Impresión artística de cuatro saurópodos macronarianos. Wikimedia Commons

La mayor√≠a conoce al famoso T. Rex (Tyrannosaurus rex) que Spielberg encumbr√≥ en Jurassic Park, pero hay muchos m√°s. Cuando se trata de hablar de esas estrellas de la Era Mesozoica tenemos nombres para todos los gustos pero, ¬Ņde d√≥nde vienes esos nombres ic√≥nicos? Esta es la historia.

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Si nos remontamos al principio de los primeros d√≠as de la paleontolog√≠a, con a√Īadir a saurus en un prefijo griego o lat√≠n era suficiente. De hecho, el primer dinosaurio en ser nombrado formalmente fue el Megalosaurus en el a√Īo 1824. Es verdad que tras este lleg√≥ el Iguanodon en 1825, pero podemos decir que durante el siglo XIX la mayor parte fueron variaciones del saurus.

¬ŅPor qu√©? La parte griega o del lat√≠n se usaba generalmente para resaltar rasgos esenciales de los animales antiguos. Esto ha dado lugar a incoherencias a la hora de definir rasgos, sobre todo al comienzo, cuando se ten√≠an pocos datos sobre los dinosaurios. Los nombres de algunas de estas criaturas fueron traducidos de forma p√©sima precisamente por ello.

Un ejemplo de ello lo tenemos con el Allosaurus, qui√©n a pesar de ser todo un depredador del jur√°sico y ‚Äúel animal‚ÄĚ por excelencia de las pel√≠culas de dinosaurios como The Valley of Gwangi, su significado viene a ser ‚Äúlagarto diferente‚ÄĚ. Y es que en su momento s√≥lo hab√≠a un primer esp√©cimen, de ah√≠ nombre.

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El método para nombrar a un dinosaurio

Dos Centrosaurus apertus trabados en combate. Wikimedia Commons

En cualquier caso sí que existe un método para nombrar a las criaturas. Mientras que los dinosaurios individuales pueden obtener nombres de mascotas memorables, sus títulos científicos oficiales siguen las mismas reglas que cualquier otro animal. Primero está el nombre del género -como Brontosaurus- seguido por el nombre de la especie, que en este caso sería excelsus.

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También se da el caso en el que los paleontólogos encuentran una nueva especie de un género existente, por ejemplo el Velociraptor mongoliensis, quién fue nombrado en 1924, pero en el 2008 los expertos describieron una segunda especie que denominaron como Velociraptor osmolskae.

Ocurre que para muchos investigadores nombrar una de estas bestias antiguas es un asunto bastante serio. Seg√ļn explica Lindsay Zanno, del Museo de Ciencias Naturales de Carolina del Norte:

Para mí, elegir un nombre para una nueva especie de dinosaurio siempre ha sido una tarea pesada.

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No sólo los nombres necesarios para la comunicación científica. Los dinosaurios, al igual que los planetas, son estrellas de la cultura cultura pop, estrellas tan importantes que nombrar una nueva especie es todo un evento. Como dice Zanno:

Si se elige con sabiduría, un nombre puede convertirse en un vector para conectar la naturaleza y la humanidad a través de la cultura compartida, para inspirar curiosidad o despertar a una especie muerta en nuestra imaginación colectiva.

B. excelsus sumergido en el agua y un Diplodocus arrastrando su cola. Wikimedia Commons

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Como nos podemos imaginar, no todo es seriedad en el maravilloso mundo de nombrar a los dinosaurios. Hay de todo, incluyendo un peque√Īo espacio para las bromas con nombres oficiales como el Coronosaurus. Por otra parte, tradicionalmente los nombres de los dinosaurios se utilizan para honrar a personas o culturas cercanas al lugar donde fueron encontrados.

Desde los a√Īos 80, los huesos del dinosaurio que encontraron en el r√≠o Colville de Alaska fueron categorizados como Edmontosaurus, un herb√≠voro com√ļn y bastante conocido del Cret√°cico. Pero el a√Īo pasado el paleont√≥logo Hirotsugu Mori y sus colegas anunciaron que estos huesos pertenec√≠an a una especie desconocida anteriormente, a la cual posteriormente nombraron Ugrunaaluk kuukpikensis.

E. annectens. Wikimedia Commons

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El nombre completo, que se traduce como ‚Äúel antiguo gigante del r√≠o Colville‚ÄĚ, se deriv√≥ de la lengua I√Īupiaq de Alaska en lugar del griego o lat√≠n. De hecho, los investigadores piensan que los ind√≠genas de Alaska sab√≠an que los huesos eran de reptiles herb√≠voros antes de que los cient√≠ficos descubrieran los f√≥siles.

Luego pasaron los a√Īos y se implant√≥ una ‚Äúmoda‚ÄĚ que a√ļn sigue vigente. La de mirar a la mitolog√≠a para nombrar a los dinosaurios. Seg√ļn explica Zanno:

Es una manera de vincular la ciencia con la imaginaci√≥n, dos caras que a menudo no reconocemos son parte del mismo todo. Nos ocurri√≥ con el oviraptorosaurio. Era obvio que el nombre deb√≠a destacar al menos su tama√Īo gigante, pero tambi√©n quer√≠amos que transportara al p√ļblico a un tiempo perdido durante mucho tiempo, cuando nuestro planeta se parec√≠a a otro mundo casi inimaginable. Por eso escogimos Hagryphus giganteus, una combinaci√≥n del dios egipcio Ha del desierto occidental y la bestia del p√°jaro m√≠tico.

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Dicen los investigadores que debemos esperar muchos más nombres. De hecho, estamos en un época dorada de descubrimientos de fósiles, una donde los paleontólogos están nombrando una nueva especie de dinosaurio a un promedio de una vez cada dos semanas.

Y lo mejor de todo es que si las expectativas no les fallan, solamente estamos en el principio de todo. [Smithsonian]