Imagen: Rolau Elena / Shutterstock

Cuando hablamos de Shakespeare nos solemos referir a una de las figuras más grandes de la historia de la literatura. Por increíble que parezca, resulta que varios siglos después se encontró que Shakespeare no sólo fue eterno en el sentido literario. El hombre también había desarrollado un lenguaje que eleva nuestros niveles cognitivos. En otras palabras, leerlo nos puede hacer más inteligentes.

La carrera literaria de Shakespeare se extendi√≥, m√°s o menos, durante un cuarto de siglo, entre los a√Īos 1587 y 1612. Eran tiempos donde el idioma ingl√©s estaba en plena ebullici√≥n, se encontraba en un poderoso estado de desarrollo. Para Shakespeare fue un regalo, ya que la gran fluidez que adquiri√≥ de forma temprana con el ingl√©s moderno le permiti√≥ la exploraci√≥n de todo un universo de innovaci√≥n con la lengua.

En n√ļmeros y si sumamos todas sus obras, sonetos o poemas narrativos, el dramaturgo utiliz√≥ m√°s de 17 mil palabras. De ellas, se invent√≥ aproximadamente 1.700, es decir, alrededor de un 10%. Y lo m√°s incre√≠ble de todo, esto lo hizo cambiando parte del discurso de las palabras, la adici√≥n de prefijos y sufijos, tomando prestados vocablos de otros idiomas, conectando palabras y junt√°ndolas o simplemente invent√°ndolas.

Imagen: Hamlet. Wikimedia Commons

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Muchas veces se ha dicho y posiblemente estén en lo cierto, que se trata de una mecánica similar a la que se utiliza en ocasiones en el mundo del rap o dentro del argot incluido en series como The Wire integrando lo que se denomina slang.

Estos cambios generados en la lengua por el dramaturgo son los con el tiempo se han denominado ‚Äúcambios funcionales‚ÄĚ (functional shifts). Un recurso si se quiere, donde era capaz de asignar a una palabra una funci√≥n completamente distinta de la que por norma general se manifiesta, adem√°s sin que exista modificaci√≥n alguna en la estructura de la oraci√≥n. Un ejemplo de ello, posiblemente de los m√°s utilizados por Shakespeare, era cuando hac√≠a uso de un sustantivo para convertirlo en un verbo, aunque tambi√©n recurr√≠a a cambiar un adjetivo para convertirlo en un verbo o incluso un pronombre en un sustantivo.

Es posible que alguno esté pensando que cualquiera podría inventar palabras. Desgraciadamente Shakespeare no hubo más que uno. Y es que para que se den estos cambios funcionales en el lenguaje deben coexistir tres principios básicos: la economía de energía para comprimir una formulación, la libertad creativa y quizá la importante y difícil, su cercanía con la metáfora (y en ese terreno no existió nadie como el dramaturgo).

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Reacción de nuestro cerebro leyendo a Shakespeare

Imagen: Romeo y Julieta. Fona / Shutterstock

Pasados varios siglos llegamos al a√Īo 2008, momento en el que sale a la luz la investigaci√≥n del profesor Philip Davis, de la University of Liverpool‚Äôs School of English. Un trabajo donde Davis lleva a cabo una investigaci√≥n del cerebro muy diferente a lo que se hab√≠a hecho hasta entonces. Lo normal en experimentos que tienen al cerebro como protagonista ser√≠a un enfoque que implica el estudio de defectos con el fin de mostrar lo que podemos hacer para remediarlo.

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El profesor en cambio adopta el t√©rmino functional shift para demostrar c√≥mo los ‚Äúerrores‚ÄĚ creativos de Shakespeare son capaces de modificar nuestras ‚Äúv√≠as mentales junto a una apertura de nuevas posibilidades‚ÄĚ. En particular observa que los errores sint√°cticos deliberados, aquellos que cambian la funci√≥n de una palabra, se traducen en nuestro cerebro como una excitaci√≥n m√°s que como algo confuso.

