Saltar al contenido
Ciencia

Por qué los niños se chupan el dedo y a qué edad deberían dejar de hacerlo, según los especialistas

Chuparse el dedo es uno de los hábitos más comunes durante la infancia y puede comenzar incluso antes del nacimiento. Aunque generalmente desaparece de manera natural, los especialistas advierten que mantenerlo durante demasiado tiempo podría afectar el desarrollo de los dientes y la mandíbula.
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

Ver a un bebé chupándose el pulgar es una imagen completamente habitual. Este comportamiento, que puede comenzar incluso dentro del vientre materno, cumple una función importante durante los primeros años de vida: proporcionar tranquilidad, seguridad y consuelo.

Sin embargo, a medida que los niños crecen, muchos padres comienzan a preguntarse cuándo deberían intervenir para ayudarles a abandonar esta costumbre.

Los especialistas explican que chuparse el dedo forma parte del desarrollo infantil, aunque su persistencia puede tener consecuencias sobre la salud bucodental.

Por qué los bebés sienten la necesidad de chuparse el dedo

El origen de este comportamiento se encuentra en el reflejo de succión, una respuesta automática presente desde el nacimiento.

Este mecanismo permite que los recién nacidos puedan alimentarse mediante la lactancia y suele disminuir progresivamente durante los primeros meses.

Pero la succión también cumple una función emocional. Cuando un bebé se chupa el dedo, puede experimentar sensaciones de seguridad y bienestar asociadas con la alimentación y el contacto con sus cuidadores.

Por eso, muchos niños recurren a este gesto cuando tienen sueño, están cansados, sienten ansiedad o necesitan tranquilizarse.

Además, durante los primeros meses de vida, los bebés utilizan la boca como una herramienta fundamental para explorar su entorno.

A qué edad deberían dejar de chuparse el dedo

En la mayoría de los casos, el hábito desaparece espontáneamente entre los dos y los cuatro años.

A medida que desarrollan nuevas habilidades emocionales y sociales, los niños encuentran otras maneras de calmarse y afrontar situaciones incómodas.

Sin embargo, algunos continúan chupándose el pulgar durante más tiempo. La Academia Americana de Odontología Pediátrica recomienda prestar atención a estos hábitos desde edades tempranas y favorecer su abandono alrededor de los tres años.

Esto se debe a que la succión prolongada, especialmente cuando es frecuente e intensa, puede modificar progresivamente la posición de los dientes.

Por qué los niños se chupan el dedo y a qué edad deberían dejar de hacerlo, según los especialistas
© Dobromir Dobrev – Pexels

Qué problemas puede provocar si el hábito continúa

Cuando un niño mantiene la succión digital durante varios años, la presión constante del dedo puede afectar el crecimiento de las estructuras bucales.

Entre las posibles consecuencias se encuentran alteraciones en la mordida, desplazamiento de los dientes anteriores y cambios en el desarrollo del paladar. Una de las alteraciones más frecuentes es la mordida abierta anterior, que ocurre cuando los dientes superiores e inferiores no llegan a contactar correctamente al cerrar la boca.

El riesgo depende de la frecuencia, intensidad y duración del hábito.

No obstante, muchos cambios pueden mejorar espontáneamente si el niño deja de chuparse el dedo a tiempo.

Cómo ayudar a un niño a abandonar esta costumbre

Los especialistas recomiendan evitar castigos, amenazas o comentarios que generen vergüenza.

La presión excesiva puede aumentar la ansiedad y reforzar la necesidad de recurrir al hábito. En cambio, resulta más efectivo identificar cuándo aparece y ofrecer alternativas de consuelo.

Los abrazos, los cuentos antes de dormir, los juguetes preferidos y las rutinas tranquilas pueden ayudar a reducir la necesidad de succión.

También es recomendable felicitar al niño cuando consigue pasar determinados momentos sin chuparse el dedo, utilizando estrategias de refuerzo positivo.

Cuándo conviene consultar con un especialista

Si el hábito continúa después de los tres o cuatro años, aparece alguna modificación en la mordida o resulta especialmente difícil abandonarlo, conviene consultar con un odontopediatra.

El profesional podrá evaluar el desarrollo dental y determinar si es necesario intervenir. En algunos casos pueden utilizarse recordatorios o dispositivos específicos, siempre bajo supervisión profesional.

La clave consiste en comprender que chuparse el dedo es una conducta natural durante la infancia. Acompañar al niño con paciencia y sin presiones suele ser la mejor estrategia para ayudarlo a dejarla progresivamente.

 

 

Fuente: Xataka.

Compartir esta historia

Artículos relacionados