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Ciencia

Los astrónomos creyeron haber encontrado una supertierra a solo 16 años luz. Seis años después descubrieron que una estrella puede imitar un planeta entero

HD 26965 b parecía un mundo de unas ocho masas terrestres que completaba una órbita cada 42 días. El planeta, sin embargo, probablemente nunca estuvo allí: nuevas mediciones revelaron que la propia superficie de su estrella podía fabricar prácticamente la misma señal.
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Encontrar un planeta situado a varios años luz es bastante más extraño de lo que solemos imaginar. En muchos casos nadie ve realmente el planeta. Los astrónomos observan una estrella, detectan que parece moverse unos pocos metros por segundo hacia delante y hacia atrás y deducen que algo invisible está tirando gravitatoriamente de ella.

Ese diminuto bamboleo ha permitido descubrir cientos de mundos. También tiene un problema formidable: las propias estrellas pueden producir movimientos que se parecen muchísimo a los provocados por un planeta. HD 26965 se ha convertido en uno de los ejemplos más ilustrativos.

En 2018, el Dharma Planet Survey anunció alrededor de esta estrella, situada a unos 16 años luz, un candidato a supertierra con una masa mínima calculada de 8,47 veces la terrestre y una órbita de aproximadamente 42,38 días. Los investigadores habían reunido observaciones de diferentes instrumentos y consideraron que el comportamiento encajaba mejor con el tirón gravitatorio de un planeta que con la actividad de la estrella.

Parecía que acabábamos de añadir otro mundo relativamente cercano al catálogo. La realidad resultó bastante más incómoda.

La señal aparecía cada 42 días. Y eso era precisamente lo sospechoso

La técnica utilizada se conoce como velocidad radial. Cuando un planeta gira alrededor de una estrella, en realidad ambos orbitan alrededor de un centro de masas común. La estrella se mueve muy poco, pero ese movimiento puede detectarse gracias al efecto Doppler: su espectro se desplaza ligeramente hacia longitudes de onda más rojas cuando se aleja de nosotros y hacia el azul cuando se aproxima.

Si ese patrón se repite regularmente, puede revelar la existencia de un objeto que no somos capaces de observar directamente.

En HD 26965 había una señal periódica muy clara. Pero escondía una coincidencia problemática: los 42 días de la supuesta órbita eran prácticamente los mismos que tardaba la estrella en rotar sobre sí misma. Las estimaciones situaban su periodo de rotación aproximadamente entre 39 y 44,5 días.

Los propios trabajos de aquella época reconocían que distinguir ambas explicaciones no era sencillo. Otro análisis independiente había detectado la misma periodicidad sin poder determinar de forma concluyente si procedía de un planeta o de actividad estelar.

Eso abrió una posibilidad bastante inquietante: quizá no estábamos observando la gravedad de otro mundo. Quizá estábamos observando la estrella girando.

Una estrella no es una bombilla perfecta: tiene manchas, convección y regiones magnéticas

Los astrónomos creyeron haber encontrado una supertierra a solo 16 años luz. Seis años después descubrieron que una estrella puede imitar un planeta entero
© JPL-Caltech.

El problema está en que tendemos a imaginar una estrella como una esfera uniforme de luz. No lo es. Su superficie contiene manchas, regiones magnéticamente activas y enormes movimientos de plasma. Además, las células de convección transportan material caliente hacia la superficie y permiten que material más frío vuelva a descender.

Todos esos procesos pueden modificar ligeramente las líneas espectrales que utilizan los astrónomos para medir velocidad radial.

En 2024, Abigail Burrows y su equipo volvieron a HD 26965 utilizando NEID, un espectrógrafo diseñado precisamente para realizar mediciones Doppler de extrema precisión. En lugar de limitarse a calcular un único movimiento promedio de la estrella, estudiaron cómo respondían individualmente distintas líneas de su espectro. Y apareció la pista que faltaba.

Si un planeta estuviera moviendo físicamente toda la estrella mediante su gravedad, las diferentes líneas deberían reflejar de forma coherente ese movimiento. Sin embargo, los investigadores encontraron que la señal dependía de la profundidad de las líneas espectrales. Eso encajaba mucho mejor con procesos que estaban ocurriendo dentro de la propia atmósfera estelar.

El equipo concluyó que la señal de unos 42 días estaba dominada probablemente por actividad modulada por la rotación, causada por una combinación de manchas y por la supresión del llamado desplazamiento convectivo hacia el azul.

El planeta se había convertido, esencialmente, en un efecto especial producido por su estrella.

La supertierra desapareció, pero dejó una advertencia para la búsqueda de otra Tierra

Podría parecer simplemente otro planeta eliminado de un catálogo. En realidad, el caso tiene implicaciones bastante mayores. La próxima frontera de la astronomía consiste en encontrar mundos cada vez más pequeños y parecidos a la Tierra. Y cuanto menor es el planeta, más diminuto es el tirón gravitatorio que ejerce sobre su estrella.

Eso significa que las señales planetarias empiezan a acercarse peligrosamente al nivel de ruido generado por manchas, granulación, campos magnéticos y convección estelar.

HD 26965 resulta especialmente útil precisamente porque es una estrella relativamente tranquila y de rotación lenta. Aun así, fue capaz de producir durante años una señal lo suficientemente convincente como para ser interpretada como una supertierra.

Investigaciones posteriores del programa NEID Earth Twin Survey han seguido tratando aquella periodicidad de unos 42 días como una señal provocada por la rotación y actividad de la estrella, reforzando la interpretación obtenida en 2024. Y ahí está la parte realmente importante de haber perdido un planeta.

El mismo análisis línea por línea que permitió desmontar HD 26965 b puede aplicarse a otras estrellas para separar mejor sus movimientos internos del tirón gravitatorio de mundos auténticos. Los investigadores consideran que estas técnicas pueden ayudar a afrontar uno de los mayores obstáculos de las futuras búsquedas mediante velocidad radial.

Porque encontrar otra Tierra requerirá instrumentos extraordinariamente precisos. Pero también algo posiblemente más difícil: aprender cuándo una estrella está moviéndose porque tiene un planeta a su alrededor y cuándo simplemente está haciendo un trabajo extraordinario fingiendo que lo tiene.

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