Saltar al contenido
Ciencia

Con apenas 100 vacas, un ganadero transformó un río moribundo de Zimbabue en un curso de agua permanente: la ciencia todavía discute si el método funciona en cualquier lugar

El terreno estaba tan degradado que ni siquiera tenía sentido hablar de un río: apenas quedaban charcos que se secaban apenas terminaba la temporada de lluvias. Un ecologista zimbabuense apostó a que la solución no era sacar el ganado de ahí, sino todo lo contrario: concentrarlo, moverlo y manejarlo como si fuera una manada salvaje. Tres décadas después, ese mismo río corre con agua incluso en plena estación seca
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

La Reserva Dimbangombe, de 3.200 hectáreas ubicadas a unos 32 kilómetros de las Cataratas Victoria, en Zimbabue, funciona desde 1992 como el principal sitio de demostración del Centro Africano para el Manejo Holístico (ACHM), afiliado al Savory Institute, con sede en Boulder, Estados Unidos. Cuando el ecologista y ganadero zimbabuense Allan Savory adquirió la propiedad, el terreno tenía apenas unas 100 vacas, pero estaba deteriorado por las quemas frecuentes y la concentración crónica del ganado en las escasas zonas con mejores suelos.

Savory es conocido por desarrollar el concepto de manejo holístico de tierras y ganado, una teoría que sostiene que el ganado puede funcionar como herramienta activa para recuperar ecosistemas degradados, siempre que los animales se concentren y se trasladen siguiendo un plan de pastoreo diseñado específicamente para imitar el comportamiento de las grandes manadas de herbívoros salvajes africanos, como búfalos o cebras.

Concentrar el ganado en vez de dispersarlo

Rio Seco
© Valentin Walter – Unsplash

El método, conocido como pastoreo planificado, invierte la lógica tradicional: en lugar de mantener animales pastando de forma continua y dispersa sobre el mismo terreno, los concentra en un número relativamente alto durante períodos cortos, seguidos de largos períodos de descanso para que el suelo se recupere. Entre 1998 y 1999 se reintrodujeron unas 70 vacas bajo ese esquema, un número que hacia 2009 ya había superado las 300 cabezas, con la incorporación posterior de cabras en 2006 y ovejas en 2009.

La lógica detrás del método es que el pisoteo del ganado, su estiércol y los restos vegetales que deja a su paso ayudan a cubrir y enriquecer un suelo que de otro modo queda expuesto y compactado. Con más cobertura vegetal y menos tierra desnuda, el agua de lluvia se infiltra con mayor facilidad, se reduce la erosión y el suelo retiene humedad durante más tiempo.

Los números detrás de la recuperación

El monitoreo realizado en nueve sitios de la reserva registró una disminución del 31% en la superficie de suelo desnudo y un aumento del 56% en la cobertura de hojarasca y material vegetal, junto con un incremento del 12% en las plantas perennes y una reducción del 21% en las gramíneas anuales, consideradas menos deseables para la salud del pastizal. Un estudio independiente del Consejo de Investigación Agrícola de Sudáfrica, realizado entre 2010 y 2016, comparó la reserva con tierras comunales vecinas donde no se aplicaba este manejo, y encontró una condición del pastizal significativamente mejor en Dimbangombe, con una composición de pastos perennes más estable y plantas creciendo mucho más juntas entre sí.

El propio río de la reserva reflejó ese cambio: comenzó a retener agua durante más tiempo en la estación seca, incluso en años de lluvias promedio, y aumentó la cantidad de pozas permanentes a lo largo de su curso, un curso que hasta hace pocos años dependía casi por completo de la única fuente de agua permanente disponible en todo el campo.

Un método todavía en debate dentro de la ciencia de pastizales

El manejo holístico y el pastoreo planificado que promueve Savory generaron, con el paso de los años, un intenso debate dentro de la ecología de pastizales. Mientras estudios de campo como el realizado en Dimbangombe muestran resultados positivos en indicadores concretos de cobertura vegetal y retención de agua, otros investigadores plantean que la evidencia científica disponible todavía no logra confirmar de manera consistente algunas de las afirmaciones más ambiciosas asociadas al método, en particular su capacidad para revertir la desertificación o secuestrar grandes cantidades de carbono a gran escala en distintos tipos de ecosistemas.

Esa discusión no invalida los resultados puntuales documentados en sitios de demostración como Dimbangombe, pero sí explica por qué la comunidad científica sigue pidiendo estudios controlados adicionales antes de extender conclusiones generales sobre la eficacia del pastoreo planificado en climas, suelos y escalas de manejo muy distintos a los de este caso particular.

Compartir esta historia

Artículos relacionados