De esta forma y junto al colega y neurocient√≠fico de la misma universidad, Neil Roberts, y el psic√≥logo Guillaume Thierry, se embarcan en la investigaci√≥n para averiguar las respuestas neuronales a tales cambios en el lenguaje. Se inician una serie de experimentos de neuroling√ľ√≠stica con el fin de observar el procesamiento de oraciones en el cerebro.

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Para los experimentos se tomaron una serie de voluntarios a los que se les somet√≠a a registros EEG (electroencefalograma) y fMRI (im√°genes por resonancia magn√©tica funcional) mientras se les ense√Īaba una serie de oraciones, unas con cambios funcionales y otras normales.

Seg√ļn explic√≥ Davis, un tipo de medida de respuesta cerebral se llama N400, que es el que se produce a 400 milisegundos despu√©s de que el cerebro experimenta un pensamiento o una percepci√≥n. Esto vendr√≠a a ser lo que se considera como una respuesta normal. Sin embargo una respuesta P600 indica un pico en la actividad cerebral de 600 milisegundos despu√©s de que el cerebro experimenta un tipo muy diferente de pensamiento o percepci√≥n. En este caso el profesor describe la respuesta P600 como el ‚Äúefecto WOW‚ÄĚ, es decir, cuando el cerebro se excita y se pone en un estado de conciencia extremo.

Imagen: efectos de los cambios funcionales en el cerebro. Un. Liverpool

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Los EEG mostraron que el cerebro, una vez que se percataba de esa ‚Äúviolaci√≥n‚ÄĚ sem√°ntica, se registraba un pico, una amplitud de onda que significaba que el cerebro, ante la dificultad de integrar la misma, hac√≠a un esfuerzo extra para integrarla y darle sentido completo a la oraci√≥n.

Y s√≠, estaba ocurriendo con Shakespeare, al que el mismo Davis tild√≥ como maestro en provocar las respuestas P600. Davis hab√≠a encontrado que nuestro cerebro, en vez de rechazar estos cambios bruscos, los acepta, y como si fuera un reto, se excita ante esa ‚Äúrareza gramatical‚ÄĚ que est√° experimentando para buscar una soluci√≥n.

Imagen: Stuff Creators / Shutterstock

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En cuanto al significado, para Davis su estudio demuestra de la necesidad que tenemos del lenguaje creativo que mantenga nuestro cerebro ‚Äúvivo‚ÄĚ. El hombre se√Īala que gran parte del lenguaje actual cae en la previsibilidad. Seg√ļn explicaba:

A menudo se puede predecir lo que alguien va a decir antes de que termine la frase. Esto, de alguna forma, representa una retroceso progresivo del cerebro. Mi esperanza es que encontremos maneras de tratar enfermedades como la depresión o la demencia mediante la lectura en voz alta a los pacientes.

Con el trabajo que hemos realizado se ha demostrado que el trabajo de Shakespeare abría la posibilidad de alcanzar nuevas conexiones neurales con potencial para desarrollarse. Nuestros hallazgos comienzan a mostrar como el dramaturgo era capaz de crear efectos dramáticos al aprovechar implícitamente la relativa independencia (a nivel neural) de la semántica y la sintaxis en la comprensión de una oración. Es como si se tratara de un pianista que con una mano toca una melodía de fondo mientras con la otra mano, de manera simultánea, se presta a recorrer variaciones más complejas.

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El profesor, un apasionado de la literatura, sostiene que la mayor actividad mental en las respuestas del cerebro a sus experimentos pueden ser la raz√≥n por las que las obras de Shakespeare tienen un impacto tan dram√°tico en el p√ļblico. Quiz√° m√°s importante, hab√≠a abierto la puerta a nuevos interrogantes a trav√©s de las obras del escritor. Si el dramaturgo hab√≠a conseguido elevar nuestros niveles cognitivos, ahora queda la tarea de averiguar en qu√© parte del cerebro o bajo que divisi√≥n y relaci√≥n entre las regiones del mismo se produce.


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