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La rata topo desnuda (Heterocephalus glaber) es uno de los mamíferos más raros que hay, y no solo por su aspecto. Vive en colonias subterráneas organizadas como una colmena, apenas sufre de cáncer, y sobrevive 18 minutos sin aire. A esta sorprendente lista de habilidades se suma una nueva: no envejecen.

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La bióloga Rochelle Buffenstein lleva cerca de 30 años estudiando ratas topo desnudas en laboratorio. En ese tiempo ha recopilado miles de datos extraños sobre su proceso de envejecimiento. Un ratón común, por ejemplo, vive alrededor de 4 años. Por su tamaño y si lo comparamos con otras especies de roedores, la rata topo desnuda debería vivir alrededor de 6. La mayor parte de ejemplares con los que Buffenstein ha trabajado superan los 15, y unos pocos se acercan a los 30.

Lo raro no es la edad que alcanzan (puede que simplemente sea una especie longeva), sino las condiciones físicas en las que lo hacen. Después de estudiar 3.300 ejemplares, la bióloga ha constatado que el organismo de estos animales no se deteriora al mismo ritmo que el del resto de los mamíferos.

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La probabilidad de morir en mamíferos se ajusta bastante bien a la ley de Mortalidad de Gompertz-Makeham. En esencia, ese modelo establece algo que por otra parte resulta bastante lógico: cuánto más envejecemos, más posibilidades tenemos de enfermar y morir. En los seres humanos, por poner un ejemplo que nos es bastante cercano, el riesgo de mortalidad se duplica cada 8 años que cumplimos por encima de los 30.

La rata topo se ríe de las ecuaciones y de Gompertz-Makeham. Cuando nace, este roedor africano tiene alrededor de una posibilidad entre 10.000 de morir. 30 años después, su riesgo de mortalidad apenas ha decaído levemente. Las hembras de rata topo desnuda alcanzan la fertilidad a los 6 años, pero siguen manteniendo el mismo nivel de fertilidad 15 años después.

Lo que aún no sabemos es por qué ocurre esto. Se cree que tiene que ver con el hecho de que el organismo de la rata topo desnuda es especialmente eficiente reparando el daño que sufre su ADN. Sus células, por ejemplo tienen muchas más proteínas chaperonas que las de otros mamíferos. La función de estas proteínas es precisamente ayudar a otras proteínas a plegarse correctamente para evitar mutaciones que puedan devenir en enfermedades como el cáncer.

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Los resultados del estudio de Buffenstein son intrigantes, pero aún distan mucho de ser definitivos. Van a hacer falta muchos años de estudio a nivel celular y genético para averiguar cuál es exactamente el secreto que hace a este pequeño y original roedor tan resistente a la enfermedad y la muerte. De momento, los datos servirán para entender mejor cómo (y por qué) envejecemos. Quizá ese conocimiento nos ayude a ralentizar mejor el proceso. [vía ScienceMag]