Una madre introduce cuidadosamente un palo en un hormiguero. Después acerca a su pequeña cría hasta el lugar y deja que sea ella quien retire la herramienta y coma los insectos adheridos. En otra grabación, un chimpancé joven golpea repetidamente un fruto de baobab contra una piedra mientras una cría observa. Poco después, esta intenta repetir el procedimiento.
Las escenas fueron captadas por cámaras automáticas en la Reserva Natural Comunitaria de Dindefelo, en Senegal, y pueden parecer simplemente otro ejemplo de imitación entre primates. Sin embargo, un equipo de la Universidad de Barcelona y el Instituto Jane Goodall España sostiene que muestran algo bastante más complejo: chimpancés enseñando a otros chimpancés cómo utilizar tecnología para conseguir comida.
El trabajo, publicado en Frontiers in Psychology, analizó casi 15 horas de grabaciones obtenidas entre 2017 y 2025. Y la diferencia entre observar a otro individuo y recibir realmente una lección está en un detalle importante: enseñar tiene un coste para quien enseña.
En comportamiento animal, no basta con parecer un profesor

Los investigadores trabajan con una definición bastante estricta de enseñanza. El individuo experimentado debe modificar su comportamiento delante de alguien menos capacitado, hacerlo con un coste o sin obtener un beneficio inmediato y conseguir que esa acción aumente las posibilidades de aprendizaje del otro.
El equipo registró 33 transferencias de herramientas y cuatro de frutos de baobab. Los palos servían para pescar algas, introducirlos en colonias de hormigas legionarias o extraer termitas. Los frutos, por su parte, son golpeados contra piedras o madera utilizadas como yunques hasta abrir su dura cubierta.
El patrón apareció al comparar los 30 segundos anteriores y posteriores a cada transferencia. Tras entregar una herramienta, sus poseedores originales dedicaban significativamente menos tiempo a utilizarlas y realizaban menos inserciones. Para ellos había un coste.
Con los receptores ocurría exactamente lo contrario: usaban herramientas durante más tiempo, realizaban más intentos y conseguían alimento con mayor frecuencia después de recibirlas. Es precisamente esa combinación la que permite a los autores considerar la transferencia una forma de enseñanza.
Eso no significa que los chimpancés organicen una «clase» como lo haría una persona. La mayoría de las transferencias comenzaron cuando el individuo joven intentó coger el utensilio y el otro lo permitió. Solo se registró una entrega iniciada activamente por quien tenía la herramienta.
Una madre hizo algo todavía más llamativo
Uno de los vídeos fue grabado en 2018. Una hembra llamada Soukki introdujo una herramienta en una colonia de hormigas y después llevó a su hija Saïsaï hasta el palo preparado. La cría lo extrajo y pudo comer los insectos que había atrapado.
La segunda escena llegó en 2021. Una hembra llamada Féré recogió varios frutos de baobab mientras su cría Fotti estaba cerca. Un macho juvenil tomó uno de ellos, comenzó a golpearlo contra una superficie rocosa y llegó incluso a guiar brevemente la mano del pequeño hacia el lugar. Fotti observó y después comenzó a golpear por sí mismo hasta conseguirlo.
Las madres aparecen como protagonistas recurrentes. Aproximadamente el 30% de las transferencias se produjo entre madres y sus crías, y la mayoría de quienes poseían inicialmente las herramientas eran adultos, especialmente hembras. Los bebés constituían, en cambio, el grupo más numeroso entre quienes las recibían.
La tecnología tampoco empezó con nosotros

Los chimpancés no son los únicos animales capaces de aprender socialmente, ni este es el primer trabajo que encuentra indicios de enseñanza fuera de nuestra especie. Lo interesante de Dindefelo es que el comportamiento aparece ligado a habilidades tecnológicas que pueden ser difíciles de descubrir individualmente y que cambian entre comunidades.
De hecho, algunas técnicas observadas allí (como la pesca de algas y golpear frutos de baobab) están documentadas solo en determinadas poblaciones de chimpancés de África occidental. Los investigadores creen que mecanismos como observar, practicar y recibir herramientas pueden contribuir a que estas tradiciones sobrevivan entre generaciones.
Quedan preguntas importantes: si las técnicas más complicadas requieren más enseñanza, si quienes recibieron más ayuda terminan enseñando mejor o hasta qué punto este comportamiento cambia entre comunidades. Pero las cámaras de Senegal ya han captado algo extraordinariamente familiar: un individuo sabe hacer algo, otro todavía no y el primero cambia lo que está haciendo para ayudarle a aprenderlo.
Millones de años después de separarnos evolutivamente, parece que los chimpancés también tienen algo parecido a un maestro.