Imagen: superscheeli 

Podr√≠a parecer una pregunta sencilla, pero hay 30.000 personas debati√©ndolo en Twitter y no logran ponerse de acuerdo. En una encuesta, el 52% vot√≥ que son verdes y el 42% dijo que son amarillas. El 6% que falta sostiene que son de otro color. ¬ŅCu√°l es la respuesta correcta? ¬ŅDe qu√© color son las pelotas de tenis?

La periodista Marina Koren investig√≥ el tema para The Atlantic y no tard√≥ en encontrar un veredicto oficial. Seg√ļn la Federaci√≥n Internacional de Tenis, las pelotas que se usan en los principales eventos deportivos son de color amarillo.

No siempre lo fueron. Hasta la llegada de la televisión a color eran blancas o negras, pero un estudio mostró que el amarillo las hacía más visibles para los telespectadores. Las pelotas amarillas fueron aprobadas oficialmente en 1972. Desde entonces, la normativa exige que sean blancas o amarillas. Torneos como Wimbledon siguieron optando por las pelotas blancas hasta bien entrados los 80, pero las de color amarillo fluorescente acabaron imponiéndose.

Los principales fabricantes de la industria confirmaron a Koren que sus pelotas son amarillas. Marcas como Penn, Wilson, Dunlop, Gamma Sports y Slazenger respondieron con nombres como ‚Äúamarillo √≥ptico‚ÄĚ, corroborando que ese 52% de personas que piensan que son verdes est√°n equivocadas.

Pero ¬Ņpor qu√© tanta gente las ve verdes? La respuesta no es sencilla y tiene que ver con nuestra percepci√≥n de los colores. En otras palabras, estamos ante un caso muy similar al fen√≥meno The Dress o a esta famosa ilusi√≥n √≥ptica:

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Se la conoce como ‚Äúel tablero de ajedrez de Adelson‚ÄĚ y fue creada por un profesor del MIT en 1995. Los cuadrados A y B, aunque no lo parezcan, son del mismo color. Puedes comprobarlo t√ļ mismo con Photoshop, o confiar en esta otra imagen que une ambos cuadrados con un rect√°ngulo del mismo gris:

Percibimos dos colores diferentes por culpa de la sombra que proyecta el cilindro. Nuestro cerebro se confunde al intentar diferenciar entre la luz que proviene de cada cuadrado (su luminancia) y la ausencia de luz que provoca la sombra. De paso, B est√° rodeado de cuadrados m√°s oscuros, por lo que parece m√°s claro de lo que realmente es. Lo mismo ocurre con A, pero a la inversa.

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En el caso de las pelotas de tenis, tambi√©n entra en juego el factor cultural. Un investigador del Instituto Nacional del Ojo explic√≥ Marina Koren que ‚Äúel color de muchos objetos viene determinado tanto por factores perceptuales como cognitivos‚ÄĚ, es decir, la luz f√≠sica que llega al ojo y el conocimiento previo que tenemos sobre el objeto.

Si cre√≠as que las pelotas de tenis eran verdes, lo m√°s probable es que las vieras verdes. Especialmente cuando una sombra o el contraste con la pista pueda hacer que se vea verde. No pensar√≠as lo mismo sobre los pl√°tanos, aunque tengan la misma tonalidad, porque desde peque√Īo te ense√Īaron que los pl√°tanos son amarillos. Quiz√° alguien que no haya visto nunca un pl√°tano dir√≠a que son verdes (o que son verdes y amarillos).

La percepci√≥n que hace nuestro cerebro del color es, en definitiva, una cuesti√≥n subjetiva. No podr√≠a ser de otra forma, los colores no existen. Pero al menos todos podemos estar de acuerdo en una cosa: los raros son los que votaron que la pelota no es ni amarilla, ni verde. ¬ŅQu√© demonios les pasa?

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[The Atlantic]