Una de las constantes de las novelas de Canción de Hielo y Fuego y la serie Juego de Tronos es que algo raro pasa con las estaciones. El invierno y el verano no son regulares como en nuestro planeta. Un nuevo estudio de la Universidad de Bristol juega (con bastante acierto) a adivinar el modelo climático de Westeros.

El estudio no deja de ser un puro ejercicio de ficción y de sana diversión científica. No en vano el documento está firmado por un tal Samwell Tarly, y adscrito a la sospechosa publicación Philosophical Transactions of the Royal Society of King’s Landing. Para rematar se ha publicado en inglés, dothraki y alto valyrio.

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Extracto del modelo climático en dothraki. Imagen: Universidad de Bristol

Incluso con el humor, se trata de una ficción muy didáctica que intenta basarse lo máximo posible en la ciencia que conocemos. El investigador comienza descartando las teorías de fans que hablan de inviernos producidos por factores internos como partículas arrojadas a la atmósfera por volcanes por una sencilla razón. En la obra de Martin hay numerosas referencias a que los días invernales son más cortos, y eso supone necesariamente cambios en el movimiento orbital del planeta.

La Tierra, por poner el ejemplo que conocemos, tiene estaciones debido al ángulo de inclinación de su eje de rotación respecto al plano de su órbita y respecto al Sol. La tierra gira sobre si misma torcida, por decirlo de manera burda, y eso hace que durante unos meses del año, el hemisferio norte quede más apartado del Sol, y por tanto reciba su luz de manera más indirecta. Son los meses de invierno. En la otra mitad del año sucede exactamente lo contrario. El hemisferio norte está orientado hacia el Sol y eso hace que la luz sea más directa y las temperaturas suban. Llega el verano. En el hemisferio sur sucede exactamente al revés, por eso sus estaciones están invertidas. Cuando en un lado es invierno, en el otro es verano.

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Ese mecanismo cósmico es muy regular. El invierno llega puntualmente en la misma época del año, pero en el mundo de Juego de Tronos no ocurre así. El invierno tarda años en llegar y no lo hace siempre igual. A veces tarda más y otras menos.

La clave, según el estudio, es un movimiento pendular circular del ángulo de rotación del planeta en 10 grados. En otras palabras, que el ángulo de rotación del planeta de juego de tronos varía en 10 grados describiendo un círculo completo que se corresponde con cada rotación de un año. De esta manera, el hemisferio norte queda atascado en la misma orientación siempre. El modelo resultante, durante el verano, es un mundo cálido en todo el planeta salvo una pequeña porción helada en el hemisferio norte. Cuando el movimiento pensular cambia, la porción helada aumenta de manera extrema y llega el invierno, que dura los mismos años que el verano.

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El propio estudio reconoce que su modelo climático tiene un problema, y es que un movimiento pendular en el eje de rotación no es algo que cambie así como así. Hace falta una perturbación gravitatoria notable en términos astronómicos, y encima es una perturbación que tampoco llega de manera regular. El investigador apunta algunas hipótesis como el famoso cometa imaginado por George RR Martin o la magia de los siete.

El estudio aprovecha para apuntar que el mundo de Juego de Tronos está sufriendo un calentamiento global de 2.1 grados Celsius provocado por la liberación excesiva de gases de efecto invernadero. El investigador recomienda limitar el uso de dragones en conflictos bélicos y reforestar las extensiones de bosque perdidas durante la construcción de las fuerzas navales de ambos bandos. Aparte de hacernos pasar un buen rato, el documento es una excelente muestra de hasta qué punto los modelos climáticos son importantes para estudiar el pasado y el futuro de nuestro propio planeta. [Universidad de Bristol vía Ars Technica]