Saltar al contenido
Ciencia

Creían que el suelo antártico era el último rincón a salvo del plástico: encontraron nanopartículas capaces de colarse en el torrente sanguíneo humano en uno de los lugares más vírgenes del planeta

Los Valles Secos de McMurdo parecen no tener nada: ni hielo, ni vida visible, ni un solo rastro de civilización a la vista. Es, literalmente, uno de los desiertos más aislados de la Tierra. Y sin embargo, cuando un equipo de científicos aplicó una técnica de análisis nunca antes usada ahí, encontró algo que no debería estar presente en un lugar tan remoto: plástico, y del más pequeño y peligroso que existe
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

Un equipo internacional liderado por la Universidad de Lancaster detectó nanoplásticos, partículas de menos de un micrómetro de diámetro, en los suelos de los Valles Secos de McMurdo, una región excepcionalmente aislada y libre de hielo de la Antártida. El hallazgo, publicado en la revista Nature Scientific Reports, marca la primera detección confirmada de este tipo de partículas en suelo continental antártico.

Durante muestreos realizados en enero de 2023, el equipo identificó seis tipos distintos de plástico en los suelos de la zona: polipropileno, polietileno, tereftalato de polietileno (PET), poliestireno, cloruro de polivinilo y partículas de desgaste de neumáticos. De los 13 sitios de muestreo analizados en la capa superficial del suelo, el 54% arrojó concentraciones de nanoplásticos por encima del umbral de detección, con una concentración media de 26,6 nanogramos por gramo y un pico máximo de 295 nanogramos por gramo. En la mitad de los sitios también se hallaron nanoplásticos en capas más profundas del suelo, aunque en concentraciones menores.

Por qué recién ahora se pudieron detectar

El hallazgo fue posible gracias a una técnica analítica de desarrollo reciente: la espectrometría de masas por desorción térmica y reacción de transferencia de protones, capaz de detectar partículas de plástico de entre 20 nanómetros y un micrómetro, un rango que los estudios convencionales sobre contaminación plástica suelen pasar por alto. Aunque ya existía evidencia de microplásticos y plásticos de mayor tamaño en los mares antárticos, su presencia específica en el suelo continental estaba, hasta ahora, muy poco estudiada.

La diferencia entre micro y nanoplásticos, y por qué importa

Los microplásticos, de 5 milímetros o menos, suelen acumularse principalmente en el tracto digestivo humano cuando se ingieren. Los nanoplásticos, en cambio, son lo bastante pequeños como para atravesar barreras biológicas mucho más profundas: pueden penetrar en el torrente sanguíneo y llegar a colarse dentro de células individuales. Una investigación publicada en 2024 ya había advertido que la ingestión estimada de estas partículas se multiplicó por seis desde 1990 a nivel global, con mayor incidencia en zonas densamente pobladas de Estados Unidos, China, ciertas regiones de Oriente Medio, el norte de África y Escandinavia.

Cómo llegó el plástico hasta uno de los lugares más aislados del planeta

Los científicos todavía no lograron determinar con precisión cómo llegaron estas partículas hasta un lugar tan remoto. Manejan dos hipótesis principales: que el plástico haya viajado largas distancias arrastrado por corrientes atmosféricas, o que provenga de la erosión de residuos plásticos de mayor tamaño presentes en zonas marinas a lo largo de la costa antártica. No se descarta tampoco cierta influencia local de las propias instalaciones de investigación científica instaladas en el continente.

Crispin Halsall, profesor de la Universidad de Lancaster y coautor del estudio, señaló que estos resultados generan preocupación sobre el alcance verdaderamente global de la contaminación plástica, y remarcó que todavía no está claro si las partículas ultrafinas llegaron por transporte atmosférico directo desde lugares distantes, o por el desgaste progresivo de plásticos más grandes ya presentes en el propio litoral antártico.

Un riesgo mayor para especies que no pueden adaptarse rápido

Nhu Phan, autora principal del estudio, quien realizó la investigación como doctoranda en la Universidad de Lancaster, remarcó que esta evidencia demuestra que ni siquiera los suelos de uno de los entornos más prístinos del planeta están exentos de la contaminación plástica, y que urge estudiar en profundidad cómo se transportan y qué impacto ecológico tienen estos materiales en las regiones polares.

Los ecosistemas polares podrían resultar particularmente vulnerables frente a esta amenaza: los invertebrados antárticos suelen tener metabolismos más lentos, tasas de crecimiento reducidas y una capacidad de desintoxicación limitada, características que en conjunto disminuyen su capacidad de adaptación frente a este tipo de presión química nueva.

Compartir esta historia

Artículos relacionados