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Ciencia

Delfines, marsopas y albatros mueren en redes y anzuelos en Sudamérica. Una de las soluciones más eficaces es un palo con cintas de colores

En Perú, un mástil de eucalipto con cintas rojas redujo un 96% los intentos de las aves por llegar al cebo. Para los delfines, la respuesta es más difícil
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Un albatros de Chatham nace en una sola cueva de una pequeña isla de Nueva Zelanda. Para alimentarse, cruza más de 7.000 kilómetros de océano Pacífico en apenas una o dos semanas hasta las costas de Perú y Chile, ricas en peces y calamares. Allí lo espera un peligro que no tiene nada de natural: miles de anzuelos con carnada lanzados desde barcos pesqueros.

El fenómeno tiene nombre técnico: captura incidental. Son los animales que mueren en artes de pesca diseñadas para otras especies. Y en las costas de Sudamérica afecta a aves, delfines y marsopas que, en varios casos, ya están amenazados.

Albatros atrapados en el palangre

Albatros De Chatham
© Agami Photo Agency – Shutterstock

Según científicos peruanos y neozelandeses que estudian el problema, al menos 21 especies de albatros, petreles y pardelas coinciden con las pesquerías artesanales de palangre en Perú. Entre ellas está el albatros de Galápagos, en peligro crítico, que se reproduce en una sola isla de Ecuador.

El palangre es una línea larga con cientos de anzuelos y carnada. Las aves se lanzan sobre el cebo cuando se arroja al agua, se enganchan, se enredan o lo tragan, y terminan ahogándose. Cada barco captura entre cero y dos aves por viaje, según Jeffrey Mangel, director científico de la organización Pro Delphinus. El problema es la escala: la flota artesanal peruana es enorme. Carlos Zavalaga, de la Universidad Científica del Sur, estima que las muertes llegan a cientos, y posiblemente a miles, solo en Perú.

Un palo de eucalipto contra la extinción

La solución más prometedora es sorprendentemente simple. Se trata de una línea espantapájaros: un mástil de eucalipto de unos siete metros instalado en la popa, del que cuelga una cuerda con cintas rojas y tiras iridiscentes que se mueven sobre el agua. Las aves se asustan y no se acercan a la zona donde caen los anzuelos.

Según Javier Quiñones, biólogo marino del Instituto del Mar del Perú, este sistema, fabricado con materiales locales y muy barato, redujo un 96% los intentos de las aves de lanzarse sobre los aparejos en la pesquería de tiburón. También se prueban líneas con peso que hunden los anzuelos más rápido, fuera del alcance de las aves, con dispositivos aportados por el Departamento de Conservación de Nueva Zelanda.

Ese mismo organismo colocó este año 20 transmisores satelitales en albatros de Chatham para medir cuánto tiempo pasan cerca de los barcos. La idea es que las recomendaciones a los pescadores se basen en datos y no en suposiciones.

Las marsopas de Salaverry

Marsopa
© By Paula Olson, NOAA – http://www.fisheries.noaa.gov/pr/species/mammals/porpoises/vaquita.html, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=30588080

Más al norte, frente a Puerto Salaverry, en la región peruana de La Libertad, el problema afecta a la marsopa espinosa, un pequeño cetáceo costero poco conocido. Según un estudio sobre esa población, alrededor del 25% de la población local murió en 2022 y 2023 atrapada en las redes de enmalle de la pesca artesanal. Para una especie que se reproduce lentamente, una pérdida así es muy difícil de recuperar.

Los delfines del lago de Maracaibo

En Venezuela, el lago de Maracaibo es el hogar del delfín de Guyana, o delfín costero. De acuerdo con el Proyecto Sotalia, más de 200 ejemplares mueren cada año, en buena parte atrapados en redes de enmalle nocturnas mientras persiguen peces y camarones. A eso se suma la caza ilegal para obtener su carne, la contaminación por derrames de petróleo y las aguas residuales.

Una investigación publicada en Frontiers in Marine Science ya había advertido que en un solo puerto artesanal se capturan de forma intencional al menos 15 delfines por año, una cifra que sus autores consideraban subestimada.

La advertencia de la vaquita

Para los cetáceos no existe una solución tan sencilla como el palo con cintas. Las redes de enmalle son casi invisibles bajo el agua, y los dispositivos acústicos que alejan a los animales tienen resultados variables. La alternativa suele pasar por cambiar de arte de pesca o cerrar zonas, medidas que afectan directamente el sustento de los pescadores.

El caso que todos quieren evitar es el de la vaquita marina, en el norte del golfo de California, en México. Esa pequeña marsopa quedó reducida a apenas un puñado de ejemplares por la captura incidental en redes de enmalle. Es la prueba de que, cuando las soluciones llegan tarde, ya no alcanza con buenas intenciones.

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