Nadie imaginaba que aquel rectángulo perfecto de mármol escondía algo más que agua. Durante medio siglo, la piscina romana de Bahçeli fue interpretada como un depósito monumental construido para abastecer a la antigua ciudad de Tyana.
Pero la campaña arqueológica del año 2025 ha reescrito su historia. Bajo la luz del sol de Anatolia, símbolos serpenteantes, estructuras rituales y una inscripción imperial devolvieron al lugar su verdadera identidad: un santuario de sanación perdido.
Un altar olvidado y un dios de la medicina

Todo empezó con un hallazgo que parecía un simple fragmento decorativo: un altar de mármol adornado con dos serpientes entrelazadas. Para cualquier ciudadano romano habría sido obvio; para los arqueólogos, fue la clave, explica National Geographic.
Ese símbolo pertenecía a Asclepio, el dios griego —y romano— de la medicina. Y no era un elemento aislado. A su alrededor surgieron más piezas escultóricas con la misma iconografía y restos arquitectónicos que encajaban mejor con un complejo cultual que con un depósito hidráulico. Bahçeli dejaba de ser un estanque. Pasaba a ser un recinto de purificación.
Los peregrinos del mundo grecorromano viajaban a los Asclepeia para bañarse en aguas consideradas sagradas, participar en rituales nocturnos y, con suerte, recibir durante el sueño una visión del dios que señalara el camino hacia la curación. Todo apunta a que aquí ocurrió exactamente lo mismo.
Tyana, una ciudad entre dos imperios

El hallazgo también reescribe la propia historia de Tyana, un enclave crucial entre la Anatolia interior y las rutas hacia el Mediterráneo. Bajo el dominio romano alcanzó un estatus privilegiado y, según revelan nuevas inscripciones encontradas junto a la piscina, contó con el apoyo directo de emperadores como Marco Aurelio y Cómodo.
Esta inscripción, fechada entre los años 177 y 180 d.C., sugiere que la construcción del santuario no solo fue significativa para la comunidad local: tenía respaldo imperial. La medicina, la religión y la política se entrelazaban en este espacio con una naturalidad típica del mundo antiguo.
Cómo funcionaba un santuario para sanar
El tamaño de esta piscina —65 metros de largo por 22,5 de ancho— ya indicaba un propósito mayor que el almacenamiento de agua. Su revestimiento de mármol pulido actuaba como un escenario ritual. A un lado del complejo se identificó una estructura que probablemente albergó salas de reposo, espacios para la incubatio, el sueño ritual donde se esperaba la visita sanadora de Asclepio.
En lugares como Epidauro o Pérgamo, los enfermos pasaban allí la noche entera. Después, interpretaban los sueños como prescripciones médicas. Bahçeli, ahora lo sabemos, formaba parte de esa misma tradición.
Un pasado que vuelve a respirar
Las excavaciones del año 2025 son las primeras en profundidad desde mediados del siglo XX. Con el apoyo del Ministerio de Cultura de Turquía, el equipo de la Universidad de Aksaray ha restaurado parte del complejo y se prepara para abrirlo al público. En 2026 seguirán destapando estructuras aún ocultas bajo la tierra.
Lo fascinante no es solo el hallazgo, sino lo que revela: a veces, las historias que creíamos resueltas solo estaban dormidas bajo el agua. Y basta un altar con dos serpientes para despertar siglos de silencio.