La relación entre Estados Unidos y TSMC es de amor y odio. El país norteamericano depende del fabricante taiwanés para que Apple, NVIDIA o AMD sigan liderando el mercado, pero al mismo tiempo su origen extranjero despierta recelos políticos. Entre amenazas de aranceles y tensiones geopolíticas, TSMC responde con la única defensa que nunca falla en la industria de los semiconductores: ir siempre un paso por delante con la tecnología más avanzada.
Un socio indispensable, pero incómodo
TSMC produce aproximadamente el 60% de los circuitos integrados del mundo. Para empresas estadounidenses como Qualcomm, Broadcom o Apple, su capacidad de fabricación en nodos avanzados resulta esencial. Intel, aunque es local, no logra competir al mismo nivel en volumen ni en eficiencia, lo que convierte a TSMC en insustituible.

Trump y el discurso del regreso industrial
El expresidente Donald Trump ha señalado directamente a Taiwán y, en particular, a TSMC como ejemplo de deslocalización que debe revertirse. Ha prometido aranceles a los chips extranjeros y critica las ayudas públicas al gigante asiático. Para Washington, la paradoja es clara: no puede prescindir de TSMC, pero tampoco quiere depender de ella.
La estrategia defensiva de TSMC
Para evitar quedar atrapada en la tormenta geopolítica, TSMC ha diseñado una doble estrategia:
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Diversificación geográfica: abre plantas en Estados Unidos para proteger su negocio en caso de conflicto en el estrecho de Taiwán.
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Liderazgo tecnológico: su próximo gran movimiento será la planta Fab 25 en Tainan, que fabricará chips de 1 nm a gran escala en 2030, con seis líneas de producción y obleas de 12 pulgadas.
Por presión de EEUU, la taiwanesa TSMC suspendió la producción de sus chips mas avanzados en sus plantas de China. Se trata de los chips de 7 nanómetros de ato rendimiento y todo indica que es una represalia por la provisión de tecnología hacia Rusia y las amenazas de sanciones pic.twitter.com/0qLFKe7lnj
— Nacho Montes de Oca (@nachomdeo) November 9, 2024
La mejor defensa: estar en la cima
La lógica de TSMC es sencilla: mientras sea capaz de ofrecer la tecnología más avanzada del planeta, seguirá siendo indispensable para sus clientes —y, por extensión, para EEUU—, sin importar cuántas tensiones políticas haya de por medio. El futuro de la guerra tecnológica no se libra solo con discursos, sino con silicio de 1 nanómetro.
Fuente: Xataka.