoso ‚Äúyeti del monasterio de Pangboche‚ÄĚ. El cabello del cuero cabelludo fue analizado posteriormente por el profesor Frederic Wood Jones, un experto en anatom√≠a que concluy√≥ que los pelos de la criatura de Pangboche no eran del cuero cabelludo, sino que probablemente proven√≠an del hombro de un animal con pezu√Īas de pelo √°spero.

A su regreso, el explorador Tom Stobart escribió en el diario sobre la posibilidad de que la criatura existiera:

Cuando nos fuimos, no sab√≠amos casi nada sobre el tema; ahora sabemos mucho, pero a√ļn no podemos dar m√°s que una conjetura. Debo confesar que cuando anduve por las interminables laderas rocosas de las monta√Īas, pensaba con frecuencia que la miserable criatura era un mito, pero eso no ser√≠a l√≥gico, porque no encontrar a esta criatura no significa que no est√© all√≠. En realidad, no hemos encontrado una sola prueba contra el yeti, y eso es mucho.

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Lo cierto es que este punto de vista bastante poco cient√≠fico fue compartido por el resto del equipo, incluso la aventura acab√≥ con el libro (bastante famoso, por cierto) ‚ÄúThe Abominable Snowman‚ÄĚ, de Ralph Izzard.

No atacar al Yeti (a menos que te ataque él)

Las tres normas estadounidenses para los buscadores del Yeti. National Archives Identifier 24194175

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Tras la expedición de Daily Mail surgieron muchas más. En 1957 el estadounidense Tom Slick financió algunas misiones para investigarlo, e incluso en una de ellas se encontraron supuestas heces de Yeti, aunque el análisis fecal encontró un parásito que no se pudo clasificar.

Para darle mayor misterio a esa especie de conjura no escrita que existía por darle credibilidad a lo que nadie había visto jamás, el investigador Bernard Heuvelmans analizó las heces concluyendo lo siguiente:

Dado que cada animal tiene sus propios parásitos, esto indica que el animal huésped es igualmente un animal desconocido.

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Llegados a este punto, el propio gobierno de Estados Unidos se tomó muy en serio que alguien encontrase a la bestia. En 1959 lanzó una serie de leyes regidas por tres normas a seguir para cualquier estadounidense que quisiera ir detrás de la leyenda.

Sellos dedicados a la figura del Yeti. Wikimedia Commons

En primer lugar, se necesitar√≠a un permiso de Nepal. En segundo lugar, en caso de encontrar algo, el gobierno de Nepal deber√≠a aprobar posteriormente cualquier noticia que informe sobre el descubrimiento del animal. En tercer lugar, estaba prohibido da√Īar o disparar al yeti, excepto en defensa propia. Por tanto, su b√ļsqueda deb√≠a ser cient√≠fica, nunca un deporte de caza. Al menos de cara al p√ļblico.

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Realmente todo se deb√≠a a un movimiento diplom√°tico. El gobierno de Nepal hab√≠a emitido la nota dos a√Īos antes, pero cuando Estados Unidos la tradujo al ingl√©s, estaba indicando su apoyo al gobierno soberano de Nepal. Al hacerlo, Estados Unidos esperaba que Nepal, que es vecino de China, fuera amigo y vigilara el gobierno comunista de China.

Incluso la BBC informó de pelos recogidos en la remota zona de Garo Hills, en el noreste de la India. Restos que fueron analizados en Oxford por la primatóloga Anna Nekaris y el experto en microscopía Jon Wells.

Imagen: Wikimedia Commons

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Estas pruebas iniciales no fueron concluyentes, y el experto en conservación de simios, Ian Redmond, dijo a la BBC que había similitud entre el patrón de la cutícula de estos pelos y especímenes recogidos por Edmund Hillary durante las expediciones del Himalaya en la década de 1950.

Lo cierto es que la historia del Yeti nunca tuvo un final. Como dec√≠a el editor de Nature, Henry Gee, ‚Äúlas historias de criaturas m√≠ticas y legendarias a los humanos como el Yeti se suelen fundir con granos de verdad‚ÄĚ. Aunque a todos nos encantan estas historias y la mitolog√≠a, la ciencia s√≥lo puede hablar en t√©rminos de leyendas dada la falta de pruebas concluyentes, no ya de un supuesto Yeti, de alg√ļn tipo de animal no categorizado.

En cualquier caso, recuerden, si lo ven en Estados Unidos, no es el Yeti, es el maldito Bigfoot. [Wikipedia, Himalayan Anthropology: The Indo-Tibetan Interface, Science, DailyMail, Prologue, BBC, Nature]