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Ciencia

Egipto guardó en secreto durante 3.300 años la identidad de sus funcionarios más poderosos: tres tumbas recién abiertas en Saqqara acaban de revelarla

Ningún imperio se sostiene solo con la figura del rey. Detrás de los faraones existía una red de gobernadores, comerciantes y comandantes que hacía funcionar el Estado egipcio, y hasta ahora esa red había permanecido casi anónima. Tres tumbas recién descubiertas en la necrópolis de Saqqara acaban de ponerle nombre, cargo y hasta árbol genealógico a tres de esos hombres
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Saqqara sirvió durante más de tres milenios como cementerio de Menfis, la antigua capital de Egipto, y sigue devolviendo hallazgos capaces de reescribir capítulos enteros de la historia egipcia. Según describe el propio Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto, el sitio funciona como un auténtico museo al aire libre, con enterramientos que van desde las primeras dos dinastías hasta la pirámide escalonada de Dyeser, considerada la primera gran construcción de piedra de la historia.

Dentro de ese inmenso complejo se encuentra el Bubasteion, una zona conocida inicialmente por sus enterramientos de gatos consagrados a la diosa Bastet. Las excavaciones de las últimas décadas demostraron que el lugar también sirvió como cementerio para altos funcionarios del Imperio Nuevo, sobre todo durante la dinastía XVIII. Ahí apareció ahora el último hallazgo: tres tumbas excavadas en roca, con inscripciones y escenas funerarias que permiten reconstruir la vida de sus dueños.

Mentuhotep, el funcionario que combinó el poder civil y militar

Aperel
Pintura en las paredes de la tumba de Aperel, en Saqqara © By Unknown author – http://www.hypogees.org/pages/francais/tombes2.htm, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=34795041

La primera tumba perteneció a un hombre llamado Mentuhotep. Sus paredes conservan escenas talladas con portadores de ofrendas, episodios de caza y una representación del propio funcionario sentado junto a su madre, Iahhotep, una imagen que en el arte funerario egipcio transmitía prestigio y posición social.

Los títulos inscritos en los muros son igual de reveladores. Mentuhotep fue príncipe hereditario, alcalde, seguidor del rey, administrador, supervisor de territorios extranjeros y comandante de las tropas de la ciudad de Jebesit, una combinación de responsabilidades civiles y militares que muestra hasta qué punto algunos funcionarios concentraban el poder. El pozo funerario bajo esta tumba todavía no terminó de excavarse, y las próximas campañas podrían aportar más datos sobre su familia.

Pareemwaya, el mercader que dejó un árbol genealógico completo

La segunda tumba perteneció a Pareemwaya, también conocido como Samut, Gran Comerciante de la Casa de Ptah, uno de los templos más importantes de Menfis. El cargo puede sonar religioso, pero los grandes templos egipcios administraban tierras, talleres y almacenes, y controlar parte de esos recursos equivalía a ocupar una posición de enorme influencia económica.

Lo excepcional es que la tumba conserva prácticamente un árbol genealógico completo: su esposa Tui, identificada como Señora de la Casa, su madre Atbiu, cantora del dios Amón, y sus cuatro hijos. Para los egiptólogos, encontrar tanta información familiar reunida en un mismo monumento es una oportunidad extraordinaria para estudiar cómo se organizaban y transmitían el prestigio las familias de la élite del Imperio Nuevo.

Nahsi y la conexión con Siria

Gato Momificado
Gato momificado encontrado en Saqqara, en exposición en el Museo Louvre © By Greudin – Own work, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=314895

La tercera tumba, bastante deteriorada, perteneció a un personaje llamado Nahsi, identificado como supervisor de la casa, junto a su esposa Neferuptah. La pieza más valiosa apareció en un fragmento de columna decorada con jeroglíficos: el texto menciona el regreso de un comandante egipcio desde Naharin, una región situada en el norte de la actual Siria.

Ese dato, aparentemente administrativo, confirma la intensa política exterior que Egipto desarrolló durante la dinastía XVIII, con campañas militares y control de territorios en el Próximo Oriente. También ayuda a fechar la tumba con mayor precisión y confirma que varios de estos funcionarios participaron en la expansión egipcia fuera del valle del Nilo.

Qué queda por descubrir bajo la arena

Las autoridades egipcias explicaron que el hallazgo forma parte de un proyecto científico que investiga el Bubasteion en profundidad y que las excavaciones continuarán tanto en los pozos funerarios ya identificados como en zonas todavía inexploradas del sitio.

El valor de estas tres tumbas va más allá de los objetos y las inscripciones. Permiten poner nombre, cargo y familia a personas que sostuvieron durante generaciones el funcionamiento de uno de los estados más poderosos del mundo antiguo, mucho más allá de la figura del faraón.

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