Esta es la expresión de pavor de una foca que ha estado a punto de convertirse en merienda de orca. Consiguió escapar del grupo que le daba caza subiéndose al barco de unos turistas y acurrucándose aterrorizada entre los motores. Aunque sepas que hay final feliz, la secuencia mantiene la tensión hasta el final.

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Kirk Fraser fotografiaba orcas junto a su familia en la Columbia Brit√°nica cuando el ejemplar de foca com√ļn dio un salto desesperado hasta la cubierta de su lancha. Uno de los turistas propuso empujarla al agua, pero otro se neg√≥: ‚Äúeso ser√≠a interferir con la vida salvaje, este chico merece vivir‚ÄĚ.

La foca volv√≠a al mar, se daba cuenta de que era una idea terrible y sub√≠a de nuevo al barco. ‚ÄúQu√©date ah√≠, ¬Ņvale? Deja de saltar‚ÄĚ, le dijo un hombre.

Al menos tres ballenas asesinas bordeaban la lancha. Expulsaban el aire, amenazantes, y no le quitaban ojo a la foca.

La tensi√≥n iba en aumento. ‚Äú¬°Vienen a por el barco!‚ÄĚ, grit√≥ alguien.

Las orcas estuvieron muy cerca de atrapar a la foca.

Pero no lo consiguieron. El mamífero se fue por donde había venido.

Y sobrevivi√≥. ‚ÄúAs√≠ se hace, muchacho‚ÄĚ.

Las orcas transe√ļntes del norte del Pac√≠fico basan su dieta casi exclusivamente en mam√≠feros marinos. La foca com√ļn es su plato favorito.

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Cuando salen a cazar, se coordinan en grupos y atacan entre varios individuos. Persiguen y muerden repetidas veces a sus presas hasta que estas acaban extenuadas o han perdido demasiada sangre. Son silenciosas para evitar alertar a los mam√≠feros, que tienen buen o√≠do. Y son tan inteligentes que aprenden, por ejemplo, a vararse deliberadamente en la playa para enga√Īar a las focas.

Sin embargo, esta foca en concreto fue más inteligente que las orcas. Además era su día de suerte: no siempre hay una lancha a la que subirse. [Kirk Fraser]

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