Saltar al contenido
Ciencia

Han detectado un resplandor que no debería existir. Así podrían haber encontrado por fin la esquiva materia oscura del universo

Durante décadas, los físicos la buscaron sin éxito. Ahora, un tenue resplandor de rayos gamma en el corazón de la galaxia ha reavivado la esperanza. Un equipo internacional cree que ese brillo podría ser el eco de partículas de materia oscura chocando y aniquilándose entre sí. Si se confirma, estaríamos ante el hallazgo más importante desde el bosón de Higgs.
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

En el corazón de la Vía Láctea, allí donde la luz de las estrellas apenas logra atravesar el polvo cósmico, un resplandor anómalo ha encendido las alarmas de los astrofísicos. No procede de una supernova, ni de un agujero negro, ni de ninguna fuente conocida. Su firma es extraña: rayos gamma de alta energía, invisibles al ojo humano, pero detectables por el telescopio espacial Fermi.

El hallazgo podría cambiarlo todo. Ese brillo difuso podría ser —por primera vez— la huella indirecta de la materia oscura, el componente invisible que representa el 85 % del universo y que, sin embargo, nunca ha sido observado directamente. Una materia que no emite, no refleja ni bloquea la luz, pero cuya gravedad moldea galaxias enteras.

La sombra que mantiene unido el cosmos

La idea de la materia oscura no es nueva. Surgió hace casi un siglo, cuando los astrónomos notaron que las galaxias giraban demasiado rápido para la cantidad de materia visible que contenían. Algo invisible debía estar manteniéndolas unidas. Desde entonces, los científicos han perseguido esa masa fantasma por todos los medios posibles, sin lograr capturarla.

El nuevo estudio, publicado en Physical Review Letters, vuelve a situarla en el centro del escenario. Según sus autores, encabezados por el astrofísico Joseph Silk (Universidad Johns Hopkins y Universidad de la Sorbona), el resplandor observado por el Fermi podría deberse a colisiones de partículas de materia oscura que se aniquilan mutuamente, liberando energía en forma de rayos gamma.

“Comprender la naturaleza de la materia oscura es uno de los mayores desafíos de la física moderna”, explica Silk. “Nuestro nuevo resultado clave es que los datos se ajustan a las predicciones de la materia oscura al menos tan bien como a la hipótesis rival de las estrellas de neutrones”.

Dos hipótesis enfrentadas

El exceso de rayos gamma detectado cubre una región de unos 7.000 años luz alrededor del centro galáctico, a unos 26.000 años luz de la Tierra. Durante años, los investigadores han barajado dos explicaciones posibles. Una apunta a un enjambre de púlsares de milisegundos —estrellas de neutrones que giran cientos de veces por segundo—, invisibles hasta ahora pero capaces de emitir rayos gamma.

La otra, más audaz, propone que se trata del rastro energético de partículas de materia oscura colisionando entre sí.

El nuevo análisis, que combina simulaciones por ordenador y observaciones reales, sugiere que ambas hipótesis encajan en los datos con similar precisión.
Pero el patrón del resplandor —difuso, simétrico y persistente— encaja ligeramente mejor con el modelo de la materia oscura.

“Las colisiones de partículas oscuras producirían exactamente este tipo de señal”, afirma Moorits Mihkel Muru, coautor del estudio y astrofísico de la Universidad de Tartu.

El próximo experimento decisivo

Por ahora, ninguna prueba es definitiva. Pero los científicos tienen una carta más fuerte en juego: el Observatorio de Telescopios Cherenkov, una instalación en construcción en Chile que, cuando entre en funcionamiento en 2026, será el detector de rayos gamma más potente del mundo.

Este observatorio podrá distinguir entre los rayos gamma generados por púlsares y los producidos por partículas de materia oscura. Si la señal observada proviene de estas últimas, se confirmaría uno de los descubrimientos más esperados de la cosmología.

“La materia oscura no emite ni bloquea la luz —recuerda Muru—, por eso solo podemos rastrearla por su efecto gravitacional. Pero si realmente hemos visto su rastro en rayos gamma, sería la primera prueba indirecta de su existencia física”.

El tejido invisible del universo

Comprender la materia oscura no solo resolvería un misterio: reescribiría la historia del cosmos. La teoría actual sostiene que la Vía Láctea, y todas las galaxias, se formaron alrededor de enormes cúmulos de materia oscura, cuya gravedad atrajo el gas que más tarde formó las estrellas. Sin esa masa invisible, el universo se habría dispersado antes de nacer.

Silk lo resume así: “La materia ordinaria se enfría y cae hacia el centro de las galaxias, arrastrando consigo parte de la materia oscura. Es el andamio invisible sobre el que se construyó todo lo que vemos”.

Una luz en el vacío

Tal vez ese resplandor que no debería existir sea el eco del origen mismo del universo. Quizás, entre las sombras que envuelven la Vía Láctea, acabemos encontrando la respuesta a una pregunta que nos persigue desde el principio: ¿de qué está hecho realmente el cosmos?

Si la hipótesis se confirma, esa tenue luz no será solo una observación astronómica, sino el primer destello visible de lo invisible, el punto donde la ciencia empieza a tocar los bordes del misterio.

Compartir esta historia

Artículos relacionados