Un niño de tres años comienza a hablar de un portaaviones de la Segunda Guerra Mundial que nunca conoció. Otro, de apenas cuatro, observa una fotografía antigua de Hollywood y asegura reconocer a una persona como si fuera él mismo. Son dos de los testimonios que investigadores estadounidenses han estudiado durante décadas en busca de explicaciones.
Ahora, un equipo de la Universidad de Virginia analizó 1.678 casos de niños que afirmaban recordar vidas pasadas y encontró un patrón relacionado con la forma en que murieron las personas con las que supuestamente se identificaban.
El trabajo, publicado en la revista científica Psychology of Consciousness: Theory, Research, and Practice, no demuestra que exista la reencarnación. Sin embargo, sus autores sostienen que encontraron una relación estadística que merece nuevas investigaciones.
Miles de niños dijeron recordar vidas anteriores y la universidad comenzó a investigar sus historias

La División de Estudios Perceptivos de la Universidad de Virginia recopila estos testimonios desde la década de 1960, cuando el psiquiatra Ian Stevenson comenzó a estudiar relatos de niños que parecían describir acontecimientos de personas fallecidas.
Uno de los casos más conocidos es el de James Leininger, un niño estadounidense que relató pesadillas relacionadas con un accidente aéreo durante la Segunda Guerra Mundial. Según los investigadores, mencionó el portaaviones Natoma Bay y otros detalles que posteriormente fueron vinculados con la vida del piloto James Huston Jr., fallecido en 1945. Otro caso es el de Ryan Hammons, quien aseguró reconocerse en una fotografía del Hollywood de los años treinta. Su historia terminó relacionándose con Marty Martyn, un antiguo agente cinematográfico.
Estos relatos son controvertidos y no constituyen pruebas de reencarnación. Sin embargo, forman parte de un archivo que permitió realizar un análisis estadístico más amplio.
Encontraron una relación inesperada entre la muerte y el supuesto renacimiento
El equipo, encabezado por la investigadora Saeedeh Sadeghi, examinó 1.678 casos en los que se había identificado una posible correspondencia entre los testimonios infantiles y una persona fallecida. En 1.319 existían datos suficientes para calcular el tiempo transcurrido entre aquella muerte y el nacimiento del niño.
La mediana del intervalo fue de 16 meses, pero las cifras cambiaban según las circunstancias del fallecimiento. Cuando la muerte había sido completamente inesperada, el intervalo mediano era de aproximadamente 12 meses. En cambio, cuando el fallecimiento había resultado previsible, alcanzaba los 21 meses. Según explicó la Universidad de Virginia en su comunicado oficial, esa diferencia representa una reducción aproximada del 43%.

Los investigadores también analizaron factores culturales, creencias religiosas y posibles conexiones entre las familias. La asociación persistió en esos análisis y resultó incluso más marcada entre familias cuyas religiones no aceptaban la reencarnación.
¿Encontraron pruebas de que existe la reencarnación? La respuesta científica es mucho más compleja
Aunque el resultado parece sorprendente, sus limitaciones son importantes. El estudio es observacional y se basa en testimonios recopilados durante décadas. Por tanto, no puede establecer una relación causal entre el fallecimiento de una persona y el nacimiento posterior de un niño. Además, la asociación estadística es relativamente débil: las circunstancias inesperadas de la muerte explican apenas una pequeña proporción de las diferencias observadas entre los intervalos.
También existen posibles sesgos. Los relatos pueden estar condicionados por información conocida previamente, recuerdos reconstruidos o la selección retrospectiva de personas fallecidas cuyas biografías coincidan parcialmente con lo narrado. Como señala el análisis publicado en ScienceAlert, encontrar un patrón en estos registros no significa haber demostrado que los recuerdos procedan de vidas anteriores.
Los propios investigadores reconocen que todavía desconocen qué mecanismos podrían explicar esa relación. La principal conclusión es mucho más limitada que la posibilidad de una vida después de la muerte: los datos históricos muestran una asociación que sus modelos no consiguieron explicar completamente. Y esa es la verdadera incógnita que deja el estudio: por qué, dentro de esta colección de testimonios, las muertes inesperadas aparecen relacionadas con intervalos más cortos, incluso cuando no existe evidencia científica sólida de que la reencarnación sea real.