Imaginá perder una parte de tu cuerpo y que, unas semanas después, vuelva a crecer hasta recuperar exactamente su tamaño original. Aunque para los humanos parece ciencia ficción, algunos animales poseen esta extraordinaria capacidad.
Es el caso del pez cebra (Danio rerio), un pequeño animal de agua dulce que puede regenerar sus aletas después de sufrir una lesión.
Ahora, investigadores de la Universidad de Duke, el Instituto Morgridge y la Universidad de Wisconsin-Madison descubrieron cómo sus células coordinan el crecimiento para evitar que la aleta regenerada termine siendo demasiado grande o demasiado pequeña.
El estudio, publicado en octubre de 2026 en Nature Physics, identificó un mecanismo que permite controlar cuánto tejido debe reconstruirse.
La sorprendente capacidad del pez cebra para regenerar sus aletas
La aleta caudal del pez cebra está formada por aproximadamente 16 a 18 radios óseos, separados por tejidos blandos.
Cuando el animal pierde una parte de su aleta, cada uno de estos radios comienza a regenerarse de manera independiente. Lo sorprendente es que aquellos que sufrieron una amputación mayor crecen más rápido que los que perdieron menos tejido.
De esta manera, todas las estructuras pueden recuperar aproximadamente su longitud original en un período similar.
Durante años, los científicos conocían varias proteínas involucradas en este proceso, pero desconocían cómo las células determinaban cuándo debían detenerse.
La proteína ERK funciona como una regla biológica
El equipo descubrió que una proteína llamada ERK desempeña un papel fundamental en la regeneración. Esta proteína participa en la comunicación celular y ayuda a regular procesos como la división y el crecimiento.
Después de una amputación, las células ubicadas cerca de la herida comienzan a producir señales que estimulan la recuperación.
Entre ellas se encuentra el factor de crecimiento de fibroblastos, conocido como FGF, que contribuye a activar ERK.
Los investigadores observaron que la actividad de ERK era mayor en el extremo de los radios en crecimiento y disminuía progresivamente hacia la zona de la amputación. Este patrón, denominado gradiente, cambia a medida que la aleta se regenera.
Según los científicos, funciona como una especie de regla que permite coordinar cuánto tejido se ha recuperado y cuánto resta por reconstruir.
Cómo observaron miles de células durante la regeneración
Para comprender el mecanismo, los investigadores utilizaron peces cebra modificados genéticamente cuyas células emitían señales fluorescentes bajo el microscopio.
Esto permitió observar miles de células durante aproximadamente dos semanas.
Los científicos retiraron porciones de aleta de entre 0,7 y 4 milímetros y registraron cómo evolucionaba cada radio. Descubrieron que la división celular explicaba aproximadamente el 83% del alargamiento de las estructuras óseas.
Además, comprobaron que las células con mayor actividad de ERK tenían más probabilidades de multiplicarse.
Cuando bloquearon esta proteína, tanto la división celular como el crecimiento de los radios se detuvieron.
Qué significa este descubrimiento para la medicina humana
Los investigadores también estudiaron peces mutantes cuyas aletas crecen más de lo normal.
En estos animales, la señal de ERK disminuía más lentamente, lo que podría explicar por qué desarrollaban estructuras excesivamente largas.
Los resultados sugieren que parte de la información que controla el tamaño del tejido se establece durante los primeros días posteriores a la lesión. Este descubrimiento podría ayudar a comprender mejor los mecanismos necesarios para desarrollar futuras terapias regenerativas.
Sin embargo, los investigadores todavía no saben cómo las células determinan inicialmente cuánto tejido se perdió.
Tampoco significa que el mecanismo pueda utilizarse directamente para regenerar extremidades humanas. El hallazgo revela que la regeneración no consiste únicamente en producir nuevas células: también requiere un sistema capaz de controlar con precisión cuándo y cuánto debe crecer cada estructura.