Saltar al contenido
Ciencia

Durante décadas imaginamos la Vía Láctea como un enorme disco con los bordes doblados. Más de 30.000 nubes acaban de revelar algo mucho más caótico: nuestra galaxia también está cubierta de arrugas gigantes que podrían guardar las cicatrices de su pasado

Ya sabíamos que el disco de la Vía Láctea está deformado. Ahora, un enorme mapa de gas molecular ha descubierto ondulaciones de cientos de años luz superpuestas a esa curvatura, como si nuestra galaxia todavía estuviera temblando por acontecimientos ocurridos hace mucho tiempo.
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

Tenemos un pequeño problema para averiguar qué aspecto tiene realmente la Vía Láctea: vivimos dentro de ella. No podemos alejarnos unos cuantos millones de años luz, girarnos y fotografiar nuestra galaxia completa como hacemos con Andrómeda. Los astrónomos tienen que reconstruir su forma midiendo estrellas, polvo y gas desde nuestra posición incrustada en uno de sus brazos.

Gracias a ese trabajo sabemos desde hace décadas que la Vía Láctea no es un disco perfectamente plano. Sus regiones exteriores están alabeadas, elevándose por un lado y descendiendo por otro.

Pero un equipo del Observatorio de la Montaña Púrpura de la Academia China de Ciencias acaba de encontrar una segunda deformación escondida debajo de esa primera. Tras estudiar más de 30.000 nubes moleculares, ha descubierto que el disco exterior también presenta enormes ondulaciones verticales.

En otras palabras: la Vía Láctea no solo está doblada. También está arrugada.

Primero tuvieron que quitar del mapa la gran curva de la Vía Láctea

Durante décadas imaginamos la Vía Láctea como un enorme disco con los bordes doblados. Más de 30.000 nubes acaban de revelar algo mucho más caótico: nuestra galaxia también está cubierta de arrugas gigantes que podrían guardar las cicatrices de su pasado
© Xinlun Cheng.

El trabajo, publicado en Nature Astronomy, utilizó datos del proyecto Milky Way Imaging Scroll Painting (MWISP), un enorme sondeo que cartografía el gas molecular de nuestra galaxia mediante emisiones de monóxido de carbono. El CO funciona aquí como una especie de marcador que permite seguir grandes concentraciones de gas frío difíciles de observar directamente.

El problema era separar dos fenómenos. La gran deformación general del disco es tan dominante que puede ocultar irregularidades menores. Los investigadores construyeron por ello un modelo del warp, la gran curvatura galáctica, y lo restaron de las posiciones observadas de las nubes.

Lo que quedó fue cualquier cosa menos una superficie lisa. Aparecieron regiones enteras de gas situadas alternativamente por encima y por debajo del plano esperado de la galaxia, formando patrones coherentes semejantes a ondas. No eran pequeñas irregularidades locales: las corrugaciones aparecen distribuidas por amplias regiones del disco molecular exterior.

Algunas de esas “arrugas” desplazan el gas más de 600 años luz

Durante décadas imaginamos la Vía Láctea como un enorme disco con los bordes doblados. Más de 30.000 nubes acaban de revelar algo mucho más caótico: nuestra galaxia también está cubierta de arrugas gigantes que podrían guardar las cicatrices de su pasado
© Heidi Newberg.

Llamarlas arrugas puede hacerlas parecer pequeñas. A escala humana son prácticamente inimaginables. Las ondulaciones presentan amplitudes verticales características de entre 100 y 200 pársecs, aproximadamente 326 y 650 años luz. Sus longitudes de onda radiales alcanzan entre 3,9 y 7,9 kilopársecs, es decir, aproximadamente entre 12.700 y 25.800 años luz.

El equipo encontró además algo todavía más descomunal. A unos 12,7 kilopársecs del centro de la galaxia aparece una corrugación coherente que se mantiene a lo largo de aproximadamente 40 kilopársecs, unos 130.000 años luz siguiendo su extensión alrededor del disco.

La imagen que emerge se parece cada vez menos al clásico disco espiral perfectamente ordenado de las ilustraciones. Nuestra galaxia tiene brazos, una barra central, un disco deformado y, superpuestas sobre todo ello, ondas gigantescas que hacen subir y bajar el material galáctico.

Las arrugas podrían ser cicatrices de algo que golpeó la galaxia hace mucho tiempo

Y aquí el descubrimiento deja de ser simplemente una cuestión de geometría.

Las corrugaciones verticales pueden actuar como una especie de registro fósil de la dinámica de una galaxia. Una perturbación gravitatoria puede hacer que un disco galáctico oscile, generando ondas que se propaguen por estrellas y gas mucho después del acontecimiento que las produjo. El estudio señala precisamente estas estructuras como posibles huellas de eventos dinámicos pasados, aunque todavía no identifica un único responsable.

Podrían estar relacionadas con perturbaciones externas, ondas de flexión del disco u otros procesos gravitatorios. Estudios anteriores ya habían encontrado ondulaciones utilizando estrellas jóvenes; ahora el gas molecular muestra que este comportamiento es una característica extendida del disco exterior, no una rareza limitada a unas pocas regiones.

Eso convierte las 30.000 nubes en algo parecido a pequeños marcadores colocados sobre una sábana gigantesca. Al observar dónde suben y dónde bajan, los científicos están descubriendo que la Vía Láctea aún conserva deformaciones capaces de contar parte de lo que le ocurrió en el pasado.

Desde dentro vemos simplemente una franja blanca atravesando el cielo nocturno. Vista en tres dimensiones, nuestra casa galáctica resulta bastante menos tranquila: un disco gigantesco, doblado, ondulado y lleno de cicatrices que todavía estamos aprendiendo a leer.

Compartir esta historia

Artículos relacionados