¿Existe algún lugar capaz de resistir una catástrofe que afecte simultáneamente a buena parte del planeta? La respuesta de la ciencia es poco tranquilizadora: ningún país sería inmune. Sin embargo, algunas regiones cuentan con características que podrían permitirles mantener mejor su población, infraestructura y producción de alimentos frente a una crisis extrema.
Una investigación publicada en 2026 en la revista Global Challenges revisó estudios sobre diferentes riesgos capaces de afectar a más del 10 % de la población mundial. Entre los países analizados, Australia fue el que apareció con mayor frecuencia como relativamente resistente frente al conjunto más amplio de escenarios.
Qué tipo de catástrofes analizaron los investigadores
El estudio agrupó las amenazas en tres grandes categorías. La primera incluye acontecimientos capaces de reducir bruscamente la luz solar, como una guerra nuclear a gran escala, el impacto de un asteroide o determinadas erupciones volcánicas.
La segunda contempla pérdidas masivas de infraestructura, por ejemplo debido a grandes ciberataques, tormentas geomagnéticas o pulsos electromagnéticos. La tercera reúne amenazas biológicas de alcance global, como pandemias especialmente graves.
La investigación no pretende determinar dónde alguien podría esconderse durante unos días, sino analizar qué sociedades tendrían mayores posibilidades de seguir funcionando durante meses o años si las cadenas de suministro internacionales, la producción de alimentos o las comunicaciones sufrieran alteraciones profundas.

Por qué Australia aparece especialmente bien posicionada
Australia reúne varias características favorables. Una de ellas es su aislamiento geográfico, que podría ayudar a controlar fronteras durante ciertas amenazas biológicas y reducir algunos efectos directos de crisis originadas en otras regiones.
También posee una gran capacidad de producción de alimentos, diferentes zonas agrícolas, recursos energéticos y una base industrial considerable.
Los investigadores destacan además factores que no dependen exclusivamente de la geografía: la calidad de las instituciones, una menor desigualdad, la cohesión social y la descentralización de infraestructuras pueden aumentar la capacidad de una sociedad para adaptarse cuando fallan sistemas esenciales.
Otros países, entre ellos Nueva Zelanda, también aparecen repetidamente entre los territorios con características favorables. Estudios anteriores sobre escenarios de invierno nuclear habían señalado además a Islandia y algunas naciones insulares del Pacífico como posibles refugios relativamente resistentes.

Ni siquiera Australia podría sobrevivir de forma completamente aislada
La principal conclusión del trabajo, sin embargo, contradice la idea de que exista un refugio perfecto.
Incluso Australia continúa dependiendo del comercio internacional para obtener determinados combustibles, medicamentos, fertilizantes y productos industriales, por lo que una interrupción prolongada del comercio mundial también tendría consecuencias graves.
Además, cada amenaza produce problemas distintos. Un país preparado para mantener alimentos durante un invierno nuclear podría ser vulnerable a una pandemia, una gran falla tecnológica o un desastre climático.
Por eso, los autores resumen su investigación con una idea clara: no existe realmente un lugar donde esconderse.
Más que señalar un destino al que trasladarse ante una hipotética catástrofe, el estudio busca identificar qué características hacen que una sociedad sea más resistente. Garantizar alimentos, energía e infraestructura descentralizada, mantener instituciones funcionales y reducir la dependencia de cadenas de suministro frágiles puede resultar mucho más importante que simplemente encontrarse lejos del origen de una crisis.